CARTA A LOS MILITARES VENEZOLANOS

EJERCITOVENEZOLANOMilitar Venezolano:

No podrás, aunque quieras, ser sordo y ciego ante la apremiante angustia de Venezuela.  En cualquier momento tendrás que llamar a tu Compañía para tomar las armas para reprimir a una mayoría de tu pueblo que solo pide justicia y respeto. Y por mucho que acalles las inquietudes de tu propio espíritu, no podrás eludir, en las largas vigilias del servicio, estas preguntas inaplazables: ¿qué es lo que está ocurriendo? Este Estado en cuya defensa arriesgo la vida, ¿es el servidor del verdadero destino patrio? ¿O estaré perpetuando con mi esfuerzo una organización política muerta, desalmada y esterilizadora?

Hoy, en nombre de miles de venezolanos e iberoamericanos, quien en estos momentos comparte las mismas incertidumbres, quiere que le acompañes al través de esta carta, en una silenciosa meditación.

LA QUIEBRA DEL ORDEN CONSTITUCIONAL.

Esta última crisis es la consecuencia de la ruptura del orden constitucional vigente que ya no puede soportarse a sí mismo… Ya no es sólo el estado de guerra, convertido en endémico, con su secuela de clausuras, intervenciones y compra de órganos de prensa, prisiones gubernativas y todo lo demás; es la formación de un Gobierno espurio producto de una elecciones amañadas que no respeta la Carta Magna y se ha apoderado de las otras ramas del poder del Estado, incluyendo el organismo que rige las elecciones. Así vive Venezuela bajo la dictadura –ya sabemos cuán justa y austera– del radicalismo, sin que nos falten los diarios alicientes del asesinato, el atraco y la amenaza de quienes, han regalado la soberanía y los recursos de la patria a un Gobierno tiránico extranjero.  Rota toda posibilidad de convivencia, existe el peligro real de una sangrienta guerra civil.

Hoy está ante ustedes la grave responsabilidad que los va a hacer tomar la decisión de enfrentar  o respaldar a una  juventud, que fatigada de todos, de derechas e izquierdas, de Parlamento gárrulo y vida miserable, de atraso, de desaliento y de injusticia, una juventud enérgica que se ha decidido intentar  sacar del Poder a una oligarquía extranjerizante, corrupta que regala los recursos de los venezolanos a gobiernos  extraños para inaugurar, por encima de clases y partidos, una política nacional integradora, ¿qué harán los oficiales? ¿Cumplir a ciegas con la exterioridad de vuestro deber y malograr acaso la única esperanza fecunda? ¿O se decidirán a cumplir con el otro deber, mucho más lleno de gloriosa responsabilidad, de presentar las armas con un ademán amigo a las banderas de la mejor Venezuela?

No soy ajeno el escrúpulo de muchos militares. “Nosotros –dirán– no podemos tener opiniones políticas. En trance de cumplir con el deber, no nos toca juzgar si tiene razón el Estado o los que lo atacan: hemos de limitarnos a defenderlo en silencio.”

¡Cuidado! Normalmente, los militares no deben profesar opiniones políticas; pero esto es cuando las discrepancias políticas sólo versan sobre lo accidental; cuando la vida patria se desenvuelve sobre un lecho de convicciones comunes que constituye su base de permanencia. El Ejército es, ante todo, la salvaguardia de lo permanente; por eso no se debe mezclar en luchas accidentales. Pero cuando es lo permanente mismo lo que peligra; cuando está en riesgo la misma permanencia de la Patria –que puede, por ejemplo, si las cosas van de cierto modo, incluso perder su unidad–, el Ejército no tiene más remedio que deliberar y elegir. Si se abstiene, por una interpretación puramente externa en su deber, se expone a encontrarse, de la noche a la mañana, sin nada a qué servir. En presencia de los hundimientos decisivos, el Ejército no puede servir a lo permanente más que de una manera: recobrándolo con sus propias armas. Y así ha ocurrido desde que el mundo es mundo; como dice Spengler, siempre ha sido a última hora un pelotón de soldados el que ha salvado la civilización.

Queráis o no queráis, militares venezolanos, el Ejército guarda las únicas esencias y los únicos usos íntegramente reveladores de una permanencia histórica, al Ejército le va a corresponder, una vez más, la tarea de reemplazar al Estado inexistente y servir de puente para el establecimiento de un gobierno de unidad nacional que convoque a elecciones libres con garantías y con un nuevo e imparcial Consejo Nacional Electoral.

Hoy están en las calles—poniendo el pecho inerme a las balas asesinas de las turbas chavistas azuzadas por Maduro y Diosdado Cabello—lo mejor de la juventud de la patria, los hijos de la mejor Venezuela, tus propios hijos, hermanos, sobrinos  y ya se alistan paladines de todas las clases sociales e incluso la brava mujer venezolana, para acudir en su socorro en cualquier instante—oficiales, soldados venezolanos– los veréis aparecer frente a vuestras filas. Ese será el instante decisivo; el redoble o el silencio de vuestras ametralladoras resolverán si Venezuela ha de seguir languideciendo o si puede abrir el alma a la esperanza de imperar. Pensad en estas cosas antes de dar la voz de “¡Fuego!”  Pensad que por encima de los artículos de las Ordenanzas asoman, una vez cada muchos lustros, las ocasiones decisivas en la vida de un pueblo. Que Dios nos inspire a todos en la coyuntura.

Viva Venezuela, Viva Cuba Libre, Viva una Iberoamérica libre de comunistas, oligarcas y narcotraficantes.

Aldo Rosado-Tuero

Exiliado cubano, nacionalista, iberoamericanista.

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