CAPITALISMO Y COMUNISMO ¿LAS DOS MITADES DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL?-III- “UNION ASOMBROSA, EXTRAÑA, INAUDITA”

El escritor ruso Alexander Solzhenitsky, (foto de arriba) milagrosamente escapado de la URSS, hizo una visita a Estados Unidos y les explicó a los obreros norteamericanos que el pueblo ruso se siente unido a ellos, pero que a la vez existe otra “unión extraña, asombrosa, inaudita; me refiero a la alianza de nuestros jefes comunistas con vuestros capitalistas. Esta alianza no es reciente. Armando Hammer, que es muy famoso, puso la primera piedra y dio los primeros pasos en vida de Lenin, al principio de la revolución… Desde entonces, durante estos cincuenta años, observamos un apoyo permanente e ininterrumpido por parte de los hombres de negocios de Occidente a los jefes comunistas soviéticos, socorriéndolos en su economía inepta y absurda…

“El propio Stalin reconocía que dos terceras partes de lo que precisaba la economía de la URSS procedía de Occidente. Y si la URSS tiene hoy unas fuerzas armadas y una policía poderosísima para aplastar nuestro movimiento de liberación, debemos agradecérselo también a vuestros capitalistas occidentales…” (Solzhenitsky no pudo hacer la distinción entre capitalismo apolítico, sano, y Supracapitalismo).

El escritor ruso narró las torturas vividas por los habitantes de la URSS bajo el dominio de un solo patrón (el Estado) y el régimen de “pasaporte interno”; explicó las crueldades en los campos de concentración, que hasta entonces habían costado 44 millones de muertos; el terror ejercido por los jefes de la NKVD, “todos ellos de procedencia judía”… “Los cuarenta mil fusilados mensualmente entre 1937 y 1938…

Es sobrecogedor. El mundo no es analfabeto… Sin embargo, es como si nadie quisiera comprenderlo. La comunidad se comporta como si no quisiera hacerse cargo de lo que es el comunismo. Como si no quisiera entender”.

Tal vez, agregó el escritor ruso, porque “la esencia del comunismo rebasa totalmente los límites del entendimiento humano. Es imposible creer que los propios hombres hayan concebido tal monstruosidad. Precisamente porque excede el nivel de la comprensión humana, por esto tal vez es tan difícil comprender el comunismo… ¡Cuántos hechos concretos ha dado el comunismo a la humanidad! Han retumbado los tanques en Budapest. Como si nada. Volvieron a retumbar en Checoslovaquia. Nada. A otro cualquiera no le hubieseis perdonado. Sin embargo, al comunismo se le tolera todo…” Y volvía a preguntarse Solzhenitsky el porqué de esa “unión extraña, asombrosa, inaudita de nuestros jefes comunistas con vuestros capitalistas”.

La respuesta consiste en que el pueblo americano no ha venido ayudando a los dictadores marxistas; en que el capital sano, americano, tampoco lo ha hecho, pero que la alianza funciona entre el Supracapitalismo de Occidente y el de Oriente.

Ese factor de unión ha existido siempre. En el inicio de la Revolución Soviética actuaba alrededor del presidente norteamericano Woodrow Wilson. Durante todas las reelecciones de Roosevelt estuvo decididamente presente. Lo mismo ocurrió con el presidente Dwight David Eisenhower. Ni Kennedy, católico, escapó al control, ya que de un total de 82 puestos gubernamentales importantes, 64 eran ocupados por gente de confianza del CRE 9Consejo de Relacionex Exteriores). Asesinado Kennedy, nada fundamental varió con su sucesor, Lyndon Baynes Johnson (hijo de Samuel Elias Johnson y de Rebekah).

Nixon,(foto) personalmente ajeno al grupo de los “encubiertos”, no pudo eludir el control del CRE, que le puso como Secretario de Estado a Heinz Abraham Kissinger Stern (conocido públicamente como Henry Kissinger), hijo de rabino, nacido en Alemania y emigrado a Estados Unidos al cumplir 15 años, cuando la Casa Rockefeller lo tomó bajo su protección para encumbrarlo. Kissinger ha sido partidario de llegar a “una comunidad supranacional”, o sea, al Gobierno Mundial, meta de la Revolución. Y fue tan grande el “mareaje” alrededor de Nixon que resultó fácil hacerle un ridículo escándalo, por unas cintas, derribarlo y substituirte con Gerard Ford. De paso, Kissinger había consumado la entrega de Vietnam, Laos y Camboya al comunismo.

El presidente Ford era considerado un “Rockefeller-boy” (muchacho de Rockefeller). Su sucesor, Cárter, fue sacado del anonimato y promovido a la Presidencia por el CRE, por la Comisión Trilateral y por la Fundación Rockefeller, con apoyo económico del Chase Manhattan Bank, Citybank, Morgan Cuarranty Trust, IBM, Coca Cola, General Motors, Du Pont y la Fundación Carnegie, y por los grandes medios de difusión.

Cárter fue tan obsequioso con el comunismo internacional -al que le regaló diez países-, que hubo alarma en Estados Unidos y se creó una coyuntura para que llegara a la presidencia Ronald Reagan, quien le quitó al CRE el control del Departamento de Estado (nombrando para ese puesto al general Haig), pero en sus dos primeros meses de gobierno fue duramente criticado por la gran prensa y sufrió un grave atentado, después de lo cual dio marcha atrás en algunos aspectos, aunque logró modernizar el arsenal militar norteamericano.

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