LECTURA PARA GENTE GRANDE: HABLEMOS DE LUCHA DE CLASES- 1-C

Por, Adriano Erriguel –El Manifiesto

Neoburguesía y conciencia de clase

Dicho todo eso, ¿nos encontramos hoy ante una sociedad postclasista (postburguesa y postproletaria) como afirmaba Constanzo Preve? ¿O nos encontramos ante una nueva y bien camuflada estructura clasista, como afirma Christophe Guilluy?

Sin ánimo de eclecticismos ni conciliaciones (que aquí aborrecemos), pensamos que ambos autores se refieren a lo mismo: a una estrategia cultural que busca “borrar las pistas” de la lucha de clases. La diferencia es que Constanzo Preve maneja un concepto de “clase social” más cercano a la tradición marxista. Según esa tradición, lo que constituye verdaderamente a una clase social es la conciencia de serlo, la conciencia de clase.[11] Conviene aclarar que, en el caso del proletariado –según Marx– esta conciencia no será espontánea, sino que deberá ser adquirida. Dicho de otra manera, el proletariado “sólo podrá ejercer el poder de manera consciente y, por decirlo así, en contra de la espontaneidad”.[12] Como es bien sabido, en la tradición leninista el encargado de garantizar esa conciencia de clase es el Partido.

¿Qué ocurre hoy con la “conciencia de clase”? ¿Existe o no existe? Nos encontramos ante una situación paradójica. La emergencia de la “clase media global” ha dotado a la nueva burguesía de una robusta conciencia de clase, mientras que ha privado a las clases subalternas de la suya. La corrección política cumple aquí un papel fundamental. La pleitesía ante la corrección política –ese condensado ideológico de la global middle class– funciona como puerta de acceso y vía de promoción social. Las clases subalternas aspiran a fundirse en esa gran clase media y lo hacen por la puerta falsa de la ideología. Para ello piensan y actúan del modo “correcto” en los términos dictados por la nueva burguesía. Pensar de un modo incorrecto supondría un desclasamiento, una relegación cultural, asumir el estatus de “loser”. No en vano las ideas dominantes –como decía Marx– son siempre las de la clase dominante

Nos encontramos así ante una formidable maniobra de mistificación en la que las relaciones de clase se camuflan como relaciones culturales. El ejemplo más obvio es el de los inmigrantes y los burgueses-bohemios: mientras los primeros trabajan como mano de obra barata, los segundos celebran las maravillas de la sociedad multicultural. “La apertura al otro –señala Christophe Guilluy– es a la vez un marcador de superioridad moral y un signo exterior de riqueza”.[13] En lógica consecuencia, la demonización del populismo es también un marcador de clase. No en vano la nueva burguesía se percibe a sí misma como encarnación del sentido (necesariamente progresista) de la historia, como la heredera de la Ilustración y paladín de los derechos humanos. La nueva burguesía se encuentra así moral y culturalmente legitimada para imponer sus intereses de clase al resto de la población. Así podrán llamar “racistas” a los que se quejan por la inmigración, podrán reírse de las clases populares autóctonas, podrá atacarlas por rancias, por machistas, por xenófobas, por populistas… Un discurso aparentemente imbatible. ¿Qué tenemos detrás?

La eterna pirámide

Lo que tenemos detrás es, más o menos, lo de siempre. Constanzo Preve lo retrata así: “los viejos caracteres piramidales, neofeudales y neoaristocráticos. El carácter piramidal de la estructura de poder es, de hecho, el mismo, ya se base en la espada y en el caballo o se base en el dinero y la computadora”. Con una diferencia: quien hoy está al mando es “la oligarquía financiera, uno de los grupos más sórdidos, repugnantes y abyectos de toda la historia de la humanidad, considerada de manera comparativa”.[14]

La recuperación del enfoque de clase y la reintroducción del término “burguesía” en el debate sociológico –gracias al impulso de la sociología disidente– son sin duda dos grandes boquetes en la línea de flotación del discurso oficialista. La lucha de clases existe y en eso Marx tenía razón. Pero eso no significa que las “clases” sean categorías inalterables ni que debamos pensarlas en los mismos términos de Marx –quien, dicho sea de paso, nunca elaboró una teoría coherente sobre las mismas–. No se trata, por tanto, de reivindicar ningún tipo de “marxismo” según las fórmulas ya ensayadas con los resultados conocidos. Pero sí se trata de reapropiarse de un Marx que había sido sepultado bajo la losa del “marxismo”; un Marx que puede ofrecernos no pocas claves para interpretar las derivas actuales. Esas derivas en las que “las fuerzas más sórdidas, repugnantes y abyectas de toda la historia de la humanidad” desempeñan un papel protagonista.

[1] La historia de la relación entre el socialismo, el marxismo y la idea de patria está llena de equívocos. Contrariamente a Engels, Marx apenas teorizó sobre la idea de nación. Como prueba de su supuesta hostilidad a la idea nacional, es frecuente citar de forma descontextualizada la frase del Manifiesto Comunista: “Los obreros no tienen patria”. No obstante, las primeras reflexiones del marxismo histórico sobre la cuestión nacional estuvieron frecuentemente inspiradas por el patriotismo nacido de la Revolución francesa. Los socialistas franceses se identificaban con la tradición patriota jacobina, en contraste con los contrarrevolucionarios y aristócratas que adoptaban actitudes cosmopolitas (David l´Épée, “Le socialisme face à l´idée nationale”, Revista Krisis n.º 42, diciembre de 2015, p. 61).

Un caso aparte es el de España, donde el marxismo llegó a desarrollar una auténtica alergia a la idea de la nación española.  Algo que se explica por la mediocridad del pensamiento marxista español, cuando no por su práctica inexistencia. Sobre este asunto: Santiago Armesilla, El marxismo y la cuestión nacional española. El Viejo Topo, 2017.

[2]Alain de Benoist, Survivre à la pensée unique, ou l´actualité en questions. Entretiens avec Nicolas Gauthier. Krisis 2015, p. 205.

[3] Constanzo Preve, “Une discussion (pour l´instant) interminable. Considérations préliminaires sur la genèse historique passée, sur la fonction systémique présente et les perspectives futures de la dualité politico-religieuse droite/gauche”. Revista Krisis nº 31, mai 2009, pp. 9-10.

Constanzo Preve (1943-2013) fue profesor de filosofía en Turín y está considerado como uno de los principales intérpretes de la obra de Marx en las últimas décadas. Su obra denota una fuerte influencia de la filosofía idealista alemana y del pensamiento griego, así como un marcado interés por cuestiones de geopolítica, comunitarismo, la cuestión nacional y la filosofía clásica. Durante sus últimos años Preve desarrolló un punto de vista crítico con el marxismo oficial y con la deriva posmoderna de la izquierda italiana.

[4] “Las clases en sentido estructural no deben identificarse con sus correspondientes expresiones históricas: el chófer y el puro no forman parte necesariamente del capitalista, del mismo modo que el proletariado no se reduce a los trabajadores industriales que viven en los barrios obreros. La disolución de tales estereotipos no es ninguna prueba del fin de las clases, sino simplemente de un cambio de su forma histórica”. Michael Heinrich, Crítica de la Economía Política. Una Introducción a El Capital de Marx. Guillermo Escolar Editor, 2018, p. 247.

[5] La fecha simbólica de entrada en el “capitalismo absoluto” podría adelantarse a 1968, la revolución cultural que marcó el fin de la vieja moral burguesa y proletaria, y la plena entrada en la sociedad de consumo.

[6] Mitchell Dean y Daniel Zamora, Le dernier homme et la fin de la révolution. Foucault après Mai 68. Lux Éditeur 2019, p. 12.

[7] Pierre-André Taguieff, L´Émancipation promise. Les Éditions du Cerf, 2019, p. 63.

[8] Constanzo Preve “Une discussion (pour l´instant) interminable… », Revista Krisis, n.º 31, mai 2009, pp. 2-15.

[9] Christophe Guilluy, No Society. La fin de la classe moyenne occidentale. Flammarion 2018. (Hay traducción española en Taurus, 2019). Fractures francaises, Flammarion 2013. La France peripherique, comment on a sacrifié les classes populaires. Flammation 2019. Le crépuscule de la France d´en haut, Flammarion 2016.

[10] Chistophe Guilluy, No Society, Flammarion 2018, p. 15. « Christophe Guilluy dit tout”. Entrevista en la revista “Éléments pour la civilisation européenne”. Nº 165, avril-mayo 2017, p. 8.

[11] “Una clase social, por su naturaleza, comprende en su concepto tanto su elemento material como su elemento ideal, es decir, conjuntamente el ser y la conciencia”. Constanzo Preve, De la comuna a la comunidad. Ediciones Fides 2019, p. 139.

[12] Felipe Martínez Marzoa, La filosofía de El Capital, Abada Editores 2018, p. 227. En la lógica marxista la conciencia de clase no se manifiesta por igual en burgueses y proletarios. La burguesía encarna la lógica del sistema capitalista y por eso ejerce su poder de forma “espontánea” y “no consciente”, mientras que el proletariado deberá obtener su conciencia de clase de forma consciente.

[13]« Christophe Guilluy dit tout”. Entrevista en la revista “Éléments pour la civilisation européenne”. Nº 165, abril-mayo 2017, p.8.

[14] Constanzo Preve, De la comuna a la comunidad. Ediciones Fides, 2019, pp. 91-92.

(Continuará)

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Help

WordPress theme: Kippis 1.15