EL OTRO LADO DE LA HISTORIA: ¿Y SI HITLER PERDIÓ LA GUERRA EN ESPAÑA? UN ERROR ESTRATÉGICO QUE PAGARÍA DEMASIADO CARO.

En la foto: Franco y Hitler en Hendaya

Por, Héctor G. Barnés- El Confidencial 

Cada vez son más los historiadores que ponen de relieve la importancia que nuestro país pudo haber tenido para controlar el Mediterráneo, el norte de África y el Atlántico Sur

El 23 de octubre de 1940, Francisco Franco se apeaba de un ferrocarril en la estación de Hendaya y estrechaba las manos de Adolf Hitler. No hizo falta llegar a la séptima hora de reunión para que los dos supiesen que no se caían nada bien. La leyenda rodea a este choque de trenes en uno de los momentos críticos de la Segunda Guerra Mundial, a veces con tintes caricaturescos. Algo de farsa quizá hubo en el encuentro entre el Führer y el caudillo, cuyas negociaciones no llegaron a buen puerto. Sin embargo, cada vez son más los historiadores que dan especial importancia al rol de España durante la contienda global y que sugieren que de haber aceptado las ofertas alemanas, el resultado de la guerra podría haber sido muy diferente.

Uno de ellos es el veterano historiador Bertram M. Gordon, de la Universidad de Mills en California que en uno de sus trabajos se pregunta cómo nuestro país cambió el destino de la guerra. “La importancia del papel jugado por España en la derrota de la Alemania nazi muy a menudo ha sido infravalorada por los historiadores”, recuerda en dicha publicación. En realidad, matiza, no es que Franco se mantuviese firme ante los cantos de sirena nazis, una visión popularizada por la propaganda franquista desde los últimos compases de la guerra, sino que Hitler desoyó los consejos de Hermann Göring y fue particularmente torpe a la hora de extender su influencia en España, lo que le habría llevado a controlar Gibraltar y el norte de África, cerrar el Mediterráneo y acceder al Atlántico Sur. Una potencial jugada maestra.

“España, junto con sus intereses en África, ofrecía a los estrategas alemanes una oportunidad excepcional que podría haber cambiado el curso de la guerra, pero dicha oportunidad nunca fue tomada en cuenta por los dirigentes alemanes, empezando por Hitler, el cual cometió una serie de errores respecto a España que bien pudieron ser los causantes de su derrota”, escribe Gordon. Tanto fue así que dejó pasar las oportunidades para atraer a un a priori entregado Franco hasta que fue demasiado tarde. Especialmente en junio de 1940, después de la caída de Francia, cuando “con España y Gibraltar bajo su control, los alemanes podrían haber cerrado el Mediterráneo occidental, controlado las Canarias y las Azores y las vías hacia Sudáfica y Sudamérica, y podrían haber forzado a aceptar una ‘pax germanica’ en Europa”.

Un desprecio que salió caro

Los historiadores tienden a relativizar el papel de la España “no beligerante” durante la Segunda Guerra Mundial; como mantienen expertos como James Holland, era una solución conveniente para todos. No obstante, libros como ‘Tomorrow the World’ de Norman J.W. Goda, que se centra en el frente africano, recuerdan que el control de Gibraltar podría haber sido clave respecto al “deseo de Hitler de expandirse hacia el norte de África como un movimiento hacia una eventual confrontación con América y un paso más hacia el control del poder mundial”. Por ello, España, primero ninguneada y luego cortejada, podría ser clave.

¿Por qué, entonces, Alemania no puso un mayor empeño en compadrear con el franquismo, dependiente de sus recursos? El historiador cita varias explicaciones, ninguna de las cuales deja en buen lugar la estrategia del alto mando alemán. En primer lugar, no tener claro su plan tras la rápida caída de Francia, que le podría haber abierto camino franco (valga la redundancia) hasta el Mediterráneo, un momento en el que el dictador “estaba ansioso de compartir los despojos” de Francia. Pero también no haber tratado a España como el aliado geográfico natural que podía haber sido. Cuando Hitler y Franco se vieron las caras, hacía meses que España y Alemania intentaban llegar a un acuerdo, obstaculizado sobre todo por las reticencias nazis a darle a Franco lo que pedía.

El cortejo comenzó con una misiva de Franco del 3 de junio, en la que ofrecía a Hitler la cooperación “en cualquier forma conveniente para Alemania”. “En esos primeros días de junio, los alemanes cometieron uno de los errores que más les iba a costar en la guerra, puesto que en lugar de dar la bienvenida a la carta de Franco y hacer que España entrara en la guerra, reaccionaron con fría indiferencia”, explica Gordon. Este mantiene que los alemanes pasaron por alto la oportunidad de hacerse con Gibraltar que se les abría, “en un momento en el que los mismos británicos planeaban retirarse”. El historiador sugiere que desaprovechar “la pequeña ventana de oportunidad abierta para poder extender su poder hacia España, Gibraltar, el Mediterráneo, el Atlántico Sur y potencialmente Sudamérica” fue un funesto error.

Una jugada maestra que los estrategas alemanes dejaron pasar, en parte porque preferían congraciarse con Francia. “La decisión alemana de conservar el Estado francés y su imperio colonial se realizó a expensas de España”, añade el historiador. Esto se refleja en la poca atención que Hitler prestó a las peticiones de Franco a cambio de entrar en la guerra, y que además de ayuda militar y económica consistían en Gibraltar, el Marruecos francés, Orán (Argelia francesa), Río del Oro y parte de Guinea. Alemania no solo rechazó las condiciones del gallego, sino que a finales de ese mes hicieron notar su presencia al otro lado de la frontera española. Mala idea, descubrió Hitler en julio, cuando empezó a pensar en una estrategia en el Atlántico que contase con una base naval en las Islas Canarias.

Una de las grandes preguntas sin resolver es el rol a dos bandas jugado por el almirante alemán Wilhelm Canaris (foto de arriba), enviado a Gibraltar en julio para realizar un reconocimiento, y que junto al general Franz Halder, disuadió a Hitler de meter a España en la guerra porque sería “económicamente costoso”… mientras que por otra parte puedo haber convencido a Franco para que no aceptase la oferta de Hitler. Al fin y al cabo, el propio Canaris fue ejecutado cinco años después, en abril de 1945, por su participación en el complot para asesinar a Hitler. Lo que queda medianamente claro es que la reunión entre los ministros de asuntos exteriores, Joachim von Ribbentrop y Serrano Súñer, fue peor que mal, hasta el punto que el alemán sugirió que tendrían que terminar invadiendo España y que el cuñado de Franco parecía estar a sueldo de Reino Unido.

Lucha de gigantes (bajitos)

Los cimientos para la célebre cita de Hendaya se pusieron en una carta del 19 de septiembre que Hitler remitió a Franco, que aceptó rápidamente su propuesta. Aquel famoso 23 de octubre, Hitler acudió con un documento bajo el brazo que esperaba que Franco firmase y en el cual se establecían los detalles militares de la entrada de España en la guerra… pero no se explicitaba la compensación que recibiría a cambio, que tan importante era para el Caudillo español. El alemán le prometió una alianza y una rápida conquista de Gibraltar, pero Franco le respondió que, por cuestión de orgullo, debían ser los propios españoles los que se hiciesen con el control del peñón. Algo le olía a chamusquina en el plan nazi, según el cual los alemanes se quedarían en la ansiada Gibraltar indefinidamente como base para su construcción de un imperio africano, algo que siempre había estado en la cabeza del propio Franco, veterano de la guerra del Rif.

Hitler se negó a aceptar la demanda de Franco de obtener el control sobre el Marruecos francés como parte del botín de guerra de la derrota gala

Terminó siendo otra oportunidad perdida, tanto para los intereses alemanes como para las exigencias territoriales españolas en el norte de África. Ni bases nazis en España, ni Marruecos entregado en bandeja al régimen franquista: tan solo se conformó un protocolo secreto que reflejaba la entrega de Gibraltar y otros territorios sin especificar. Gordon recuerda que “el argumento expuesto a veces según el cual Hitler fue a España y Franco lo rechazó debe ser revisado”, ya que fue más bien al revés: “Hitler se negó a aceptar la demanda de Franco de obtener el control sobre el Marruecos francés como parte del botín de guerra de la derrota gala en junio de 1940”. Al ser así, explica el historiador, España se convirtió en una nueva ‘Verdún’ que Alemania no podía franquear.

“Puede que nunca se sepa lo que habría hecho Franco si Hitler hubiera concedido el precio requerido para que España entrara en la guerra, algo que por otra parte Hitler nunca tuvo intención seria de hacer, ni en en Hendaya, ni después de Hendaya”, recuerda Gordon. Sin embargo, Franco seguía interesado en formar parte del Eje, como muestra una carta de finales de ese mismo mes. En noviembre, Serrano Súñer volvió a reunirse con Hitler, que de pasada volvió a amenazarle con sus 230 divisiones en el Mediterráneo. Las negociaciones seguían en punto muerto pero, a pesar de ello, a principios de diciembre el optimista Führer comunicaba a sus generales que pediría a Franco que le apoyase en la guerra el 10 de enero de 1941 en la conocida como Operación Félix.

En la foto de arrba; Von Ribbentrop,Serrano Suñer y Hitler en Berlín.

Nunca ocurriría. Canaris se reunió con Franco, que negó su apoyo, y paralizó el plan nazi para arrebatar Gibraltar a los ingleses. A partir de ese momento, a Hitler ya solo le quedaba en la manga el as de Mussolini, al que intentó convencer de que intercediese a su favor ante España en enero de 1941, unas semanas antes de que se reuniese con Franco en Bordighera, en la Riviera Francesa. Como dos antiguos novios haciendo ‘ghosting’, Hitler y Franco cada vez tardaban más en dar contestación a sus cartas. La cosa se enfrió hasta el punto de que Hitler decidió que era mejor dejar la Operación Félix para más tarde, cuando se librase del problemilla que había surgido en el frente oriental. Meses después, el envío de la División Azul sería una solución de compromiso a la petición de Von Ribbentrop a Súñer para que España entrase en la guerra.

Como recuerda Gordon, desde finales de 1940, “Franco comenzó a reconocer lentamente que una alianza con Alemania resultaba problemática, algo que probablemente no quedó del todo claro, incluso ante sus propios ojos, hasta uno o dos años más tarde”. En agosto de 1944, tras el exitoso Desembarco de Normandía, el dictador español volvería a dormir bien por las noches, al menos en lo que concernía a una hipotética invasión alemana de España. Hitler, por su parte, quizá estaba lamentando sus malas decisiones estratégicas, especialmente las tomadas en junio de 1940, cuando parecía que tenía Europa a sus pies. Después de la guerra, Serrano Súñer recordó la “buena suerte” que había tenido España ante la poca disposición de Alemania para atender las peticiones franquistas, lo que hizo que no entrásemos en la guerra… y Alemania se quedase sin su bastión mediterráneo.

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