CHOTEO CRIOLLO: ESTA ES LA AUTÉNTICA CARTA DE DESPEDIDA DE ERNESTO GUEVARA A FIDEL CASTRO.

Por, Vicente P. Escobal

“Año de la anticultura” La Habana, 1965

Fidel:

Me recuerdo en esta hora de muchas cosas y me entran deseos de mentarte la madre: de cuando te conocí en “el farolito rojo” el prostíbulo que frecuentábamos dirigido por aquella prostituta vieja y pellejuda llamada María Antonia, de cuando me propusiste fumar marihuana, de toda la tensión para adquirirla en una oscura callejuela del DF.

Un día pasó la policía interesada en saber de dónde provenía aquel olor a cannabis y a quien se debía avisar en caso de una redada, y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Inmediatamente supimos que era cierto, que después de una apetitosa nota revolucionaria puede venir la catástrofe. Muchos compañeros quedaron a lo largo de las calles soltando espumarajos por la boca.

Hoy todo tiene un tono más dramático porque somos más crápulas, pero el hecho se repite. Siento que la marihuana es demasiado apacible y que lo que realmente me engancha es la cocaína. Y me despido de ti, del resto de la pandilla, de eso que llamas “tu pueblo” pero que nunca quise que fuera mío.

Hago formal renuncia a mi condición de segundón tuyo, de mi pipa guerrillera, de mi posición de expresidiario. Nada me ata a Cuba, solo lazos de otra clase que tú me enseñaste a disfrutar.

Mi única falta de alguna gravedad es no haberte ahorcado desde los primeros momentos en la Sierra Maestra y no haber comprendido con suficiente claridad tus apetencias de poder y la maldad de tus propósitos.

He vivido días terribles y sentí a tu lado el horror de pertenecer a esa caterva de pillos y hampones a los que llamábamos compañeros.

Pocas veces cayó tan bajo un narcotraficante. Me arrepiento de haberte seguido en aquellos vacilones, identificado con tu manera de oler, de absolver el blanco polvito, con tu manera de maltratar y de ver y apreciar los kilos que te enviaban de Colombia.

Otras drogas del mundo reclaman el concurso de mis modestos vacilones. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente del narcotráfico y llegó la hora de mandarte a freír espárragos.

Sépase que lo hago con una mezcla de resentimiento y agradecimiento. Aquí dejo lo más puro de mis vicios y lo más querido entre mis drogas más queridas. Y dejo un pueblo que no sabe absolutamente nada de tus triquiñuelas y tus embustes. Eso lacera una parte de mi condición de drogadicto. En los nuevos campos de batalla llevaré la garrafa que me proporcionaste en la Sierra Maestra, el olor inconfundible de la cocaína, la sensación de estar navegando por el espacio infinito y cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar porque la droga que adquiera sea de primerísima calidad donde quiera que esté; esto reconforta y cura con creces los episodios de abstinencia.

Digo una vez más que libero a Cuba de mi maldita presencia. Que, si me llega la hora de entregar el alma bajo otros cielos, mi último pensamiento será para tu hermano Raúl al que tanto odio y especialmente para tu madre. Que te maldeciré siempre y jamás trataré de ser fiel a tus nocivas adicciones. Que jamás estuve identificado con tu ideología ni con la política exterior de esa bazofia a la que tú llamas revolución. Que a donde quiera que me pare sentiré la responsabilidad de desprestigiarte y desearte lo peor. Que les dejo a mis hijos y mi mujer un par de hermosas residencias, unos cuantos carros de lujo, una cuenta bancaria con varios dígitos y la heladera llena de provisiones y no me apena, me alegra que así sea. Que no pido nada para ellos pues todo lo tienen y no te atrevas a quitarles nada, boludo.

Tendría muchos testimonios para maldecirte a ti y a ese pueblo adormecido, pero siento que son innecesarios. Con la tremenda nota que estoy cargando ahora mismo las palabras no salen ni pueden expresar lo que yo quisiera y no vale la pena emborronar cuartillas.

Hasta que te parta un rayo. Ni patria ni muerte.

Te odio con todo el fervor de un auténtico drogadicto.

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