CANTACLARO

ELGALLODECANTACLARO

“De ‘naide’ sigo el ejemplo, ‘naide” a dirigirme viene, yo digo lo que conviene, y el que en tal ‘gueya’ se planta, debe cantar, cuando canta, con toda la voz que tiene”
José Hernández en “Martín Fierro”

ALDOTROFEOFOTOCHICAPor Aldo Rosado-Tuero

«Nuestra espada no nos la quitó nadie de la mano, sino que la dejamos caer nosotros mismos”- José Martí, refiriéndose al pacto del Zanjón

La historia muchas veces se repite. Mi abuelo mambí me contaba que “La Paz del Zanjón”  produjo una sensación de derrota y apatía entre los patriotas independentistas que hizo que muchos se sintieran tan frustrados que abandonaron la idea de seguir luchando y se olvidaran de los compromisos firmados con sangre hermana, contraídos durante  la Guerra de los 10 años, y citaba nombres conocidos que abandonaron el país y otros que se quedaron y se dedicaron a sobrevivir en paz dedicándose a sus negocios o a labrar la tierra, como él mismo; pero también me decía que hubo una resuelta minoría que como Maceo en Baraguá, demostraron su enorme coraje y su vergüenza en el compromiso y el juramento hecho cuando se fueron al monte, iendo aún más lejos que Maceo…y mencionaba dos nombres que él—conociendo a los protagonistas—me aseguraba que a pesar de la fama de valientes  de los Maceo, estos los superaban en valor: Ramón Leocadio Bonachea y Juan Bruno Zayas.

Hoy en día después de la consumación de la mojiganga Obama-Raúl, y “el nuevo Zanjón”, veo tristemente como el panorama se va pareciendo tanto a esa etapa de la que a mi insistencia, me narraba mi abuelo mambí.

Patriotas probados en la lucha, han decidido recogerse en sus “cuarteles de invierno”; luchadores que nos han ayudado con su pluma en todos estos años, han engavetado sus plumas y sus bríos y, como afirmara el Apóstol “dejaron caer la espada, sin que nadie se las quitara”.

Pero ocurre que la patria no puede esperar a que nos sacudamos la apatía o que nos volvamos a ilusionar. La patria reclama nuevas y olvidadas posturas que reediten las hazañas de los Maceo y Bonachea o Juan Bruno y sus seguidores anónimos cuyos nombres la historia no recogió.

Y yo, eterno optimista, que se niega a colgar los guantes, vivo convencido que, pese a los malos augurios y las ominosas señales que indican una definitiva derrota, en cualquier momento, como algunos años después de la forzada “Paz del Zanjón”, renacerán los ánimos y algunos “viejos robles” encenderán la antorcha apagada por los vientos de la traición;  y se unirán a muchos “pinos nuevos”, que cansados de abusos, traidores y aprovechados disfrazados de “opositores”, habrán de rescatar para salvar para la historia el honor de un pueblo, que ha vivido tantas décadas de borreguil sumisión.

Confío en que he de ver, como mi abuelo y sus compañeros, el retorno a la lucha de muchos, que perdieron momentáneamente los ánimos, para algunos años después, llenos de bríos  incorporarse otra vez a la lucha, para iniciar la Guerra de Independencia, que esta vez logró la República.

A mis hermanos, les recuerdo que “la revolución es la obra de una resuelta minoría inasequible al desaliento” y que hay que templar el espíritu, porque aún nos esperan nuevas batallas.

No nos dejemos abatir por las adversas circunstancias. El futuro se puede cambiar. “Con esperar allá en lo hondo del alma, no se fundan pueblos”. ¡ARRIBA CORAZONES!

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