CUBA EN SU LABERINTO

Por, Jorge Riopedre

Le zumba el mango (ocasionalmente hay que recurrir al lenguaje coloquial para confrontar embrollos culturales), que la seguridad del Estado cubano se haya apropiado de  la Letra del Año Yoruba, el vaticinio anual de la santería cubana, similar a las predicciones o augurios de aborígenes en otras latitudes hasta el horóscopo insepulto de Walter Mercado, para elaborar un pronóstico de política interna.

Le ronca el merequeté (otra frase criolla) el acierto indiscutible de los analistas del entramado represivo del régimen cubano por el hábil manejo de recursos psicológicos semejantes a fármacos para el tratamiento de la ansiedad, apuntando con seguridad profética que los problemas del año en curso son de otros países maltrechos y revueltos, pero no aquí, en esta tierra de dóciles libérrimos: “aquí no va a pasar nada”.

Hace unos años en mi libro, Cuba: la lucha por su identidad, yo tuve el atrevimiento de ensayar mi propia Letra futurista sin apelar a los caracoles martianos y a los indios muertos que no llaman a la guerra, cuando siendo muy joven me estremecí al conocer el episodio de la Matanza de Caonao, en la provincia de Camagüey; caló tan hondo en mi aquel crimen injustificado de los conquistadores españoles que desde entonces no he podido olvidarlo. Fueron los años de formación que más tarde alertaría a mi generación contra los crímenes de los nuevos conquistadores criollos atados existencialmente a la metrópoli.

Comenzaba mi Letra por afirmar que si bien la espera pudiera dilatarse yo tengo la absoluta seguridad de que la vida de los cubanos ha de mejorar en el futuro. Nótese que digo su diario vivir, no su libertad ni su democracia. Esto no es una predicción o un argumento ontológico, responde solamente a la experiencia antropológica y evolucionista en términos probabilísticos. El desenlace de una transición ordenada, pacífica y restauradora de los derechos ciudadanos en Cuba no se ajustará a los deseos de muchos de nosotros. Una elite resuelta a conservar el poder a cualquier precio; una legislatura acostumbrada a levantar la mano como autómatas en señal de aprobación de los proyectos del Partido; un poder judicial manejado por el autócrata de turno; un cuerpo represivo adiestrado en la represión brutal de cualquier opinión independiente; un pueblo abatido por el pesimismo, aplastado por el desprecio, la miseria y el miedo, constituye en su conjunto una sociedad traumatizada sin autoestima, ávida de identidad, propensa a desatar la furia acumulada durante más de medio siglo en terrible venganza. Esta, probablemente, sería una transición demasiado tropical para la tesitura del Rey Juan Carlos y Adolfo Suárez.

Siempre se debe tomar en cuenta el precedente. No es cierto que la Unión Soviética desapareció de manera pacífica. En agosto de 1991 miembros del Partido Comunista y la KGB intentaron dar un golpe de estado a Mijaíl Gorbachov. Dos años más tarde, octubre de 1993, el primer presidente elegido democráticamente en Rusia, Boris

Yeltsin, se vio forzado a sacar los tanques a la calle y bombardear el Parlamento ruso (La Duma), donde se habían atrincherado los diputados que intentaban destituirlo.

De modo que siempre hay que dejar margen a esa conocida figura de los imponderables.

En suma, el desenlace de la Cuba de hoy no será, a mi juicio, lo que yo deseaba; no será ni siquiera lo que debía de haber sido a sólo noventa millas de Estados Unidos. Será sencillamente un hecho contingente de la historia, algo que podía suceder o no, pero sucedió. De modo que si el régimen castrista experimenta en el futuro una transformación significativa es probable que Cuba entre de lleno en un período posdemocrático al estilo de Putin en Rusia y muchos otros regímenes donde la población se conforma con gobernantes autócratas y la pérdida de su independencia en aras de sosiego político, un Estado benefactor o alguna prosperidad económica por mínima que sea. Díaz-Canel o cualquier otra figura de moda dispondrá entonces de una amplia gama de modelos donde escoger, desde Putin hasta Daniel Ortega. Pero, ¿qué viene después? La crueldad de la vida no debe nublar nuestro sentido del humor: quién sabe si podamos discutir esas cosas en el cementerio.

Un Comentario sobre “CUBA EN SU LABERINTO

  1. Muy buen escrito, me di gusto leyendolo.

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