LA ESPAÑA DE LORCA O EL FRENTE POPULAR QUE VIENE: LA SANGRE REZUMA Y HUELE ALREDEDOR DE MI PATRIA

Por Laureano Benítez Grande-Caballero.

1.- Muerte de Marianito, el «Rajoí»: Voces de muerte sonaron en un palacio de Madrí. Voces antiguas que cercan voz de clavel y alhelí. Voces rojas que decían: «Hay que echar a Rajoí». Gritos morados que aullaban: «Hay que echar a Rajoí». Jauría indepe que ladraba: «Hay que echar a Rajoí».

Les clavó sobre los votos tres victorias porque sí. En el Congreso daba saltos de Rajoí y de Breí; manchó su corbata azul con la sangre carmesí de indepes y sociatas, de Podemos y Compromís, pero eran muchos en su contra y tuvo que dimitir, como sucumbió Viriato, Julio César y otros mil.

Estrellas rojas puño en alto brillaban por Madrid, y ya el frentepopulismo tiene su alba de alhelí, capoteando entre banderas de una España de abril.

Mariano Rajoy Brey, gallego de dura crin, barbado de verdes rías, superviviente de uno a otro confín, desde el Cabo que llaman de Gata, hasta la villa de Portomarín. ¿Quién te quitó la silla de tu palacio moncloví?

Ay, madre, cómo temblaban las farolas de Madrí. La luna estaba menguada, y todos fueron a por ti: fueron los rojos y los morados, Pablo Alcázar y Pedrín, Rufianes y Tardones, Errejón el colibrí, Riverita el macroncito, e Iren@ la del jardín, que se aliaron todos, para pegarse el gran festín, los de corbata por allá, y los chaletudos por aquí, picoteando cojoneros como en la revolución de abril, asaltando su palacio como lo hizo el tal Lenín, con coleta y vaqueros rotos y boina del Che Guevarín. (Al fondo, con sonrisa de hiena, veíase al tal Otegí).

Corrupto te llaman, mientras te visten de arlequín. Cierto, pero lo que en otros envidiaban también lo hacían en ti: esa vara de mando, y el terciopelo en tu sillín; tu barba y tu corbata, y la usía de tu maletín; tus paseos con la Merkel, y tu mujer de emperatriz, y ese aire de Pontevedra andaluza que bien te daba pedigrí.

Con tu cadáver aún caliente, tomarán chupitos de anís, mientras le hacen la ola a Pedrito el Perlimplín.

No morirás en las urnas, Rajoy, sino que te irás de perfil, con Frankenstein en los talones, expulsado de tu jardín, mientras Pablo y Pedro se juegan al parchís ministerios y prebendas, la cartera y el cojín; temblarán las farolas, te quitarán el fajín, vendrán los frentepopulistas, desde el norte al Guadalquivir. Tiembla, España, tiembla, pon a Dios un candil, porque se anuncia el golpe, porque se acerca el fin.

Ay, Laureano Benítez, llama a don Pelayo y al Cid, pues tu España ya se quiebra desde el Miño al Guadalquivir, cercada por voces de muerte que acabarán con tu España cañí.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

Verde que te quiero verde; verde viento, verdes ramas. Pedrito sobre la mar, y Pablete en la montaña.

Con la sombra en sus cinturas, sueñan en sus bancadas. Verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Sueñan con asaltar los cielos, con una gaviota sin alas, con patentes de corso, de la mar océana piratas ―¿ves en el mástil una calavera con las tibias cruzadas?―,cambian votos y escaños en sentinas y cloacas.

Por los montes ofreciendo pactos va el Coleta morada: barba rala, puño en alto, y boina de Che Guevara, partisano y comandante, luciendo camisa blanca.

Grandes estrellas de niebla están anunciando el alba, contubernio a contubernio, trapicheando en sus bancadas, mientras Rajoy, gato garduño, eriza sus pitas agrias.

«Rajoy, quiero cambiar mi barquito por tu casa, mis escaños por los tuyos, mi rosa por tu barba. Compadre, vengo sangrando desde la playa de Mojácar».

Sangrando estoy yo también, de ver a estos vendepatrias, pues ni yo ya soy yo, ni mi España es ya mi España: herida está de muerte desde Cádiz a Cantabria. La sangre rezuma y huele alrededor de mi Patria. Trescientas rosas morenas pondrán en su guirnalda los traficantes de votos, los profetas de la nada.

Ya suben los dos compadres hacia las altas barandas, dejando un rastro de sangre, dejando un rastro de lágrimas. ¡Cómo tiemblan de espanto, madre, los faroles de la madrugada! Porque yo ya no soy yo, ni mi España es ya mi España.

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