5MENTARIO

“El ‘inminente peligro’ de los desorganizadores partidos de terroristas, comunistas y socialistas, todos reunidos al solo objeto de despreciar, no sólo el orden y la civilización sino también la propiedad, religión y familia“- General José de San Martín (Carta al presidente peruano Don Ramón Castilla, 13/4(1849)

Un Comentario sobre “5MENTARIO

  1. Que moral tiene este cholo masón y traidor de San Martín para criticar a otros por lo que el mismo hizo contra su patria grande que entoces eran las Españas de Europa y América, todo al servicio de su amos británicos. Aqui les dejo el fragmento de un esayo que puede darnos luz sobre el asunto.

    “La Hipótesis de Alberdi, Sejean y Calabrese: San Martín visto como agente inglés”
    La disputa historiográfica creada entre el mito y la verdad, han llevado a preguntarnos e interrogarnos: ¿Fue San Martín un agente inglés? Sejean se interpela y responde, si el prócer no era un mercenario inglés ¿Cómo pudo desarrollar un sentimiento tan profundo de amor a la patria, siendo que la mayor parte de su infancia y formación completa la recibió en España? ¿Pudo acaso este débil recuerdo de sus primero seis años mover sus convicciones a tal punto que arriesgó hasta su propia vida por la causa liberal americana? ¿Fue por este motivo que abandonó las filas del ejército español que se batía a duelo contra el avance napoleónico? Ante estos hechos Sejean es contundente y afirma: San Martín fue el sucesor de Beresford y Whitelocke, fue quien lideró la tercera invasión inglesa en el cono sur. Su desempeño como militar, con grandes dotes para ello, lo llevó a concretar un plan que concernía y había tenido su origen en el Estado de la Gran Bretaña, este plan es conocido como el “Plan Maitlad”, un plan ideado secretamente por los ingleses que respondían cabalmente al “Memorial de Castlereagh”, (Castlereagh como ministro de guerra del imperio Albión, redactó el 1 de mayo de 1807 un memorial dirigido al gabinete sobre su manera de entender las relaciones con Sudamérica). Este documento puede considerarse como la piedra angular del imperialismo semicolonial que en adelante habría de regir la política inglesa en el Plata. Fue considerado y tenido en cuenta luego del fracaso de Whitelocke. A Castlereagh lo guiaba intereses puramente comerciales, no le interesaba el dominio directo de estos territorios, pues su objetivo estaba en constituir y ganar nuevos enclaves económicos donde pudiera vender manufacturas y obtener materia prima mediante la explotación de los recursos naturales de estos territorios. Castlereagh expresaba sus ideas: “estoy fuertemente persuadido…la política que ahora estamos desenvolviendo (en el Río de la Plata) no nos va a producir mayores beneficios comerciales o políticos, y vamos a necesitar gastar grandes recursos militares…debemos actuar de manera acorde con los sentimientos y los intereses del pueblo americano…debemos abandonar la esperanza de conquistar esta extensa región contra el temperamento de su población…si nosotros nos acercamos a ellos como comerciantes y no como enemigos, podríamos dar energía a sus impulsos locales y conseguiríamos abrogar las prohibiciones contra nuestro comercio…es absolutamente indispensable que nosotros no nos presentemos bajo otro aspecto que el de auxiliadores y protectores”… cuyos designios imperialistas dejaban más que claro cuál era el itinerario político a seguir, luego de haber visto fallidos sus dos intentos colonizadores en el Río de la Plata, en 1806 y 1807. ¿O acaso el imperio más grande de aquella época no presentaría una estrategia ofensiva (aunque disimulada ella) y acabaría por rendirse frente a las enormes ventajas que les proporcionaría explotar tan extenso territorio? ¿No buscaría la manera propicia de dominarlo, ya sea directa o indirectamente?

    Este ideario convenía a la corona británica, promover y maquinar el levantamiento de criollos contra el asfixiante yugo mercantilista español, ahorrándose con ellos los gastos de guerra y la vida de sus súbditos, auxiliando el reclamo de libre comercio (de esta manera no solo no perdía capitales ni hombres, si no que obtenía ganancias con la venta de armamentos a los liberales del nuevo mundo).

    Sejean continúa en su ensayo e interroga al prócer de la burguesía: sabemos que San Martín lucho bajo la bandera goda, y que por misteriosas causas renuncio a su ejército trasladándose con ayuda inglesa hacia Londres, desde donde zarpó hacia tierras americanas… ¿De que vivió San Martín en este período? ¿Cómo hizo para solventar los gastos de viaje hacia el nuevo mundo, y como logró sortear las vicisitudes que la vida diaria presentan? Tanto ayer como en el hoy se necesita de un trabajo para sobrevivir ¿Si no poseía oficio alguno, quien era su mecenas? ¿Fue San Martín acaso un mercenario británico?

    Pero más allá de estas preguntas, la incoherencia de la historia burguesa presenta a un hombre que vivió la mayor parte de su existencia fuera del país que lo vio nacer, como el “padre de la patria”, un hombre que cuando el deber lo llamo, literalmente, se negó a cumplirlo. ¿O acaso no es una muestra de traición su desobediencia, el no haber acatado en 1819 la orden impartida por el entonces director supremo Martín de Pueyrredon? (la solicitud de auxilio militar expedida por el directorio tenía que ver con dos cuestiones a resolver, la primera aplacar los levantamientos de las montoneras federales y la segunda de gran envergadura, la noticia de una posible expedición goda hacia el Río de la Plata, (la cual nunca llegó a partir de la península, pero consistía en una eventual amenaza para el proceso independentista), ésta, había sido organizada en Cádiz por el antiguo virrey de Nueva España, don Félix María Calleja del Rey (entonces capitán general de Andalucía) con la intención de decidir la disputa liberal defendiendo los interese colonialistas de España, esta sería comandada por conde de La Bisbal.

    Dicha expedición estaba formada por una flota improvisada de los restos de la armada destruida en 1805 y por los barcos comprados por la camarilla del rey al Imperio ruso sin el discernimiento de la Armada española (y que luego fueron catalogados en su advenimiento a España como anticuados, ineficaces y con malas condiciones para la navegación).

    La vasta información que se filtraba por medio de espías, proveía a la capital del Plata la noticia de esta expedición, lo que posibilitaba al gobierno río platense la búsqueda de estrategias para organizar la defensa insurrecta del territorio. Bajo estas circunstancias y motivos, el gobierno bonaerense intento negociar la paz con José Gervasio Artigas, pidió auxilio al general San Martín (el cual se negó a dárselo) y reclutó mil quinientos hombres en Córdoba como refuerzos.

    La tropa de la expedición incorporaba más de 20.000 hombres, incluidos en ellos a catorce escuadrones de caballería y a 6.000 marinos, junto a 35 naves de guerra. El plan de reconquista era desembarcar próximos al puerto de Montevideo, como consiguiente paso, apoderarse de la ciudad donde probablemente aún existiera un fuerte apoyo a la causa realista. Contarían así con una base firme y estable en el Río de la Plata desde donde organizar la ofensiva y conseguir el apoyo de los absolutistas del interior del virreinato. Posteriormente una partida se dirigiría contra Buenos Aires. Una vez aplacado el levantamiento en el Río de la Plata la “Gran Expedición” avanzaría hacia Chile para finalmente penetrar en el Perú, que se encontraba sitiado al norte por Bolívar y al sur por San Martín.

    No es solo esta supuesta desobediencia dice Sejean, (la que considera una estricta obediencia a los mandatos británicos) si no que existe otra, (que también el autor considera una obediencia) ésta es el pedido del director supremo Pueyrredón de disponer un diputado chileno para el Congreso tucumano que declarará la independencia el 9 de julio de 1816. ¿Con qué fin, según el autor, San Martin se niega a obedecer? Con tal negativa, el gran capitán permitió abortar la idea de un Estado bioceánico, un Estado que pudo haber representado una seria amenaza a los interés comerciales de la corona inglesa. San Martín, de esta manera, cumplió con estrictas órdenes impartidas por sus superiores anglosajones, no fue una desobediencia sino por el contrario una completa sumisión a las directivas de su majestad.

    Ya en su exilio, en el viejo mundo, haya por 1824, Lord Duff lo condecora como ciudadano ilustre del reino, por haber tenido la capacidad de poder llevar adelante la empresa de colonizar indirectamente la mitad del continente americano, plegarlo al liberalismo económico y sentar las bases del dominio ingles en el extremo sur del continente, así continua Sejean en su ensayo.

    Las acciones del General San Martín fueron meticulosamente estudiadas y supervisadas por los ingleses, muchos de sus colaboradores inmediatos eran ingleses, como el caso del general Miller o de su propio médico auxiliador durante toda la campaña continental, otros estaban “casualmente” en los lugares de disputas políticas o militares (como el caso del supuesto “viajero” inglés Paris Robertson, que brinda junto a San Martín, el futuro triunfo horas antes del combate en San Lorenzo, aquel 3 de febrero de 1813 junto al Convento de San Carlos Barromeo en la provincia de Santa Fe), todos estos movimientos estaban custodiados y amparados por las logias, que poseían sus matrices en Londres. Su empresa de otro modo hubiese sido imposible, los gastos de guerra, los hombres sin experiencia en el ejército de caballería y ni hablar sobre lo naval…la injerencia meticulosa de Inglaterra en estos asuntos es más que evidente y no se necesitan grandes razonamientos para poder llegar a estas conclusiones. Los jefes de las escuadras, en su mayoría eran mercenarios de descendencia nórdica, como Guillermo Brown, Lord Cochrane, entre otros. La masonería inglesa participó activamente en el entretejido de las operaciones militares llevadas en el Plata desde los días previos a la semana de Mayo y lo continuó haciendo durante todo el período de lucha independentista en el continente. La decisión de abandonar el Perú fue una decisión hecha con anterioridad por los hermanos de la Gran Logia. Sejean dice, el propósito por el cual San Martín regresó a América era romper con el yugo español y anclar las economías a los intereses comerciales de Inglaterra, una vez logrado ello, San Martín no tenía nada que hacer en el continente, por tal motivo se resuelve cesarlo en el mando del gobierno peruano y organizar su regreso al Viejo mundo. El propio Amuchastegui afirma que las logias que participaban en la contienda americana, eran los verdaderos árbitros del momento, y todas ellas tenían íntima reciprocidad con los intereses económicos de la Gran Bretaña.

    La historia oficial ha intentado minimizar el hecho de San Lorenzo, el encuentro producido entre Paris Robertson y San Martín, para ello conto con la ayuda de muchos historiadores, que intentaron presentar a Robertson como un simple viajero, un comerciante que casualmente transitaba el lugar. ¿Pero si así fuese, cual es la relación para invitar a un total desconocido al cuartel? ¿Era un total desconocido para San Martín, o ya lo conocía? ¿Era casual que este en ese momento de la historia, o había ciertamente una causa primera? ¿Por qué brinda por la victoria criolla? ¿Tenía algunos intereses que lo beneficiaban? ¿Las batallas y las luchas de San Martín eran también sus batallas y sus luchas? ¿Era este inglés un simple comerciante aventurero que por cuestiones del destino lo situaron en San Lorenzo, o más bien era un agente de la corona británica que inspeccionaba el obrar de San Martín? Basta recordar que éste mismo comerciante, entrevista a San Martín en Córdoba, cuando este tenía una reunión clave junto a Pueyrredón (oportunidad en que el Director Supremo, aseguró al jefe militar de Los Andes toda la ayuda necesaria para emprender la campaña libertadora al Alto Perú, aún con una economía en crisis). No podemos dejar al azar estos datos, aun sabiendo que los hermanos Robertson serán los encargados luego de realizar el primer empréstito que endeudará al país con la Banca Baring Brothers (La Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires sancionó el 19 de agosto de 1822 una ley que facultaba al gobierno a “negociar, dentro o fuera del país, un empréstito de tres o cuatro millones de pesos valor real”. Los fondos del empréstito debían ser utilizados para la construcción del puerto de Buenos Aires, el establecimiento de pueblos en la nueva frontera, y la fundación de tres ciudades sobre la costa entre Buenos Aires y el pueblo de Carmen de Patagones. Además debía dotarse de agua corriente a la ciudad de Buenos Aires.

    La Junta de Representantes había autorizado la colocación a un tipo mínimo del 70%, pero Rivadavia aceptó constituir un consorcio que representara al Gobierno de Buenos Aires para la colocación del empréstito al tipo de 70%. Este consorcio estaba encabezado por los señores Braulio Costa, Félix Castro, Miguel Riglos, Juan Pablo Sáenz Valiente y los hermanos Parish Robertson, quienes en virtud del poder conferido celebraron el acuerdo en Londres con la firma Baring Brothers & Co.

    Como la colocación en el mercado sería fácil, la Baring propuso al consorcio colocarlos al 85%, pagando 70% a Buenos Aires y repartiéndose el 15% de diferencia con el consorcio.

    El 1 de julio de 1824 se contrató con la Banca Baring el empréstito por 1 000 000 de libras esterlinas. El 15% de diferencia de colocación representó 150 000 libras, de ellas el consorcio en su conjunto se llevó 120 000 libras en carácter de comisión, y los 30 000 restantes fueron para Baring.

    El Bono general dispuso que:

    Los intereses serían pagados semestralmente, encargándose la Casa Baring de hacerlo a nombre de Buenos Aires cobrando una comisión del 1%.

    El Estado de Buenos Aires “empeñaba todos sus efectos, bienes, rentas y tierras, hipotecándolas al pago exacto y fiel de la dicha suma de 1 000 000 de libras esterlinas y su interés”.

    Baring retendría 200 000 títulos al tipo de 70, acreditando a Buenos Aires las 140 000 libras correspondientes y disponiendo para sí del excedente de su venta.

    Por cuenta del consorcio, Baring vendería en bolsa los 800 000 títulos restantes al tipo de 85%, cobrando un 1% de comisión por ello, y acreditando a Buenos Aires el 70%. Si lograse colocarlas a más del 80%, la comisión subiría a 1,5%.

    En toda suma a entregarse en lo futuro por Buenos Aires, en concepto de intereses y amortizaciones, Baring cargaría un 1% de comisión a cuenta del gobierno.

    Como no se había especificado como llegaba el dinero a Argentina, el consorcio informa a la Casa Baring que la mejor manera era enviando letras giradas contra casas comerciales de prestigio que dieran garantías en Buenos Aires. No por casualidad, una de esas casas comerciales era la de Robertson y Costas, dos miembros del consorcio. Al final, del millón de libras que totalizaba el mismo, sólo llegaron a Buenos Aires unas 570 000, en su mayoría en letras de cambio y una parte minoritaria en metálico.

    El empréstito solo se pagaría por completo ochenta años más tarde.

    En cuanto el préstamo llegó, la Legislatura cambió de idea: el dinero no era necesario. De modo que fue entregado al Banco de Descuento para que lo entregara como créditos a sus clientes, a intereses mucho más bajos que los que pagaba la provincia por ese dinero.

    El empréstito argentino de 1824 no fue el único de su tipo en Latinoamérica: ya en 1822 Colombia había negociado un crédito por valor de 2 millones de libras esterlinas, lo mismo había hecho ese año Chile con un crédito por 200 000 libras. El reino de Poyais (país ficticio creado por el estafador Gregor McGregor supuestamente en la Costa de Mosquitos, ubicada en el litoral del Mar Caribe de las actuales Honduras y Nicaragua), hizo lo propio por 200 000 libras, y Perú colocó un empréstito por 1 200 000 libras. México también tomó un crédito de este tipo en 1824, y Colombia obtuvo su segundo crédito. Entre 1822 y 1826 las colonias españolas se endeudaron con Londres por la suma de 20 978 000 libras, habiendo Inglaterra desembolsado una suma real de sólo 7 000 000 de libras.

    Existe una causalidad, hay intensiones claras en estos encuentros diplomáticos y estrategas, existe por ende una falta de honestidad intelectual en todos aquellos historiadores que han minimizado o acallado estos hechos que comprometen fuertemente la imagen del prócer burgués.

    ¿Por qué razón Lord Duff lo condecora? ¿Qué méritos hiso el capitán para ser declarado ciudadano ilustre de un pueblo que no era el suyo? ¿De qué dinero disponía para poder vivir en Europa, poder retratarse y hasta poder adquirir una casa en Francia?

    Muchos defensores del “Gran Capitán” podrán fusilar con su última carta. ¿Si San Martín fue agente inglés, cómo explicar que éste cediera a modo de gratitud y reconocimiento su sable a Juan Manuel de Rosas (el terrateniente autoritario, como todo terrateniente explotador), tras presentar batalla a los bloqueos anglo-franceses? La respuesta es muy sencilla. El sable con el que luchó San Martín en los Andes fue entregado a Rosas antes del bloqueo conjunto con Inglaterra. Se puede incluso decir más, San Martín no escribió ninguna línea condenando la actitud imperialista de este segundo bloqueo (en el primer bloqueo solo participó Francia, y luego de ellos San Martín dono su sable en 1844, pero ante la injerencia inglesa que tuvo lugar entre el 2 de agosto de 1845 y el 31 de agosto de 1850, el prócer emitió un contundente silencio)

    Tomado de https://www.monografias.com/trabajos105/otro-san-martin-algunas-preguntas-postergadas/otro-san-martin-algunas-preguntas-postergadas2.shtml

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