CANTACLARO

CANTACLAROPARAILUSTRARPor, Aldo Rosado-Tuero

“De ‘naide’ sigo el ejemplo,‘naide” a dirigirme viene, yo digo lo que conviene, y el que en tal ‘gueya’ se planta, debe cantar, cuando canta, con toda la voz que tiene”

José Hernández en “Martín Fierro”

Tal pareciera—y esa es la impresión que se da con la inmovilidad de la dirigencia (¿o habrá que calificarla de autonombrada dirigencia?) del exilio—de que ya el castrismo es el dueño de Miami y los anticastristas han abandonado el campo al enemigo y han aceptado resignadamente su derrota.

Cada día que pasa la quinta columna, los agentes de influencia sembrados aquí por la tiranía, los “compañeros de viaje” y los tontos útiles son más audaces y atrevidos, porque no encuentran ninguna resistencia digna de ser tomada en cuenta.

Este fin de semana se ha reunido en un hotel miamense lo mejor y más granado de la infiltración castrista para seguir en su labor de zapa y propaganda para lograr sus objetivos (ver información al respecto en esta misma edición) y no hubo ni siquiera una pequeña manifestación en su contra.

¿Dónde andaban Vigilia Mambisa y su aplanadora? ¿Qué hacían ese día los dirigentes y militantes de tantas organizaciones anticastristas de este exilio? ¿Por qué no convocaron La Junta Patriótica Cubana, La Unidad Cubana, Los Municipios de Cuba en el Exilio, El Directorio Democrático, el Partido Liberal, La Brigada 2506, el Partido Republicano de Cuba, el Gobierno Constitucional de Cuba en el exilio, Los Veteranos cubanos de la Crisis de octubre y tantas otras organizaciones, que se pasan la vida mandando comunicados de prensa?

Y los comentaristas radiales que han logrado sus ratings a cuenta de exhibir su anticastrismo, ¿Por qué callan?

Los veteranos luchadores que nos decimos irreductibles y que periódicamente nos reunimos en la finca Media Luna ¿Por qué observamos en silencio esta indolencia general de el “liderazgo actual” del exilio combativo? ¿Qué hacíamos ese sábado? El hecho de que ya no seamos líderes de nada, no apetezcamos glorias ni posiciones y no aspiremos a nada, no nos exime de nuestra culpa. Debimos haber sido—y debemos serlo en el futuro—una punta de lanza que empuje a los que se han abrogado el liderato del conglomerado de anticastristas de verdad a dar la batalla cada vez que la Quinta Columna asome la cabeza. Yo por mi parte entono mi mea culpa y acepto mi responsabilidad y me pongo como un soldado más al servicio de los que se dispongan, sin dar ni pedir tregua, a recuperar a Miami para el patriotismo, la dignidad, la vergüenza y el honor.

Yo les pregunto ¿Con qué moral vamos a pedirle a los cubanos que viven en el Archipiélago que tomen las calles, a riesgo de ser apaleados, encarcelados o asesinados, sí aquí no tenemos el valor de hacerlo nosotros, protegidos por la policía y con permisos legales que nos protejan?

Llegó la hora de mandar al carajo e ignorar la propaganda de “que no podemos lucir intransigentes”. Solo con la intransigencia contra la infiltración, la propaganda y la doble moral de los agentes del castrismo que van ocupando a pasos agigantados a Miami, podemos ponerles un alto.

De ahora en adelante, a seguirles en sus planes y cada vez que anuncien una actividad, tenemos la obligación ineludible de convocar—de forma masiva, no con cuatro gatos—usando todos los medios a nuestro alcance para con nuestra presencia militante apabullarlos, demostrando ante la prensa y el mundo que  no les vamos a dejar obtener ni una victoria más.

Si los líderes actuales no se deciden a tomar decisiones y asumir las obligaciones que exigen sus altos cargos, entonces que renuncien y se vayan a descansar al basurero de la historia, donde los habrá conducido su falta de iniciativa y falta de visión política. Y digo esto para no tratarlos con más rigor, porque existen otras más podero$as razones que mueven a muchos, pero la hora es de llamar a unir fuerzas y por lo tanto procede una tregua para esclarecer conductas cuando vengan tiempos mejores, porque si no despertamos, pronto no podremos salir a las calles de Miami, sin que nos ataquen las turbas de “hombres nuevos” gritando que “estas calles son de Fidel”.

 

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