EL CINE COMO PROPAGANDA: “SOBIBOR” CUANDO LOS JUDIOS VENCIERON A LOS NAZIS

Por, Eulàlia Iglesias

A pesar de ser el escenario de una de las gestas más insólitas de la Segunda Guerra Mundial, la historia del campo de exterminio de Sobibor ha permanecido casi tan enterrada como sus escasas ruinas. En este ‘lager’ situado, como la mayoría, en Polonia tuvo lugar la mayor fuga de prisioneros judíos de toda la contienda. En 1943, tras un alzamiento que acabó con la vida de varios oficiales alemanes, unas 400 personas consiguieron traspasar las puertas del campo. Muchos de ellos acabaron pereciendo víctimas de la represión de los soldados, ejecutados o entregados por la población local o incapaces de sobrevivir en medio del bosque en condiciones extremas. Se estima que solo sobrevivieron hasta el final de la guerra 58 personas. Estas y otras circunstancias impiden la construcción de un relato épico al uso de la huida de Sobibor, lo que explica en parte que no haya cobrado mayor peso en el discurso sobre la memoria histórica del Holocausto. Y, sin embargo, Sobibor está presente casi desde el principio en la ficción y la no ficción en torno a la Shoah.

El exterminio sistemático de judíos y tantos otros prisioneros por parte del Tercer Reich estuvo ausente durante décadas de la conversación pública. El estreno en 1978 de la miniserie ‘Holocausto’ popularizó a través de los códigos del melodrama televisivo este horror que marca la historia contemporánea. Ya en esa ficción, Sobibor aparecía como una de las localizaciones donde transcurría parte de la trama. Desde perspectivas estéticas muy diferentes, ‘Holocausto’ y ‘Shoah’ (1985), la monumental película de Claude Lanzmann que indaga en los mecanismos de funcionamiento de la máquina de matar nazi a través de los testimonios de supervivientes y con la expresiva ausencia de cualquier tipo de imagen de archivo, abrieron las puertas a las narrativas audiovisuales sobre el asunto. En 1984, la televisión británica produjo ‘Escape de Sobibor’, que reconstruye los hechos a partir de diferentes fuentes históricas. El propio Lanzmann estrenaría en 2001 su ‘Sobibor, 14 octubre 1943, 16 heures’, uno de los diversos ‘spin off’ de ‘Shoah’ que aprovechaba la entrevista realizada en 1979 a Yehuda Lerner, uno de los supervivientes de la fuga, que por entonces tenía 17 años, para otorgar un protagonismo específico a la historia de este campo.

Para Lanzmann, Sobibor no era un hecho más dentro de la constelación de sucesos de la Shoah. Como él mismo concreta, el levantamiento de los prisioneros y su posterior huida del campo rompe con un relato hegemónico que seguía estigmatizando a los judíos como víctimas pasivas de su propio exterminio y nos habla de una ‘reapropiación’ de la violencia y el poder por su parte. Sobibor no fue ni mucho menos una excepción en este sentido, solo hace falta recordar, entre otros, los disturbios en el Gueto de Varsovia o los partisanos de Belski, que se organizaron como forma de resistencia clandestina en los bosques de Bielorrusia. Pero en este caso estamos hablando de una revuelta ya dentro de un campo de exterminio que los propios nazis se esforzaron en ocultar eliminando literalmente cualquier traza de la instalación.

Alexander ‘Sasha’ Pechersky fue un capitán del Ejército Rojo que se convirtió en uno de los líderes de la fuga

Ahora nos llega una nueva aproximación al tema, una gran producción rusa dirigida y protagonizada por el popular actor Konstantin Khabenskiy, en el papel de Alexander ‘Sasha’ Pechersky, un capitán del Ejército Rojo que se convirtió en uno de los líderes de la fuga. Este componente nacional explica en parte el brutal éxito del filme en su país de origen. Bajo su apariencia de drama de calidad, este ‘Sobibor’ tiene mucho de ‘nazisploitation’ sofisticada en tanto cultiva los lugares comunes más vistosos o chocantes sobre la barbarie nazi a partir de depredar ideas de tantas otras películas similares. Aunque los guionistas no acreditan ninguna referencia anterior en su trabajo, todo el arranque y la presentación de algunos personajes se parecen peligrosamente a las de ‘Escape de Sobibor’.

Cartel de ‘Sobibor’.

Aunque no incida en el aspecto erótico como las ‘nazisploitations’ al uso ni traspase desde el exceso gore las fronteras de cierta estética academicista, ‘Sobibor’ no deja de recrearse, con la excusa falaz de rendir cuentas de la crueldad nazi, en el espectáculo grotesco de las orgías de violencia, las humillaciones varias sobre los prisioneros y la excitación febril de quien se veía con el poder de intentar reducir a otros seres humanos a la más pura bestialización. Ni el intento final de poner en evidencia cómo el deseo de reproducir una huida épica choca con una realidad histórica mucho más dolorosa redime a ‘Sobibor’, que por momentos parece un muestrario de todo lo que no debería ser una película sobre este tema.

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