10 DE OCTUBRE

Por Vicente P. Escobal

Cuba, 10 de octubre de 1868. Un acaudalado hacendado de la región oriental de Cuba concede la libertad a sus esclavos instándolos a unirse a la lucha por la total autonomía de la Isla desde los predios de su ingenio azucarero La Damajagua y al grito de “¡Viva Cuba Libre!”, llamado Grito de Yara, proclamó la independencia de Cuba. Encabeza la Insurrección, e inicia la Guerra de los Diez Años al mando de 147 hombres. Poco a poco va creciendo el número de partidarios que lo siguen, llegando a contar con alrededor de 17, 000 hombres.  Yara proclama la independencia y encabeza la insurrección.

Cuba, 10 de octubre de 2019. Un grupo de cubanos, reunidos en la llamada Asamblea Nacional del Poder Popular, proclama presidente de la República de Cuba a Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, un ferviente e incondicional servidor de la dictadura castrista, dando inicio a uno de los períodos más oscuros de la historiografía cubana. Díaz-Canel encabeza un gobierno espurio que no cuenta con el respaldo de la población a la que se le negó – como siempre ha hecho la dictadura – la posibilidad de participar en unas elecciones democráticas y pluralistas, donde prime la dignidad y no la servidumbre.

La amordazada prensa oficialista cubana anuncia con bombos y platillos la proclamación del ilegítimo presidente Diaz-Canel y publica un largo discurso donde éste renueva su condición de hacedor de promesas y de consignas.

Resulta una falta total de principios, de ética y de dignidad esta nueva bufonada de la dictadura que ha conculcado una vez más la posibilidad de que la sociedad cubana elija a su primer mandatario en un ambiente de pluralismo y civilidad.

Cuando pasamos revista al número de “diputados” que manifestó su respaldo a la farsa, nos percatamos de la inconsistencia de esa “elección”. Ni un voto en contra, ni una abstención. Unanimidad total. Ignominia total. Desvergüenza absoluta.

Carlos Manuel de Céspedes concedió la libertad a los esclavos y los instó a unirse a lo que posteriormente se conocería como la Guerra de los Diez Años.

Transcurridos 151 años de aquella magna epopeya, los descendientes de la masa de cautivos redimidos por Céspedes exhiben su humillación ante la nación cubana y el mundo en un acto deleznable distintivo de la degradación a la que ha sometido la dictadura a ese grupo de personas incapaces de decir ¡BASTA!, vencidos por el terror que ellos mismos promueven. Gente que no actúa en nombre de la decencia, ni de la ley, ni de la sensatez. Ellos están allí por esclavos. Y hacen muy bien su papel.

¿Hasta cuándo soportará la sociedad cubana tanta afrenta a sus próceres, tanta ignominia? ¿Sera capaz de tolerar tanta infamia eternamente?

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