CUBA Y AQUELLA PRIMERA NOVIA

POR ESTEBAN FERNÁNDEZ

Yo tengo la tendencia de siempre comparar a la Cuba actual con aquella primera novia que todos tuvimos y que hace más de 50 años no vemos.

¿Cómo usted recuerda esa novia? Todos recordamos a esa muchacha igual a como dejamos de verla hace medio siglo. Exactamente, de la misma forma como añoramos a la Isla.

Hace años mi gran amigo Mario Byrne (EPD) me dijo: “Esta misma noche me voy para Miami, me acabo de enterar que Juanita llegó de Cuba, está viuda, esa muchacha es un monumento, yo estoy enamorado de ella desde la primaria allá en Matanzas, yo estaba en cuarto grado y ella ya iba para el Instituto”.

No le quité la inspiración, pero está demás decirles que pensé: “¡Ñooo, Mario tú estás loco, si te lleva cinco años ahora debe tener cerca de 80!” A los tres días estaba de vuelta, lo invité al Criollo Restaurant para que me contara de Juanita.

Rápidamente abordé el tema prácticamente sabiendo la respuesta: “¿Cómo encontraste a Juanita?” y me dijo con la misma decepción de un cubano que hace 55 años no visita a Cuba y regresa: “Chico, está muy acabada” y cambió la conversación, jamás me volvió a mencionar a Juanita.

La misma tristeza que nos da ver las fotos actuales de la otrora “tierra más hermosa que ojos humanos han visto” nos causa cuando algunos visitantes nos enseñan fotografías junto a aquel monumento que nos derretía de solo poder verle las rodillas en la distancia haciendo calistenia en el Instituto.

Y “viceversa” para que las mujeres no protesten: De pronto estoy en la consulta del Dr. Tirso del Junco, escucho a la recepcionista mencionar el nombre de una paciente: Domitila Bacallao.

¡No puede ser! Se trata del amor de mi vida, tremendo pollo, pero ahora es una ancianita, una pasita, la calle más destartalada de La Habana está en mejores condiciones que ella. “¡La pobre!” pienso yo.

Me le acerco y le digo: “Domi, yo soy Estebita ¿te acuerdas de mí del Colegio Americano?” y mirándome profundamente me dice: “No, hombre, no, el Estebita que yo recuerdo lucía super bien y tú eres un viejo cañengo…”

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