ANÉCDOTA SOBRE REGALADO Y REMOS

por Esteban Fernández

Comienzo con un largo preámbulo para aclarar que esto no es un referendum sobre Tomasito Regalado. No es necesario que reciba un aluvión de críticas ni de elogios de Tomás Regalado. Este escrito no es para aplaudirlo ni criticarlo. Estoy al tanto de su éxitos, errores y fracasos.

Le agradezco que me entregara un pergamino nombrando al 12 de Agosto como el Día de Esteban Fernández en Miami, pero también sé de sus meteduras de pata.

Esto es para contarles que tuve la oportunidad de convertirme en íntimo amigo del ex alcalde de Miami y nuevo Director de Radio Martí, Tomás Regalado, pero debido a mi apasionamiento con las cosas de Cuba desaproveché el chance.

Aunque quede claro que somos “conocidos” y siempre al coincidir hemos sido amables de ambas partes. Vaya, nos tratamos de “Estebita y de Tomasito”.

El inicio de todo comienza cuando “La Voz de Cuba” trajo de Miami para participar en un acto a Tomás Regalado y a Ariel Remos.

Antonio J. Fernández y yo inmediatamente brindamos nuestras residencias para alojarlos. Rápidamente yo escogí a Ariel para que quedara en mi casa. Como periodista, como ser humano y como hijo del gran Juan J. Remos era para mí un héroe. Mientras a Tomasito lo desconocía, simplemente había escuchado hablar bien de él.

Por lo tanto, Tomasito se quedó en la residencia de Tony Fernández y Ariel en mi casa. Tomasito se salvó porque Tony lo llevó a un montón de lugares turísticos como Disneyland.  

Mientras tanto, el pobre Ariel se dio tremendo embarque quedándose conmigo. Hasta las tres de la mañana yo lo mantenía despierto conversando de Cuba. A última hora le dije: “Señor Remos ¿quiere que lo lleve a algún lugar?” Y humildemente me dijo: “No chico, sólo llévame al recién estrenado Hotel Bonaventure, vamos al lobby por unos segundos porque mi familia me pidió que fuera allí y les recogiera unos “brochures” o folletos, no sé para que los quieran”.

Ese fue el único “entretenimiento” que le brindé durante su estancia en mi casa. Un día parece que ya estaba aburrido y me dijo: “Esta noche no vamos a hablar, simplemente consígueme una guitarra que te voy a cantar algo”.

Pero el hombre tenía tremendo sentido del humor y cuando lo llevé al aeropuerto le dije: “Ariel, disculpe que sólo vino para hablar de la libertad de Cuba conmigo y para brindarnos su bello discurso en el acto”. Me miró, se sonrió y me dijo: “No te preocupes, yo me voy en el mismo avión que Tomasito, y en el viaje le pregunto ¿cómo es California? y le pido que me enseñe algunas fotos de Los Ángeles”.

Al final de la jornada, yo me quedé siendo eternamente íntimo amigo de Ariel Remos, y para Tomasito fui “Aquel joven que le dio tremendo palique a Ariel y no lo sacó ni a la esquina”.

Sin embargo, Tomasito olvidó que lo tiré a mondongo, que preferí a Ariel por encima de él, y ya les dije durante mi última visita a Florida hace un par de años me entregó “un diploma” y tuvo un bello gesto conmigo.

Así es que la próxima vez a que venga a California no lo voy a llevar a La Montaña Mágica pero lo llevo a comerse un sándwich en El Cochinito.

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