CUBA: DEL ÉXODO DEL MARIEL AL ÉXODO DE LA MARIELA- primera parte

SERVANDOGONZALEZPor Servando González

En 1980 cerca de 125,00 cubanos escaparon de la Isla esclavizada en uno de los mayores éxodos masivos de la historia moderna, que luego dio en llamarse el éxodo del Mariel.[1] Debido al hostigamiento y la persecución a los homosexuales afeminados en la Cuba de Castro, alrededor del 20,000 de los que escaparon eran homosexuales. Paradójicamente, los poderosos grupos gays en los EE.UU., que no ocultaban su simpatía por el castrismo, les viraron la espalda a los recién llegados.

Sorpresivamente, después de una campaña pro-gay llevada a cabo desde hace unos años en Cuba y los EE.UU. por Mariela Castro, hija del gay Raúl Castro, y con pleno apoyo de los conspiradores globalistas del Consejo de Relaciones Exteriores y de los grupos gay norteamericanos, Cuba se ha transformado de la noche a la mañana en un paraíso gay. Si uno cree la propaganda castrista, los únicos que ahora al parecer disfrutan de libertad en Cuba son los gays.

El hecho tal vez explique el por qué muchos de los homosexuales que escaparon de Cuba en 1980 ahora están visitando frecuentemente la Isla esclava para disfrutar del nuevo paraíso gay caribeño en éxodo en reversa que he dado en llamar el éxodo de la Mariela. Ahora bien, para que mis lectores puedan entender a cabalidad el resto de este artículo es necesario aclarar un concepto erróneo: gay y homosexual no son sinónimos.

Aunque hoy día la mayoría de la gente emplea indistintamente los términos “gay” y “homosexual”, en realidad estos términos no son sinónimos, y denotan dos cosas muy diferentes. Esta confusión no es producto del azar o la casualidad, sino de una campaña de desinformación cuidadosamente creada por el movimiento gay norteamericano y sus poderosos promotores secretos, quienes los usan como una cortina de humo para ocultar su verdadera naturaleza. Pero gay y homosexual no son sinónimos. De hecho, los términos denotan dos fenómenos bien diferentes, y la distinción no es puramente lingüística.

Un homosexual es una persona que tiene relaciones sexuales con personas de su mismo sexo. El término gay, por el contrario, denota un homosexual militante, miembro de una organización de acción, enfrascado en actividades revolucionarias para hacer avanzar una agenda particular en la esfera de lo político y lo social, cuyo objetivo final es tomar el control del aparato del estado por medios revolucionarios violentos de tipo comunista o fascista y luego llevar a cabo un cambio radical de la sociedad.

La diferencia entre un homosexual y un gay es similar a la que existe entre un vegetariano y un “vegan”. Un vegetariano es una persona que, por razones de salud o gusto, prefiere comer solamente vegetales. Un vegan es una persona que, por el hecho de comer solamente vegetales, se siente intelectualmente superior a los que no son como él, los critica abiertamente y, si tuviera poder, prohibiría el consumo de carne. O sea, un vegan es un vegetariano con una agenda política.

La más reciente prueba de que homosexual y gay son dos cosas diferentes se ha evidenciado en  la polémica entre Elton John y los diseñadores de modas italianos Domenico Dolce y Stefano Gabanna, cuando estos últimos manifestaron su punto de vista de que apoyan la familia no creen en el matrimonio gay. Acto seguido, el gay militante Elton John los atacó duramente en la prensa oficialista pro-gay.

Pero el caso no es único. Camille Paglia, una famosa escritora y periodista lesbiana que no es gay, siempre ha sido atacada por miembros del movimiento gay por sus críticas. Esto se evidenció cuando Paglia escribió un artículo en el que puso al descubierto que los que asesinaron al homosexual afeminado Matthew Shepard eran gays machos.[2]

Evidentemente, homosexual es un término social, en tanto que gay es un concepto político. Por consiguiente, un gay equivale a un homosexual politizado militante que activamente promueve la agenda gay.

La distinción entre estos dos tipos de homosexuales no es nueva. En un libro publicado en 1945, el autor alemán Samuel Igra los llama “homosexualistas” y, más recientemente, Judith Reisman los llama “homosexistas”, para distinguirlos de los homosexuales.[3] En realidad, el término apropiado no es “homosexualista” ni “homosexista”, sino “gay”, pues el concepto “gay” conlleva todos los elementos que Igra y Reissman les atribuyen.

El núcleo de los hombres que se llaman a sí mismos “gays” pertenece al tipo de homosexuales machos viriles. Para este tipo de gays machos, los muchachos jóvenes y atractivos constituyen la opción sexual más deseable, en tanto que los homosexuales afeminados, los hombres heterosexuales, y las mujeres femeninas, son consideradas en ese orden como progresivamente inferiores. Los gays se ven a sí mismos como más masculinos que los propios hombres heterosexuales.

Aunque el homosexualismo es tan viejo como el propio ser humano — referencias al homosexualismo masculino aparecen en la Biblia y otras obras de la más remota antigüedad — el gay surge en Esparta. Es allí donde una casta militarista de súper-machos toma el poder político y organiza toda la vida ciudadana acorde con su ideología de machismo guerrerista militante.

ALEJANDROMAGNOFidel Castro siempre ha demostrado su admiración por los guerreros gay espartanos. En una oportunidad le contó a su biógrafo Carlos Franqui cómo los jesuitas contribuyeron a formar su estilo de vida espartano.[4] Su admiración por los guerreros gay espartanos lo confirma el hecho de que desde muy joven adoptó el nombre de “Alejandro” — en honor al famoso guerrero gay Alejandro Magno(Ilustración de un busto suyo a la izquierda) — y que luego adoptó el pseudónimo “Alex” cuando lo reclutó la CIA en 1948.[5]

Paradójicamente, en las sociedades donde los gays han tomado el poder político, los primeros en sufrir la represión han sido los homosexuales afeminados. Esto sucedió en la Alemania Nazi, en la Cuba castrista, y estuvo a punto de suceder en Japón cuando Yukio Mishima y su ejército privado de gays trató de tomar el poder con un golpe de estado. Lo mismo sucederá en los Estados Unidos si los gays militantes finalmente logran tomar el poder tal como se lo proponen. Los campos de concentración ya existen, tan sólo queda recluir en ellos a los homosexuales y a otros sectores de la población.

No obstante, aunque la mayoría de los gays son homosexuales, no todos los homosexuales son necesariamente gays. En su acepción más amplia, el término gay denota todo tipo de personas, homosexuales o no, que, de una forma u otra, ya sea por convicción, oportunismo político o miedo, activamente apoyan la agenda política gay. El hecho de que la mayoría de los gays sean homosexuales no significa que los términos sean intercambiables.

Prueba de esto es que la conversión a gay no ocurre cuando una persona tiene por primera vez relaciones sexuales con alguien de su mismo sexo, sino cuando lo declara abiertamente en un acto político militante llamado “salir del closet”. Obviamente, “salir del closet” no es un acto sexual, sino político, que convierte a la persona en miembro de un movimiento político militante.

Alguien podría alegar que, contrariamente a lo que afirmo, los gays Nazis y castristas nunca salieron del closet. Pero las diferencias entre el modus operandi de los gays norteamericanos y el de los gays nazis y castristas es debido a que los norteamericanos todavía no han tomado el poder político. Por ejemplo, es imposible que los gays norteamericanos creen campos de concentración para “homosexuales y otros desviados”, incluyendo sus opositores políticos — tal como lo hicieron los gays castristas en Cuba y los gays Nazis en Alemania — sin haber ganado el control total de los medios represivos del aparato del estado. Pero no cabe duda de que están trabajando arduamente en esa dirección.

Aunque la mayoría de la gente usa los términos como sinónimos, la distinción entre gay y homosexual es de cardinal importancia para comprender la verdadera esencia del fenómeno gay. El movimiento gay norteamericano está consciente de esta diferencia, pero, para esconder sus fines ideológicos secretos detrás de una cortina de humo semántica, usa los términos como si fueran sinónimos.

Contrariamente a lo que afirman, el movimiento gay norteamericano está dominado en su mayoría por hombres “machos” blancos, anglo sajones de tipo “ario” y de clase media alta. Al igual que los gays castristas, la mayoría de los gays norteamericanos son profundamente racistas y visceralmente anti-homosexuales.

El hecho de que muchos homosexuales afeminados se hayan sumado al carro victorioso y ahora se llamen a sí mismos gays es el resultado de un imperialismo cultural de la peor especie. En realidad, el concepto gay es profundamente ajeno a la cultura y la idiosincrasia hispana, en particular la cubana. Mucho antes de que los gays aparecieran en San Francisco, La Habana pululaba de bares y clubes de homosexuales, los cuales vivían su vida sin que nadie los molestara y mucho menos los internara en campos de concentración.(Continuará)

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