BOLIVIA: EL ÚLTIMO DE LOS MOHICANOS

EVOMORALESAYMAHUMBERTOVACAFLORGANAMPor, Humberto Vacaflor Ganam 

Los países del ALBA están haciendo todo lo posible por ayudar al último de los líderes de esa tendencia que queda en el poder en Sudamérica, y lo están haciendo sin cuidar las apariencias.

La señora Cristina Kirchner, desde el ostracismo al que ha sido condenada por su derrota en Argentina, está enviando emisarios sindicales a Bolivia para advertir a los bolivianos sobre los riesgos de que gane la “derecha”. Incluso el exembajador Ariel Basteiro se sumó a esta campaña, llegando de improviso.

La señora Dilma Rouseff está ofreciendo todo para salvar a Evo Morales. O Globo dice que una de las represas del Madera será ampliada para que Bolivia ingrese a la sociedad y pueda vender energía a Brasil. Y que Brasil se propone invertir para llevar adelante el proyecto hidroeléctrico de Cachuela Esperanza.

Los venezolanos saben que sólo pueden hacer un aporte para salvar al último de los mohicanos de ALBA, que es asesorando para torcer los resultados de las elecciones. Es todo lo que saben hacer, o por lo menos sabían hacer antes de la derrota que sufrieron.

También Rusia se incluye en esta cruzada. La Gazprom llega a Bolivia y dice que, según sus cálculos, el bolsón de gas natural que Repsol dice haber descubierto dentro del campo Margarita, tiene 4 TCF de gas natural.

Las empresas que saben aquello de medir reservas probadas, en cambio, no han dicho una palabra. Nadie les ha pedido una opinión. Pero españoles, venezolanos y rusos se prestan a asegurar que las reservan han crecido.

Y un “experto” venezolano lanza la versión de que, por los indicios de la sísmica, en Lliquimuni, al norte de La Paz, hay más gas que crudo

Todos lo tienen que decir ahora, cuando se avecina el referéndum.

Hay algún error en la campaña. Con esos argumentos podría ganar adeptos en una bolsa de valores, o en un consorcio de empresas, pero no en un electorado que ahora está angustiado por los muertos de El Alto.

Se trata de remontar unos veinte puntos porcentuales, pero todo indica que es muy tarde. Las elecciones más controladas de la historia del país están a punto de mostrar que también los bolivianos le dicen no al soborno del asistencialismo y al oprobio del narcotráfico, como lo hicieron argentinos y venezolanos.

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