EL ACCIDENTE NUCLEAR SECRETO DE LA URSS QUE PRESAGIÓ LA CATÁSTROFE DE CHERNOBYL NO FUE HECHO PÚBLICO HASTA 20 AÑOS DESPUÉS

En 1956, una explosión en una planta nuclear situada en plenos Urales acabó con la vida de centenares de personas, pero no se dio a conocer hasta dos décadas más tarde

Por, Rubén Rodríguez-El Confidencial

El 26 de abril de 1986, una explosión en la central soviética de Chernobyl se convertía en el mayor accidente nuclear de todos los tiempos, algo a lo que el ser humano nunca se había enfrentado… ¿o sí? Aunque la opinión internacional lo desconocía, la URSS ya había tenido dentro de su territorio un fantasma similar -aunque a menor escala- solo unos años antes: una desconocida explosión que no se dio a conocer hasta dos décadas después de producirse.

Sucedió el 29 de septiembre de 1957, en una planta secreta de la URSS encargada del reprocesamiento del combustible nuclear. Su nombre clave era Mayak y estaba situada en Kyshtym, en los Montes Urales, a más de 2.000 kilómetros de distancia de Moscú. Era un día normal, domingo concretamente, cuando de repente se escuchó una explosión que reventó buena parte de los cristales del interior de la central. ¿Qué es lo que había pasado?

Sencillamente, no se tenían los protocolos de seguridad necesarios para este tipo de tecnología. En la central de Mayak no existía un control demasiado férreo sobre la temperatura de los tanques que contenían el combustible y, en un momento determinado, se elevó por encima de lo recomendable y terminó por explotar. Su alejada localización hizo de primer freno, pues nadie lejos de la central escuchó la explosión; el segundo fue el silencio obligado que guardaron sus trabajadores.

Y es que la URSS trató de controlar por todos los medios el flujo de información sobre la explosión de Mayak. De hecho, la explosión no fue baladí, pues a día de hoy sigue siendo la tercera mayor catástrofe natural de todos los tiempos, solo por detrás de Chernobyl y de Fukushima, pero el régimen soviético jugaba con dos ventajas: casi nadie conocía la existencia de esta central y, por tanto, nadie podía sospechar; y segundo, se acercaba el 40º aniversario de la Revolución de Octubre.

Cuando sucedió la explosión, solo quedaban cinco días para el lanzamiento del Sputnik, lo que convertiría a la URSS en el primer país capaz de lanzar un satélite artificial al espacio. Un momento tan importante en la historia del país no podía quedar en un segundo plano por culpa de la explosión, por lo que todos los trabajadores -amén de amenazas- decidieron guardar silencio… hasta que Zhores Medvedev decidió revelar lo ocurrido en 1976.

Medvedev trabajaba en un laboratorio en Moscú y fue elegido por las autoridades como uno de los expertos en el país que se encargaría de monitorizar cómo evolucionaba la radiación desprendida por la explosión. Tras insistir varias ocasiones en la necesidad de comunicarlo públicamente, las negativas le hicieron huir a Londres, donde en 1976 se atrevió a confesar la realidad: había tenido lugar una explosión nuclear en Mayak que muy pocas personas conocían.

Lo curioso del caso es que EEUU llegó a medir la radiación en su propio territorio, pero como se encontraban en el proceso de desarrollar centrales nucleares, no quisieron revelarlo para evitar que el pánico se les volviera en su contra. Cuando Medvedev comunicó lo sucedido, se hicieron mediciones, pero nunca se llegó a saber la verdad: se calcula que liberó unos 740 petabecquerels de radiación, matando a 30 trabajadores, a otros 200 por la radiación y afectando a largo plazo a más de 200.000 personas.

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