LEJOS DE UNA NACIÓN EN PROGRESO, CUBA ES HOY UN PAÍS ENVILECIDO

 

 

 

 

 

 

 

 

Por, Jesús Díaz Loyola- Atriopress

▪️ La revolución cubana transita por su 7ª década y la gerontocracia cubana no se acaba nunca.

▪️La élite revolucionaria lleva 60 años en el poder; muchos de sus puntales con el máximo líder a la cabeza, han muerto; otros han sido sustituidos, pero allí siguen como viejos símbolos del castrismo.

Lejos de una nación  en progreso, Cuba no es hoy otra cosa que un país empobrecido. Tras la muerte en la isla este diciembre de Faure Chomón Mediavilla, uno de los comandantes históricos  de la Revolución cubana, la cuenta atrás sigue entre las rancias figuras del castrismo, una élite de la que algunos han sido sustituidos al paso de los años, pero allí siguen como viejos símbolos de la interminable era castrista.

“En vez de contribuir al progreso de Cuba, se dedicaron a una vida criminal”, afirmó en Madrid, tras conocer la muerte de Chomón, Roberto Francisco (Bobby) Batista Fernández, hijo de Fulgencio Batista, el expresidente de Cuba que precipitó el advenimiento del castrismo.

Bobby Batista aludió así a grupos como el Directorio Estudiantil Revolucionario –del que era eje clave Chomón– y lamentó “que en vez de contribuir al progreso de la sociedad se hayan dedicado a una vida criminal”.

“Es incomprensible como se puede tener a un país tan arruinado cuando se han tenido 60 años para gobernar y cuando heredaron una Cuba, una República pujante, rica y en gran progreso.”, había declarado anteriormente el hijo de Batista.

Uno de los nueve hijos del ex presidente, durante su última visita a España, volvió a evocar los acontecimientos ingratos del asalto al Palacio presidencial, el 13 de marzo de 1957, estando allí su padre y toda la familia.

Faure Chomón, que aún después de muerto es recordado en Cuba como un destacado combatiente revolucionario, fue uno de los ejes del grupo de jóvenes que tomó el Palacio, hace ahora 63 años. “Ese día me pilló en el cole. Un escolta llevó a mi hermano Carlos Manuel conmigo a casa de unos familiares muy cerca del colegio.  Allí estuvimos unas dos horas para salir rumbo a la finca Kuquine (Arroyo Arenas) donde pasamos varios días en unión de mi hermano Jorge y de los hijos mayores de mi hermana Mirta”, recordó Bobby Batista en Madrid.

🔵 «QUERÍAN MATARNOS A TODOS»

La opinión pública conoció la existencia de una guerrilla en Cuba en febrero de 1957, tras la histórica entrevista a Fidel Castro en The New York Times. Un mes después, un comando de 64 jóvenes del Directorio Revolucionario estudiantil asaltó el Palacio Presidencial con el objetivo de linchar a Fulgencio Batista. La operación fue un fracaso que costó la vida a 40 de los asaltantes.

Sobre aquel abortado ataque, Bobby, que tiene ahora 71 años, ha confesado: “No se me olvida. Mi madre vivía el sexto mes de embarazo de mi hermana Marta, y mi padre se mantuvo inclaudicable.”

“Poco tiempo después –recuerda– hubo una gran manifestación a su favor: 250 mil personas concentradas frente al mismo Palacio Presidencial. Todos a alabar y hacerle un desagravio a mi padre.”

En la entrevista que me concedió en 2018, Bobby rememoraba que a esos acontecimientos, le sucedieron “unos grandes comités cubanos que fueron después a Palacio a condenar el ataque tan brutal y criminal que el Directorio decidió cometer contra la familia Batista; no solamente contra nuestro padre porque querían matarnos a todos.”

Bobby tenía 11 años cuando el derrocamiento de Fulgencio Batista por Fidel Castro, en 1959. Aquel año, hace seis décadas, los cubanos estallaron en una apoteosis de júbilo sin precedentes en la historia de la joven república.

Bien pronto, Castro enseñó lastres porque había prometido celebrar elecciones y restablecer la democracia. Pero un mes después, al asumir como primer ministro del gobierno revolucionario, sustituyó la Constitución por una «ley fundamental» redactada por él, convirtió al presidente de la República en figura ornamental, pasó las funciones del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo al Consejo de Ministros presidido por él, y lanzó la consigna de «¿Elecciones para qué?».

Al principio, pregonó que la revolución no era roja: «No somos comunistas, nuestra revolución es humanista». Sin embargo, no le faltó tiempo para nacionalizar poco después la industria, el comercio, la banca, los medios de comunicación, y proclamar el carácter comunista de la revolución.

La autocracia dinástica brotó como la pólvora de la metralla que lo llevó al poder. En el mismo 1959 nombró a Raúl Castro como su sucesor vitalicio y jefe de la Comandancia General de las Fuerzas Armadas, por encima de los comandantes Camilo Cienfuegos y Che Guevara, los principales héroes de la lucha guerrillera

Bien calculador, formó su propia dinastía en formato de junta militar omnipotente, al margen del Estado y del gobierno, compuesta por comandantes supervivientes del desembarco del yate «Granma»: Camilo Cienfuegos, Che Guevara, Juan Almeida, Ramiro Valdés, Efigenio Ameijeiras, Faustino Pérez y otros nombres. Se añadieron otros comandantes no expedicionarios, como Hubert Matos, Guillermo García, Manuel Piñeiro, Sergio del Valle, José Ramón Machado Ventura, Pedro Miret y figuras civiles del Movimiento 26 de Julio como Armando Hart y Vilma Espín, la extinta mujer de Raúl.

En aquella nómina, Fidel ignoró al Directorio Revolucionario 13 de Marzo y al Segundo Frente Nacional del Escambray, que también combatieron contra la dictadura batistiana. Ni el propio Faure Chomón, ni Eloy Gutiérrez Menoyo (español), comandantes jefes de ambas guerrillas, integraron la cúpula político-militar del país.

Tras asumir el poder la joven élite revolucionaria, comenzaron a suceder cosas insospechadas. A la misteriosa desaparición de Camilo Cienfuegos en octubre de 1959, sobrevino la destitución y encarcelamiento del comandante Hubert Matos (anticomunista amigo de Cienfuegos). El comandante Humberto Sorí Marín, no continuó en la historia y fue fusilado por «romper» con la revolución.

El argentino Ernesto Che Guevara, ya se sabe, mas temprano que tarde, con su aureola de guerrillero obseso siguió con su lucha propalada para «liberar» Latinoamérica. Y en su lugar, como tercer hombre del castrismo quedó entonces el comandante Juan Almeida, que al morir en 2009 cedió posición a Ramiro Valdés, que es ahora el único superviviente del «núcleo duro» fundacional

⚫️ YA NO ESTÁN

Pasadas seis décadas, muchos pioneros de la élite castrista ya han muerto: Faustino Pérez, Manuel Piñeiro, Sergio Del Valle, Jesús Montané, Celia Sánchez, Pedro Miret, Vilma Espín y otros. 

El general Julio Casas Regueiro fue el primer viceministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, convirtiéndose rápidamente en el segundo hombre en importancia luego de Raúl Castro. A Casas Regueiro le tocó conducir, junto a otros mandos, soldados cubanos en Etiopía y Angola, donde murieron casi 2 mil 655 cubanos durante la llamada Operación Carlota que movilizó a cerca de 450.000, entre 1975 y 1991. Casas Regueiro murió como un héroe en 2011 con 75 años.

El general Arnaldo Ochoa fue fusilado en 1989 y el general José Abrantes murió en la cárcel en 1991, en dudosas circunstancias. Fallecieron también, viejos marxistas del Partido Socialista Popular que fueron llamados por Castro a gobernar, entre ellos Blas Roca, Carlos Rafael Rodríguez, Juan Marinello, Lázaro Peña.

A pesar de su longevidad, hoy el hombre más poderoso de Cuba sigue siendo Raúl Castro, el cerebro incuestionable del régimen desde su liderazgo en el Partido (único) Comunista de Cuba (PCC). El designado presidente de la República Miguel Díaz–Canel, desde 2018, vuelve a ser una figura ornamental o decorativa como en los primeros años de la Revolución.

Otros nombres de peso y poder son el comandante José Ramón Machado Ventura, los generales Leopoldo Cintra Frías, actual ministro de las FAR; nombrado el 9 de noviembre de 2011 tras la muerte de Casas Regueiro. En realidad, la mayoría mueren como héroes y vitalicios en sus cargos.

La lista es interminable. Todas las estructuras de la administración castrista y todos los rincones del país están llenos de históricos y oficiales militares que no envejecen.

Y en esa dinámica de gerontocracia inextinguible ha desembocado Cuba en las últimas décadas, o más bien, ha vivido la mano recia de un régimen aferrado al poder que parece no morir nunca.▪️

Todas las estructuras de la administración castrista y todos los rincones del país están llenos de históricos y oficiales militares que no envejecen. En esa dinámica de gerontocracia ha desembocado Cuba en las últimas décadas o más bien, ha vivido la mano recia de un régimen aferrado al poder que parece no morir nunca.▪

Bobby Batista tenía 11 años cuando el derrocamiento de Fulgencio Batista por Fidel Castro, en 1959. Aquel año, los cubanos estallaron en una apoteosis de júbilo sin precedentes con toda la fe puesta en la Revolución. Seis décadas después, el hijo de Batista reflexionó en una entrevista: “Es incomprensible como se puede tener a un país tan arruinado cuando se han tenido 60 años para gobernar y cuando heredaron una Cuba, una República pujante, rica y en gran progreso.”

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