CANTACLARO

Por Aldo Rosado-Tuero

“De ‘naide’ sigo el ejemplo, ‘naide” a dirigirme viene, yo digo lo que conviene, y el que en tal ‘gueya’ se planta, debe cantar, cuando canta, con toda la voz que tiene”

José Hernández en “Martín Fierro”

Algunos de los nuevos lectores de Nuevo Acción, que tal vez no sepan de la misión impuesta por voluntad propia cuando fundamos este órgano cibernético, se preguntarán el porqué de nuestra constante denuncia pública contra los que toman a la causa de la lucha por la libertad de Cuba y los propósitos de terminar con la tiranía castrista como una excusa para estafar, enriquecerse y usar fondos de esa lucha para su provecho personal.

¿Porque el Director de este órgano es un camorrista y le encanta armar broncas? No. Nada más lejos de la verdad ¿Porque quien esto escribe aspira a ocupar una posición en una futura Cuba liberada del castrismo y quiere eliminar desde ahora a posibles rivales. Mucho menos. ¿Porque aspiro a que me den un grant y miro a esta gente como rivales? Muchísimo menos. Conocida es mi adversión a solicitar o a recibir fondos de organismos de gobiernos extranjeros para luchar por Cuba. Con 80 años de edad, con un holgado retiro y una familia que incluye a tres generaciones de cubano americanos nacidos en este país, no tengo nada que ir a buscar a Cuba. Es más, mi sueño de hace algunos años, de regresar a mi patria de nacimiento, para pasar los últimos días de mi vejez allí y ser enterrado en Cuba, ha ido opacándose a ojos vistas y ya ni siquiera aspiro a vivir en Cuba, si la tiranía fuese derrotada.

Lo he dicho muchas veces en los últimos años. Mi única aspiración es combatir a los que oprimen a mi pueblo, con todas mis fuerzas y no acostarme un día sin haber hecho algo por joderle el día a algunos de los cómplices, esbirros y agentes de la tiranía. Estar en paz con  mi conciencia y saber que no les he fallado a mis hermanos muertos, junto a los que juré no cesar hasta ver a la tiranía decapitada.

Siendo completamente sincero conmigo mismo he llegado a la conclusión de que posiblemente haya algo de egoísmo en mi actuar, pues este combate a todo lo que huela a fidelismo o a conducta antipatriótica, me sirve como una terapia para aminorar la culpa que siento de no haber caído  en combate contra los enemigos de la libertad de Cuba, como le ocurrió a tantos hermanos míos y haber quedado vivo, cuando siempre pensé que yo no llegaría a los 40 años de edad vivo.

Pero Dios, la Providencia, la suerte o como quieran llamarle, me permitió salir incólume de muchos líos y aventuras, y esto me compromete moralmente a hacer lo imposible por cumplir la promesa hecha a mis hermanos caídos en el cumplimiento del deber y si ya las condiciones físicas me impiden convertirme en soldado, tengo el deber de desenmascarar a los que con sus infames conductas no sólo entorpecen  la libertad, sino que contribuyen al desprestigio de una sagrada causa y en muchos casos, sirven a la tiranía.

El gran escritor ruso Alexander Solzhenitsyn  definió magistralmente lo erróneo de conocer el mal y no denunciarlo. Dijo:

“Cuando callamos el mal, lo metemos en el cuerpo para que no asome: lo estamos sembrando, y mil veces volverá a brotar en el futuro. Si no castigamos y ni siquiera censuramos a los malvados, estamos haciendo algo más que cuidar su miserable vejez: estamos socavando por debajo de las generaciones futuras todas las bases de la Justicia. Por eso crecen “indiferentes”, no por la “débil labor educacional”. Los jóvenes asimilan que la vileza jamás se castiga en la tierra, que ayuda a prosperar. ¡Qué incómodo y que terrible será vivir en un país así ! “

Por eso considero que el último favor que le puedo hacer a las jóvenes generaciones de cubanos que han decidido tomar la antorcha del relevo y levantan la bandera de lucha para lograr no solo una Cuba libre de tiranías, sino una patria donde prime la honestidad y el respeto al erario público y en la que la ética sea la ley primera, es no callar ninguna ignominia que conozca y de la que tenga pruebas, porque si no limpiamos desde ahora las filas de los que han de sustituir a los actuales detentadores del poder, podríamos volver a caer en el abismo nuevamente, porque estos tramposos canallas, tendrían la oportunidad de descarrilar el tren de la Nueva Cuba.

Claro que este papel de fiscal es incómodo y muchas veces impopular, pues muchos culpan al que denuncia lo mal hecho y no al malhechor. Porque la mayoría de la gente sensata, cuando tienen noticias de cosas mal hechas, no se busca problemas y enemistades aun a sabiendas de que actúa mal, pero tratándose de cosas de la patria, yo estoy dispuesto a correr todos los riesgos, afrontar todos los peligros y  a seguir cumpliendo con la tarea de separar la paja del trigo, para al menos, poder morir tranquilo, teniendo la satisfacción de que en algo contribuí a limpiar el camino para las jóvenes generaciones y que los verdaderos líderes del anticastrismo sepan de quienes tienen que cuidarse y a quienes tienen que repudiar.

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