APRENDER DE ESTA HISTORIA… PARA NO REPETIRLA

Por, Luis Conte Agüero

Me he incorporado a estas páginas tan especiales porque el periodismo histórico  informa y forma, inspira y educa. Como nuestro pasado, ellas cargan dulzor de azúcar y amargura  despótica; expresan orgullo de patria y desgarramiento por verla fusilada. Busca el alma compañía en el viaje por el cuerpo de una historia alucinante que tras la tragicomedia absurda del castrato y de antes, espera y procura un destino de grandeza.

Nuestra historia es tan trágica y absurda que urge aprenderla para no repetirla, tras hacer que pase este pasado que no acaba de pasar. Duele que tanta tragedia no aleccione ni guíe. Y hasta ahora es así, aunque el arca atesora esencias y acentos que trascienden de acontecimientos universales y nacionales, y de personas relevantes o hechas relevantes por el hecho.

¡Tanto dolor debe ser lección! Si la historia fija lo sucedido, relata la continuidad del devenir, analiza los tiempos cual vasos de acontecimientos, y ordena perspectivas. Esta épica de material compilado de las obras humanas, debe inspirarnos realmente en  supervivencia, vida mejor, idealismo común.

Aunque el comunismo plantea que la lucha de clases mueve la historia y la razón económica determina en última instancia, el  amor nos interesa tanto como los intereses, y en nuestra conducta pesan complejidades materiales, morales y espirituales; sin que un impulso único lo defina con monotonía patológica.

¿Cómo explica el comunismo el sentimiento patriótico que nos mueve? En épocas sin moneda ni trueque, cuando todavía los romanos no habían dicho “doy y das”, el hombre construyó su historia alrededor del dios del clan.

La lucha de clases e individuos en busca de justicia conlleva elementos morales y lleva a ellos. La fe religiosa moviliza poderosamente la acción popular. Una casta sacerdotal que se engarce en el poder para expoliar creyentes, no la integran aquellos que siguieron las voces y visiones de Juana de Arco, que combatieron en las cruzadas, que fundaron misiones en católicos países primitivos, buscaron con Moisés la tierra prometida, peregrinaron en el barco Mayflower para encontrar en otras tierras su libertad religiosa.

Ni casta explotadora ni masa explotada; gente apasionada por algo más que la contabilidad de su comercio y capaz de renunciar a comodidad y fortuna por un ideal de luz.

¿Qué factor económico alza en héroe a una persona común frente a un cataclismo, una avalancha, un simún, un ras de mar, un huracán?

Cuando Simón Bolívar reta en el templo de San Jacinto al terremoto de Caracas, su batalla interior es psicológica, no económica. Las epidemias en Europa de peste negra o blanca, lo asolaban todo y obligaban a buscar espacios de salud. El azar se incrusta misteriosamente en las causales históricas.

Fulgencio Batista permitió a Fidel Castro salir de la prisión de Isla de Pinos y de Cuba, preparar una expedición en México, desembarcar en la Isla y consolidarse en la Sierra Maestra. ¿Incapacidad? ¿Exceso de confianza? ¡Nada económico!

Yo (foto de la izquierda) contribuí al impresionante estado de opinión pública desde el Comité Pro Amnistía a favor de quien creía un demócrata y se declaraba anticomunista.

Juntamente con razones económicas, pasiones de justicia, etnia y raza influyeron en la Guerra de Secesión en los Estados Unidos, como estos elementos y otros históricos y religiosos, determinaron enfrentamientos entre judíos y palestinos, judíos y nazis, irlandeses católicos y protestantes.

En el año 532 la Sublevación de Nika (palabra contraseña de “victoria”) que por poco derroca a Justiniano I del trono de Constantino, surge de un enfrentamiento deportivo, como hoy  pasiones feroces se desatan en partidos de balompié o soccer.

En las guerras cuentan el imponderable, el instante cambiante, el toque mágico o fatal de gracia y fortuna.

El comunismo recita una sociedad sin clases donde se detendrá la historia y el obrero gozará de un idilio eterno con la alegría, teoría que no resuelve quién dirigirá a los obreros, administrará su trabajo y cumplirá las tareas degradantes; quién nacerá necio y quién inteligente; quién será laborioso y quién haragán; quién bueno y quién malvado. Esa panacea para detener la historia en un pasmo de felicidad no variaría la naturaleza de las gentes y las cosas, ni ocuparía el lugar de lo sagrado, de lo imprevisto, lo inexplicable, lo ineluctable. Siempre habrá normas de cortesía y moral, códigos de leyes, gamas de sentimientos.

Aunque los hay, el mundo no se reduce a explotadores contra desheredados y parias en conflicto revolucionario. Sin revolución alcanzaron los aztecas una jerarquía notable. Ninguna fábrica alimentaba a la clase dominante entre los indios siboneyes o los taínos de Cuba o los caribes de Santo Domingo. Y la Reina Isabel, aunque no necesitó empeñarlas, ofreció sus joyas para financiar los planes descubridores de Cristóbal Colón. Colón no encontró la India que buscaba sino América, y en tal cambio actuaron cálculos erróneos de tiempos, vientos, rumbos.

El desarrollo social no mueve la aguja imantada hacia el polo magnético boreal, ni traza las rutas de las armadas y las embarcaciones piratas. Antagonismos de patronos y obreros no crearon las civilizaciones egipcia, caldea, asiria, ni los toros alados de Asurbanipal, ni la locura de Nabucodonosor.

Los celos suscitaron la guerra helénica troyana, y mucho contaron históricamente la disputa entre el Rey Saúl y David, los conflictos de Electra y Medea, la ejecución de Ana Bolena, la locura de la Reina Juana.

La conquista del Santo Grial, la teoría de la relatividad y la desintegración del átomo, la radicación del uranio, el principio que gobierna la creación de la bomba atómica o la de hidrógeno. ¿Cómo ignorarlos? La filosofía en Alejandro de Macedonia, el enamoramiento de Marco Antonio y Cleopatra.

Aunque pretenda profundidad y sabiduría, el comunismo equivale a degenerado catecismo para ignorantes y el mantenimiento de la ignorancia.  Pleito de perros por un trozo de bofe. Almacén utilitario donde no hay rosa ni arco iris, la belleza es superfluo producto de la superestructura del capital, y los trabajadores sólo buscan patatas hervidas.

Para eso no hubo inmolaciones cristianas en el circo, ni los misioneros se adentran en la selva y enseñan y curan. Dios no es fórmula química de laboratorio, ni el alma humana odia el amor, ni la envidia y la codicia son palancas únicas del quehacer humano. Cuentan la caja fuerte y el beso, la cuna y la cama, el pan y la dignidad, la musculatura y la sed de ser.

Cuenta todo. Y la economía cuenta mucho. Negar lo económico sería negar historia misma. Clanes y tribus viajaban en busca de alimentos, agua, subsistencia. Las ciudades se asentaban a la orilla de los ríos y en tierras feraces. Y con tal instinto de vivir y por ese instinto, suma el ser humano el ala a la raíz.

¿Clamo en el desierto? No lo creo. Y se impone reconocer que debilidades ideológicas llevan a los fracasos que sufrimos.  Publicistas y publicaciones como ésta se enorgullecen de no ser meretrices del negocio sino cruzados del ideal.

Un Comentario sobre “APRENDER DE ESTA HISTORIA… PARA NO REPETIRLA

  1. Maldito el soldado que empuñe su arma contra su propio pueblo. (Simon Bolivar).

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