¿CONSENSO, REPRESIÓN, COMPLICIDAD?

Por Vicente P. Escobal- Especial para Nuevo Acción

Para muchas personas constituye un enigma entender cómo el régimen implantado por Fidel Castro ha logrado mantenerse en el poder por sesenta años.    Las causas que han promovido estallidos sociales en otros países, constituyen en Cuba hechos cotidianos que cuentan – según la versión oficial – “con el abrumador respaldo de la población”.

¿Qué ha hecho diferentes a los cubanos? ¿Cuáles son los fenómenos que han operado al interior de la sociedad cubana y que han contribuido a esa paradójica forma de “consenso”?

Es oportuno recordar que, a diferencia de otros pueblos, el cubano no tiene un historial de multitudinarias manifestaciones de protesta cívica confirmado, por ejemplo, cuando la caída de Gerardo Machado en 1933 y de Fulgencio Batista en 1958. En ambos casos las expresiones de júbilo se concretaron básicamente en saqueos, asaltos, destrucción de propiedades y algunas ejecuciones extrajudiciales perpetradas contra individuos vinculados a los regímenes depuestos. Algo similar ocurrió en el verano de 1994 durante el llamado «Maleconazo». Centenares de habaneros se lanzaron a las calles aprovechando un momento particularmente crítico en el terreno socio-económico derivado del Periodo Especial cuyas consecuencias son harto conocidas. Se dice con jocosidad que el cubano se lanza a la calle «cuando el café ya está colado».

Todo régimen dictatorial tiene como premisa ineludible mantener el poder al precio que sea necesario. El dictador se convierte en el juez de la historia y el policía del pensamiento social. El dictador destruye los cimientos morales y éticos en los cuales se sustenta la nación e implanta un sistema político inspirado en su retorcida percepción del hombre, la historia y la sociedad.

Por estos días dos hermanas naciones latinoamericanas: Venezuela y Nicaragua, han sido escenario de multitudinarios actos de protesta, reprimidos por los organismos de seguridad de ambos países. Se cuentan por centenares los muertos, heridos y arrestados durante las protestas.

¿Por qué el pueblo de Cuba no se lanza a las calles, si todo parece indicar que su respaldo al castrismo ha mermado considerablemente? Esporádicas acciones de protesta han protagonizado últimamente diversos actores de la disidencia, básicamente las organizadas por las Damas de Blanco, las cuales han sido salvajemente reprimidas.

Para que una explosión social tengo éxito lo primero que se necesita es la figura de un líder con una excepcional capacidad de convocatoria y que disponga, además, de los medios necesarios para garantizar el éxito de la movilización. Y, sobre todo, que cuente con el compromiso de una sociedad dispuesta a darlo todo en aras de su libertad. Estas premisas lamentablemente no existen en Cuba: el pueblo «se acomodó la piedra en el zapato». El sector más dinámico de toda sociedad, es decir el juvenil, está sumido en una atmosfera de frustraciones sin otra opción que simular adhesión o escapar. La dictadura se ha encargado de cercenar el espíritu de rebeldía característico de los jóvenes.

Otro elemento de vital importancia lo constituyen las llamadas redes sociales que en el contexto de las sublevaciones populares constituyen un factor aglutinador y movilizador. La dictadura ha hecho hasta lo imposible por evitar que el pueblo acceda con facilidad a la tecnología de las comunicaciones, limitando hasta extremos increíbles el ingreso a las principales fuentes de información.

Sesenta años de totalitarismo y represión han cercenado el desarrollo de un compromiso con los auténticos valores de la democracia. Las últimas elecciones transparentes se celebraron en Cuba hace más de setenta años. Las actuales generaciones no poseen una cultura del debate, del dialogo, de la negociación, del ejercicio de la oposición. No conocen absolutamente nada sobre la libertad de expresión y de asociación con fines pacíficos y no entienden la transcendencia de la expresión «derechos humanos». Es una sociedad cerrada, impulsada por las consignas y las grandes movilizaciones convocadas por la dictadura, una sociedad donde las privaciones espirituales y materiales constituyen un colosal obstáculo al pleno desarrollo de las virtudes que adornan las sociedades democráticas.

Cuando el presente de Cuba sea pasado, cuando se descorra el velo de la mentira, cuando los cubanos abandonen su condición de rehenes y recuperen la de ciudadanos libres, cuando todos unidos emprendan el camino de la reconstrucción moral y material, sólo entonces el mundo podrá comprender a quienes han mantenido encendida la luz de la verdad durante tantos años.

Sólo entonces alcanzará su auténtica dimensión la palabra consenso.

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