AQUELLOS POLVOS TRAJERON ESTOS LODOS: INFLUENCIA EN LOS DOS PARTIDOS. ¿QUÉ PASA CON LOS ESTADOS UNIDOS?

Del libro: ¿Qué pasa con EE.UU.? DE Salvador Borrego E.- México 1986

El comunismo fue el único beneficiado al término de la Segunda Guerra Mundial. Por lo pronto se apoderó de Polonia, media Alemania, Rumania, Bulgaria, Lituania, Letonia. Estonia, Albania, Yugoslavia, Hungria y Chekoslovaquia, con 117 millones de habitantes y enormes recursos materiales.

La Fuerza número dos, que durante la Guerra había sido forzada a guardar silencio, empezó nuevamente a dar señales de vida. Un importante sector del ejercito vio con alarma que país tras país, de la Europa Central, estaban siendo obsequiados a la URSS, al parecer por los “pactos secretos de Yalta y de Postdam”, entre Stalin, Roosevelt, Churchill y Truman.

El más autorizado de los generales norteamericanos, George S. Patton, pedía al término de la Guerra, que se obligara a la URSS, a regresar a sus fronteras y a dejar libres los diez países que estaban ocupando. El ejército de Estados Unidos, decía Patton, podía incluso derrotar a los soviéticos fácilmente “porque, aunque tienen buena infantería, carecen de artillería, fuerza aerea y tanques y no saben usar las armas combinadas, mientras que nosotros sobresalimos en las tres cosas. Si llega hacerse necesario luchar contra los soviéticos, cuanto antes lo hagamos mejor será.”

Las opiniones de Patton tenían gran influencia en el ejército y la “opinión pública norteamericana”. Al igual que Lindbergh, llegó a mencionar la palabra “judío” y esto le costó ser criticado y ridiculizado por las grandes medios de comunicación, ya en manos de un grupo poderoso que dejaban sentir su gran influencia. Ya no era el héroe que había sido en los combates, sino un “belicoso y presuntuoso” militar. Cinco meses después de terminada la Guerra-que Patton habia ayudado a ganar- fue relevado del mando.

Dos meses después su automóvil fue embestido, por un camión militar, se le hospitalizó, hubo una series de complicaciones y murió.

Otro de los eminentes portavoces de la Fuerza Numero Dos, era el general Henry H. Arnold, comandante de la fuerza aérea. Abogaba para que la aviación Norteamericana conservara su supremacía sobre la URSS, en vez de ser desmovilizada, como estaba haciéndose a gran prisa.

El crítico militar Horacio Baldwin revelaba que Washington le venía entregando a la URSS importantes secretos alemanes, relacionado con las nuevas armas. El diplomático William C. Bullit señaló que Norteamerica estaba perdiendo la paz; que su desmovilización militar era precipitada, como si fuera todo hecho a propósito; que la ONU no garantizaba la libertad; que el enorme botín de armas capturado por Estados Unidos en Alemania estaba siendo destruido, en vez de aprovecharlo para reforzar a las naciones amigas.

James V. Forrestal -Secretario de la Defensa, con jurisdicción sobre Ejército, Marina y Aviación-(foto de la izquierda) se opuso infructuosamente a que el Departamento de Estado (con aprobación del Presidente Truman) entregara China a los comunistas. Forrestal decía que el antiguo aliado, Chiang Kai-sek no debería ser abandonado, en tanto que el Secretario del Tesoro, Morgenthaw, le bloqueaba el abastecimiento del petroleo y Dexter White y Salomón Adler le “torpedeaban” a China su moneda para provocar una crisis. La cual facilitaba el camino a los guerrilleros comunistas.

También se oponía Forrestal a que se le entregaran a Moscú secretos de la Bomba Atómica, cosa que ya había empezado a ocurrir mediante el llamado “Intercambio Científico”. Y a la vez criticaba que los partidos Republicano y Demócrata intercambiaran compromisos secretos con los líderes de la resistencia hebrea (actuando desde la cúpula) con tal de ganar apoyo para sus respectivos candidatos.

Esto le ocasionó una llamada de atención de Bernard Baruch, consejero de Truman, “para que se mostrase menos activo al respecto.” Pero Forrestal no hizo caso y el Presidente Truman lo destituyó en Marzo de 1949, después de un ataque ofensivo de la Prensa. Más tarde fue internado en el Hospital de Bethseda, para ser “tratado de depresión nerviosa.” Poco tiempo después apareció muerto en un patio adyacente al Hospital, supuestamente se había lanzado desde el piso 16º, con el cinturon de su bata enredado en el cuello, certificando su muerte como suicidio.

Enmudeció así, de una vez, la voz autorizada de James V. Forrestal, pero otras muchas siguieron denunciando que, a  alto nivel había complicidades con el comunismo, “ya fuera por ineptitud o por traición”.

Ya eran tantos los denunciantes que no resultaba possible que todos murieran en un accidente como Patton, o que se suicidaran como Forrestal.

Nota actual de Nuevo Acción: Como se puede observar, los Clinton y sus aliados, aparentemente, han heredado y asimilado muy bien y en beneficio propio la táctica de los “suicidios” de la gente que pueda comprometerlos. 

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