CÁTEDRA DE POLÍTICA: LAS DEMOCRACIAS REZAGADAS NO SON APTAS PARA ENFRENTAR AL COMUNISMO

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Por Atilio García Mellid

Las crisis de las democracias frente al comunismo provienen del vacío de autoridad en que han caído los gobiernos que se basan en un régimen institucional supuestamente representativo. Para paralizar el aparato de la dialéctica determinista, que extrae su fuerza de la creencia en el poder ineludible de la materia, se necesita alimentar una fe igualmente absoluta y en las potencias y valores que se oponen a ese irracionalismo. Las “democracias” han agotado su registro de posibilidades en tal sentido. Se manejan con palabras gastadas y con métodos que carecen de resonancia humana, mientras los comunistas conserven la iniciativa, prediquen doctrinas que abran una expectativa en la orfandad moral a que han derivado las multitudes y apelen a tácticas impulsadas por una fuerza interior positiva, tendrán muchas ventajas a su favor. Porque los pueblos necesitan creer en algo, tener una ilusión hacia el mañana y encuadrarse en un orden de jerarquías, del que esperan una seguridad, o como mínimo, la promesa de lograrla. Lo que no ata a los hombres en favor de las instituciones establecidas, suele desatarlos para destruirlas. La decisión de obrar puede resultar de una opción desesperada.

Bueno o malo el sistema de convicciones con que se expresa el comunismo, es lo cierto que en los países en los que ha asentado su poder, lo mantienen con energía, lo imponen con autoridad y no admiten la menor infiltración desmoralizadora. El suyo el magisterio infalible de los instrumentos que maneja para conservar la omnipotencia doctrinaria y preservar un orden de acatamientos incondicionales. Cuando un régimen de este tipo—llamémosle provisionariamente autoritario—se establece fuera de “la cortina de hierro”, al servicio de una concepción del mundo y de una forme de ser que difiere de la por ellos sustentada, desatan una grosera y violenta campaña de diatribas y calumnias, donde los calificativos de “fascismo” y “dictadura” figuran entre los más atenuados. Los poderes tenebrosos de la tierra crean un clima de intimidación al que resulta muy difícil sustraerse. La prensa, que se deja llevar por esas falsas “corrientes de opinión”, secunda tan arteras maniobras. Y no ha de faltar el concurso de “los intelectuales progresistas”, siempre listos para servir a planes de destrucción y caos. Lo mismo si se trata de los bozos vietnamitas que de los antropófagos congoleños.

Así se crea una verdadera atmósfera enrarecida y cobarde, que permite a las democracias baldías de autoridad, justificarse como barreras frente al “extremismo de derecha”, con lo que el extremismo de izquierda logra que se mantenga en cuadro de debilidades y renunciamientos que les concede ancha liberalidad para ejecutar sus planes destructores. ¿Es posible que las democracias liberales, sumidas en voluntaria ceguera, se presten a este colosal suicidio?

Los militantes comunistas aprovechan la estupidez de los regímenes carcomidos y putrefactos para promover el desorden y la confusión, socavando la base de las instituciones que se han propuesto derribar por inservibles. La Universidad, la prensa, la prédica ideológica y todo el sistema que les brinda la “sociedad no comprometida”, se pone en movimiento, para organizar, proyectar y lanzar a la batalla, las disconformidades, rencores y complejos que hacen del hombre un ser potencialmente revolucionario. Los comunistas usan entre nosotros las franquicias y las garantías que en la sociedad comunista están prohibidas. ¿Qué lógica puede respaldar esa desigualdad de procedimientos y oportunidades?

Algunos ejemplos pueden mostrar el dilema en que “el materialismo dialéctico” coloca a la sociedad que se considera a otorgar sin discriminación las llamadas “Libertades democráticas”.

Primera parte del capítulo 5 del libro “Revolución Nacional o Comunismo”.

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