ARGENTINA: EL FRACASO DE UNA NACIÓN.

DESORDEN, PATRIOTERISMO BANANERO, SAQUEO Y DESPILFARRO DE LOS RECURSOS NATURALES

BD (R).- La contundente victoria del peronista Alberto Fernández en las elecciones primarias argentinas este domingo confirma el diagnóstico: Argentina no tiene remedio.

«No se olviden de lo que, más al sur, en Argentina, ha pasado en las elecciones de ayer. La banda de Cristina Kirchner, que es la misma de Dilma Rousseff, de Hugo Chávez, de Fidel Castro, dio señales de vida», ha dicho el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, durante un evento en Pelotas, municipio del Estado de Río Grande do Sul, uno de los que hace frontera con Argentina. «Pueblo gaúcho, si esa gentecilla de izquierdas vuelve en Argentina, nuestro Río Grande do Sul podrá convertirse en un nuevo Estado de Roraima», ha añadido, en referencia al estado de norte de Brasil que hace frontera con Venezuela y que ha recibido a cientos de miles de refugiados en los últimos años.

Con respecto de la calamitosa situación imperante en la Argentina, conviene ante todo llamar a las cosas por su nombre y renunciar, en aras de una mejor comprensión de la cuestión, a esos eufemismos (piadosos o no) tan caros, por cierto, a una sociedad que ha hecho del culto a las apariencias una de sus más destacables señas de identidad.

La Argentina no está pasando por una crisis, esta es una valoración compasiva e inexacta. No es indispensable recurrir al diccionario para comprobar que el término no se ajusta a la realidad y se encuentra superado por los acontecimientos. La crisis no es un estado indefinido, permanente, duradero. Es un agravamiento de una enfermedad, una recaída en un proceso de recuperación, un percance, más o menos grave, prontamente superado. Lo que define una crisis es su carácter temporal, transitorio, limitado: un paréntesis regresivo antes del restablecimiento o la fase final del acabóse.

DESORDENES EN ARGENTINA

El estado de crisis prolongada, crónica, que viene padeciendo la Argentina desde hace décadas ha desembocado en lo que hay que nombrar sin tapujos: en el fracaso de una nación. La Argentina no está simplemente enferma, está moribunda, postrada en un estado agónico que no es únicamente la expresión descarnada de un descalabro económico y político sin precedentes, sino la etapa final de un largo proceso de degradación social, moral, cultural, que ha venido socavando las endebles estructuras de un país construido sobre la arena, y que ha conducido a la quiebra de un Estado incapaz ya de garantizar lo elemental a sus ciudadanos.

Como proyecto político la Argentina ha fracasado y urge una refundación del país sobre bases más acordes a sus verdaderas posibilidades, y sobre todo sobre los cimientos de una cultura de moralidad y eficiencia, cosas absolutamente desconocidas para una clase política argentina que es el reflejo de los profundos vicios sociales y el hundimiento moral de toda una nación.

El desorden, la indisciplina, la insolidaridad, el patrioterismo bananero, la corrupción generalizada, el saqueo inmisericorde y el despilfarro de los recursos nacionales por parte de unas clases dirigentes y unos grupos económicos ineptos y desalmados han llevado el país al caos y a la ruina.

Alguien dijo alguna vez que había cuatro clases de países: los desarrollados, los que están en vías de desarrollo, Japón (país sin recursos naturales que es una potencia económica mundial) y Argentina (país que tiene de todo en profusión y es un país atrasado).

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La sociedad argentina ha logrado lo más difícil: pasar hambre en un país de abundancia (ver los índices de malnutrición, propios de un país africano). En la Argentina el hambre no es el fruto de la carencia o la escasez (es un primerísimo exportador de cereales y carnes), sino de la profunda incuria de las clases dirigentes y de su incapacidad fundamental para construir un Estado organizado, coherente y moderno.

En estos graves momentos resuena, con un severo eco, el perentorio consejo (ya casi octogenario, pero más vigente que nunca) de Ortega y Gasset: “¡Argentinos, a las cosas!”.

Un Comentario sobre “ARGENTINA: EL FRACASO DE UNA NACIÓN.

  1. Es lamentable que un país, que progresó basado en la construcción de 1853, de Juan Bautista Alberdi, y que cincuenta años después de ese legado llegara a ser uno de los países mas ricos de la tierra, hoy en día este ahogado en la miseria económica y moral producto del populismo socialista de Juan Domingo Perón y su agraciada Lolita. Bochornoso debería ser para todos los argentinos que un país riquísimo en calidad humana preparada e inteligente, y en recursos naturales inimaginables, este viviendo en la miseria que sus hijos le han dejado debido a su corrupción y engreimiento. Y, hayan sido capaces de volver a elegir a la presidencia a quien no le bastó la primera vuelta y regrese a robar aun mucho mas con la anuencia de un pueblo ignorante que no fue capaz de llevarla a prision en vez de a la Casa Rosada.

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