CUANDO SE ACABÓ 1958 Y SE ACABÓ CUBA

Por Esteban Fernández

El 31 de diciembre de 1958 Batista -empujado por los norteamericanos traidores y por el Komintern- se montó en un avión y se fue, abandonó el territorio nacional. No hubo victoria, y si hubo victoria fue de todos los grupos opositores. El “Directorio” y la “O.A.” combatieron más y sus miembros se jugaron la vida más y tuvieron muchos más mártires.

Castro no salió disparado para La Habana, sino que maquiavélicamente, para consumar el timo partió en una larga, tediosa, y mañosa caravana que duró una semana por toda la carretera Central. Miles de oportunistas se unían al desfile y cuando llegó a la Capital ya era una fuerza enorme capaz de tomar el poder y de eliminar a la “competencia”.

Inmediatamente comenzaron una labor de zapa encaminada a adueñarse de la nación cubana. Iniciaron un baño de sangre para aterrorizar al país. No solo mataron y encarcelaron a los derrotados batistianos sino a todos los que simplemente discreparan. Pocos eran los seres humanos en todo el orbe terrestre que no se zamparon la patraña de que Fidel Castro era un nuevo Robin Hood ayudando a los pobres. La gran estafa iba a paso acelerado de consumarse.

Alrededor de Castro unos bestiales campesinos de la Sierra. Fue su primera guardia pretoriana. Intervinieron todos los negocios, acabaron con la propiedad privada, engañaron a los guajiros prometiéndoles una Reforma Agraria donde Castro terminó como el único latifundista de la nación, prometieron una Reforma Urbana y Castro terminó como dueño de todas las casas del país. La portada de Bohemia lo puso como si fuera un nuevo Jesucristo.

Prometieron unas elecciones libres en dos años. En su lugar crearon los Comités de Chivatos en cada cuadra. Enviaron a miles y miles de cubanos a inhumanas cárceles. Ensangrentaron al país, miles cayeron ante el paredón de fusilamientos.

Obligaron inicialmente a un millón de cubanos que no creían en la llegada de un Mesías Redentor a abandonar la nación y convertirse en desterrados. De pronto se acabó la comida, las medicinas, las frutas, la ropa.

Intervinieron en los asuntos internos (enviaron guerrillas, promovieron la inestabilidad) de casi todos los países de la América y de África. Provocaron el rompimiento con los Estados Unidos. Se convirtieron en testaferros de los soviéticos.

Destruyeron totalmente la economía de un país enormemente próspero. Acabaron con la prensa libre, casas sin pintura, una Capital (ayer preciosa) sin luces, sin electricidad, sin agua, edificios apuntalados y derrumbados, basura en las calles, mosquitos, perros famélicos, jineteras, niños adoctrinados. Masacres en el Remolcador 13 de Marzo, en  Cojímar y muchísimas más.

Y a cambio que obtuvieron: que un grupo de esbirros gracias a unos meses de estancia en las montañas cubanas, y la maldad después, hoy son los propietarios de una Isla y viven mejor que los reyes y los príncipes.

Y tras millones de errores cometidos, hasta el gato sabe que aquello ha sido un fracaso total y que las páginas futuras de nuestra historia recogerán que el muerto fue un genocida, el Che un atorrante, y el chicle masticado un simple mariconzón.

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