AGENTE DE MEDIO MUNDO: CAPITÁN RENÉ GARCÍA GAMBOA

por Esteban Fernández

Dicen que el presidente Donald Trump tiene fama de decir lo que piensa, a veces hasta en detrimento de él mismo. Por lo tanto no es necesario que trate de enmendarle la plana. Nunca voy a cometer la falta de respeto de colocarme a la altura de Trump.

Sin embargo, me parece que su hijo Don Jr. si necesita que lo aconsejen y debe defenderase con todos los hierros . Porque tal parece que tienen al joven Trump azocado, agitado y hasta asustado. Le están tirando hasta el sartén de la cocina por la cabeza y luce que no puede campear bien la situación, que se equivoca, se contradice y cambia el palo pa’ rumba cada vez que habla.

Al primer ataque hubiera dicho: “Sí, señores de la prensa amarilla, de CNN, MSNBC, New York Time, Washington Post, hablé con mil persnas más, y me entrevisté con una peruana, con una polaca, con una japonesa, con el portero de Trump Tower y con todo aquel que me propuso sacarle más trapos sucios a la vieja bruja Hillary Clinton”.

En el primer momento, a la primera amenaza hubiera lanzado un mensaje diciendo: “Yo soy el hijo del hombre más poderoso del mundo, y voy a hablar, y hablé, con quienes me salga de las entrañas”.

Desde luego, tengo que aclarar  que si el hijo de Trump fuera yo (“Estebita Trump”, cien por ciento anticomunista) hubiera mandado a la rusa -por si acaso- para casa del carajo.

Pero este muchacho debió darles la misma respuesta que daba yo cuando caía preso en Güines y los esbirros querían echarle la culpa de mi proceder a mi padre y a mi tío Enrique Fernández Roig. Yo invariablemente les constaba “¿Quién está preso aquí, mi padre, mi tío o yo?”.

Es decir que lo que hay que hacer es SUBIRLES LA PARADA a la prensa, a todos los adversarios y hasta al FBI.

Y lo antes dicho no es de mi cosecha ni de mi creación, eso lo aprendí de uno de los hombres más valientes y combatientes que ha dado el exilio cubano: el capitán piloto René García Gamboa (en la foto) de la Brigada 2506 y de la lucha en El Congo.

Hubo una época en que el FBI me tenía loco visitándome y acusándome de haberle pedido ayuda a Sur África y a Rhodesia para La Voz de Cuba y para la causa cubana en general. Hubo uno que me amenazó diciéndome: “¡Vamos a tener que declararte AGENTE EXTRANJERO!”

Yo me preocupé y llamé a René que sabía de su peregrinar por muchas naciones en busca de recursos para la guerra contra Castro.

Le expliqué mi dilema y me dijo: “Diles lo que yo les digo”. “¿Qué cosa René?” Y me dijo: “Diles que sí, que les pediste ayuda a los surafricanos, a los rhodesianos, y que ahora les vas a dar una la lista de 15 países que quedaron en darte respaldo, así es que pideles que te declaren agente de 17 países”.

Lo hice, se los dije así mismo, y me viraron las espaldas, se rieron y se fueron con el rabo entre las piernas.

Si eso lo hice yo que no soy nadie, ¿Por qué este muchacho no se pone los pantalones bien puestos y manda a todo el que lo acuse a freír espárragos?

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