HABLEMOS DE LUCHA DE CLASES-3-C Y FINAL

Por Adriano Erriguel– El Manifiesto

Cuando se imponen ingenierías sociales alumbradas en universidades elitistas norteamericanas, ahí hay lucha de clases.

Cuando las universidades masificadas se convierten en fábricas de precariado, ahí hay lucha de clases.

Cuando la lucha contra el cambio climático recae sobre los más pobres (impuestos al diésel, a las autovías, al consumo de carne) ahí hay lucha de clases.

Cuando el suicidio es la segunda causa de muerte entre los agricultores detrás del cáncer (datos de la Mutualidad Social Agrícola en Francia), ahí hay lucha de clases.

Cuando desde el poder mediático se impone la corrección política y se aliena el lenguaje de la gente corriente, ahí hay lucha de clases.

Cuando se deconstruye un país y se aliena la identidad de sus habitantes, ahí hay lucha de clases.

Cuando se denigra a una civilización y se aliena la identidad de sus pueblos, ahí hay lucha de clases.

Cuando una oligarquía transnacional globalizada se impone sobre las naciones y los pueblos, ahí hay lucha de clases.

Apología (razonada) del resentimiento

El resentimiento es una pulsión elemental que cuenta con justificada mala fama. Al situarse en la escala más baja de los sentimientos humanos – no muy lejos de la envidia–, el resentido sublima su desazón en forma de elevados ideales y nobles proclamaciones. En ese sentido el resentimiento es, como bien lo vio Nietzsche, un formidable motor de la historia.

Pero quizá no siempre se otorgue al resentimiento la justicia que se le debe. Por ejemplo, cuando se lo asocia de forma peyorativa a la idea de lucha de clases. La lucha de clases sería una cuestión de resentimiento, ergo de envidia. ¿Hay que condenar por eso la lucha de clases?

Quizá haya otra forma de ver la cuestión. Quizá el resentimiento no esté siempre asociado a sentimientos mezquinos. Proponemos otra definición: el resentimiento es la indignación acumulada por las ofensas recibidas. En este sentido, el resentido no es el vehículo activo de una “pasión triste” (como la envidia), sino que es el sujeto pasivo de agresiones exteriores. Los casos a los que nos hemos referido arriba entran en esta segunda categoría.

Los grandes conflictos políticos –las sublevaciones, las guerras de independencia y las revoluciones– están alimentados por el resentimiento, en cuanto son estallidos de indignación acumulada. Pero la indignación por sí sola no es suficiente para cambiar las cosas. La indignación es un sentimiento reactivo, moralista, que denuncia los comportamientos pero no los principios, que denuncia los efectos pero no las causas. Para que la indignación y el resentimiento puedan convertirse en revolución necesitan antes o después cristalizar en una teoría, necesitan llegar a ser una práctica política. Solo así podrán conseguir que las cosas cambien. En nuestros días, el “populismo” es esa práctica, y en algunos casos lleva camino de convertirse en esa teoría. Por eso la geografía del populismo –el análisis de la distribución del voto de los “deplorables”–  es un retrato bastante fidedigno del estado de la lucha de clases en occidente.

¿Cómo evolucionará esa lucha en los años venideros? ¿Se alcanzará un fatídico punto de ebullición? Cualquier conjetura es arriesgada. Pero lo que podemos aventurar que estamos cerrando el gran ciclo de la modernidad. En los albores de esa modernidad –entre la Revolución francesa (1789) y la Comuna de París (1871)– las clases subalternas alzaron la bandera de la Nación frente a una aristocracia imbuida de fervor cosmopolita. Hoy las cosas han vuelto al punto de partida. Las clases subalternas retoman el combate por la Nación mientras la nueva aristocracia empuja la causa globalista.

Decíamos al principio de este texto que las clases altas ya no reprimen al pueblo con cañones ni con fusiles –como en la Comuna de París en 1871–, sino que emplean métodos más sutiles y posmodernos. Pero cuando observamos la furia represiva desencadenada contra los Chalecos Amarillos en Francia, cuando vemos los muertos, los miles de heridos y la utilización sistemática del lumpen para dinamitar el movimiento desde dentro, comprendemos también que hay cosas que nunca cambian.

En el momento más álgido de esas protestas – el 8 de diciembre 2018 – un helicóptero aguardaba en el techo del Palacio del Eliseo, preparado para escapar con Enmanuel Macron. Algunos pensaron entonces en la noche de Varennes. Pero la historia no se repite nunca del mismo modo.

Y sin embargo…

[1] William I. Robinson, A Theory of Global Capitalism: Production, Class and State in a Transnational World, Johns Hopkins University Press 2004. Citado en Peter Phillips, Megacapitalistas. La élite que domina el dinero y el mundo. Rocaeditorial 2019. Edición Kindle. La ONG aludida es Oxfam International.

[2] Tal vez esto es lo que Rosa Luxembourg tenía en mente cuando acuñó aquello de “socialismo o barbarie”.

[3] Constanzo Preve, De la Comuna a la Comunidad, Ediciones Fides 2019, p. 112.

[4] Rodrigo Agulló, “El Progresismo, enfermedad terminal del izquierdismo”, en Disidencia Perfecta. La “Nueva derecha” y la batalla de las ideas. Áltera, 2011, pp. 419-464.
https://elmanifiesto.com/sociedad/5533/el-progresismo-enfermedad-terminal-del-izquierdismo-i.html

[5] Constanzo Preve, De la Comuna a la Comunidad, Ediciones Fides 2019, p. 151.

[6] Constanzo Preve, De la Comuna a la Comunidad, Ediciones Fides 2019, pp. 145-151.

[7] Constanzo Preve, « La postmodernité philosophique expliquée aux enfants et aux grandes personnes ». En Nouvelle Histoire Alternative de la Philosophie. Le chemin ontologico-social de la philosophie.  Perspectives Libres 2017, pp. 582-583.
http://rebellion-sre.fr/postmodernite-philosophique-expliquee-aux-enfants-aux-grandes-personnes/

[8] Señala el pensador marxista David Harvey que nos encontramos en el tránsito del “modelo fálico de la modernidad” al “modelo andrógino de la posmodernidad”, y ello es así porque “el modelo andrógino exalta la centralidad simbólica del gay masculino o femenino, situado mediáticamente como la figura sexual central y más significativa de la sociedad contemporánea. En un mundo donde la naturalidad ha sido sustituida por la artificialidad integral de la producción capitalista, es perfectamente consecuente que el “género” (gender) se elija, o que ya no se nazca hombre o mujer, sino que se “elija” ser hombre o mujer”. Constanzo Preve, « La postmodernité philosophique expliquée aux enfants et aux grandes personnes », en Nouvelle Histoire Alternative de la Philosophie, pp. 582-583.

[9] Los polemistas e intelectuales americanos de la galaxia “Alt Right” son quizá los que más han contribuido a popularizar la expresión “marxismo cultural” durante los últimos años.

[10] Sobre el uso de la “emancipación” en el lenguaje político macroniano: Pierre-André Taguieff, L´Emancipation Promise. Les Éditions du Cerf 2019, pp. 59-70.

Desde los años 1960 ha sido habitual en la literatura marxista hacer una distinción entre el “joven Marx” –de carácter humanista y utópico– y el Marx maduro y “científico” de El Capital. Ese supuesto “joven Marx” ha sido el que más influencia ha tenido entre los marxistas occidentales, los comunistas “consejistas”, los estudiantes de 1968, la teología de la liberación y el progresismo en general.

[11] Gustavo Bueno, El Mito de la Izquierda. Ediciones B, 2003.

[12] Refiriéndose a esas ideologías postmodernistas, escribe Carlos Javier Blanco Martín: “Estos fenómenos se incardinan en una suerte de ingeniería social que mina poco a poco los bastiones de resistencia popular, incluyendo la propia institución familiar y las bases antropológicas de la misma: la pareja heterosexual monógama, la función reproductora de la pareja y de la familia, la estabilidad conyugal, vecinal y comarcal de las comunidades, su relativa homogeneidad etnocultural, etcétera”. “Un Preve para España”, introducción al libro de Constanzo Preve: De la Comuna a la Comunidad. Ediciones Fides 2019, p. 20.

[13] Constanzo Preve, De la Comuna a la Comunidad, Ediciones Fides 2019, p. 117.

[14] Como señala Diego Fusaro, “no es posible volver a Marx, precisamente porque no existe ningún “verdadero Marx” unitario y coherente, sin embargo, es posible (…) volver a empezar con él y su “edificio en construcción”, porque de él nacen muchos Holzwege – senderos perdidos – para utilizar la terminología de Heidegger”. Diego Fusaro, Todavía Marx- El espectro que retorna. El Viejo Topo 2016, p. 108.

[15]Carlos Javier Blanco Martín, Obra citada, p. 13.

[16]Constanzo Preve: De la Comuna a la Comunidad. Ediciones Fides 2019, p. 186.

La visión del hombre como un ser social y la de la sociedad como algo más que el mero agregado de individuos: eso es lo que aleja a Marx del liberalismo y lo que lo aproxima a la filosofía tradicionalista europea. Dice Marx en los Grundrisse: “la sociedad no consiste en individuos, sino que expresa la suma de relaciones y condiciones en las que los individuos se encuentran recíprocamente situados”. Estas relaciones establecen una determinada racionalidad a la que los individuos se tienen que atener, si quieren mantenerse dentro de ellas. Michael Heinrich, Crítica de la Economía Política. Una Introducción a El Capital de Marx. Guillermo Escolar 2018, p. 80.

[17] Sobre la distinción entre “el marxismo” y la obra de Marx: Constanzo Preve, Histoire Critique du Marxisme. Armand Colin 2011; De la Comuna a la Comunidad, Ediciones Fides 2019; Felipe Martínez Marzoa, La Filosofía de El Capital. Abada Editores 2018; Michael Heinrich, Crítica de la Economía Política. Una introducción a El Capital de Marx. Guillermo Escolar 2018; Denis Colin: Introduction à la pensée de Marx, Seuil 2018; Comprendre Marx, Armand Colin 2009; Le Cauchemar de Marx, Le capitalisme est-il une histoire sans fin?, Max Milo 2009; Diego Fusaro, Todavía Marx. El espectro que retorna, El Viejo Topo 2016; Anselm Jappe, Les Aventures de la Marchandise. Pour une Critique de la Valeur. La Decouverte 2003. La corriente de crítica social conocida como “crítica del valor” (grupo “Krisis”: Robert Kurz, Anselm Jappe) ha desarrollado la interesante distinción entre un “Marx esotérico” – centrado en la crítica del valor y la mercancía– y un “Marx exotérico” del que derivaría el marxismo tradicional.

[18] Ensayo de Jacques Attali: Karl Marx o el Espíritu del Mundo. Film The Young Marx, Raoul Peck, 2018.

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