DE LOS ARCHIVOS DE NUEVO ACCIÓN: DOCUMENTOS PARA LA HISTORIA. EL CORAZÓN DE JUAN ALMEIDA (III)

Por Dr. Luis Conte Agüero

Filmes, novelas, historias, pueden arrancar en el final y “avanzar” del final al principio. Atraído por el impacto conminador de su muerte, comencé estos artículos sobre Juan Almeida contando algunas experiencias mías que lo incorporaban auténticamente al anticomunismo. Antes de continuar con otros detalles y conclusiones regreso a un por qué clave en el rechazo de Almeida a Castro. Un primer golpe bajo lo sufrió Almeida en su matrimonio con la bonita Púbila -madre de Juan Juan y otros- cuando Fidel y Raúl Castro no concurrieron a su ceremonia matrimonial en 1959: “No puedo perdonarles a Fidel y a Raúl que no vinieran a mi boda porque ésta se celebrara en una iglesia” comentó Almeida a Sergio González, entonces su asistente en la Jefatura de la Fuerza Aérea.  Católico autor de populares canciones religiosas, ofendía al Comandante que los Castro colocaran por delante de la amistad y el compañerismo su ateísmo desorejado. Juan se creía con derechos fraternales por haber arriesgado la vida repetidamente en la causa de Cuba que los Castro consideraban propiedad particular y privada. Y el carácter dominante de Fidel, su trato irrespetuoso y su vocabulario obsceno, enrarecía también una atmósfera manchada por el servilismo. Cuentan rebeldías de Almeida relatos y anécdotas publicadas a los que no recurro porque tengo de primera mano la presencia de Sergio en algunos hechos.

En consecuencia, el terreno estaba propicio cuando José “Pepe” Vélez le hiciera llegar a Almeida con Sergio una solicitud de reunión para hablarle de un proyecto del gobierno de los Estados Unidos. Con mayúscula prudencia Sergio comunicó el mensaje.  Vélez y Almeida conversaron en el restaurante El Carmelo de Calzada y Línea, en el Vedado, La Habana. Por lo privado del tema, Sergio estuvo veinte minutos en el Servicio del popular restaurante, y regresó a la mesa cuando ya se estrechaban las manos. Pepe no contó a Sergio lo conversado; bastó que sonrientemente hiciera una yunta estrecha con los dedos en señal de acuerdo estrecho.

Ya he mencionado que al hospedarse Castro en el Hotel Teresa en el barrio de Harlem, New York, mandó a buscar al Comandante Almeida para exhibirlo como trofeo negro. Almeida regresó a Cuba herido por una danza de puñales. Denunció a sus íntimos que Castro fuera capaz de exhibirlo “como un monito tití”, y no escatimó palabras muy  gruesas para el manipulador. “A nadie quiere ni respeta este HP. Sólo piensa en él”. Sergio González le recomendaba calma. Almeida no moderaba su lenguaje. Sin embargo, hubo cambio aparente de actitud. Tras el fusilamiento del General Arnaldo Ochoa en 1989 y requerir reformas que irritaron a Fidel Castro, Almeida desapareció de la vista pública de 1990 a 1995, algunos lo creyeron muerto y  terminaron su papel de supervisor del Comité Central del Partido Comunista … pero, pero relevante, al ser hecho visible nuevamente y al lado de Raúl Castro, Almeida aceptó ese degradante papel racial. En el documental : “Fidel, the untold history”, La historia no contada, Almeida elogia a Fidel como la conciencia del Tercer Mundo. El muy soviético y alineado Castro encabezó el Movimiento de los Países No Alineados. Y en el film de marras Almeida denuncia los muchos intentos de la CIA para matar a Castro que escapa porque “tiene más vidas que un gato”.

Yo explicaría esta nueva conducta de Almeida atendiendo a su desencanto por los incumplimientos, las esperas, las orientaciones contradictorias, las indefiniciones que caracterizan la inteligencia y la política de una potencia realmente democrática como los Estados Unidos. Espionaje, contraespionaje, operativos, agentes, contratados, subcontratados, mandos, directores, aparato y planes jerárquicamente sometidos a un Poder Ejecutivo vigilado por un Congreso y sus comités y los casos judiciales y la media buscadora de noticias y escándalos y el “mundo colorao” dificultan y hasta desarticulan los proyectos que articulan la CIA y los demás cuerpos de inteligencia.

El 30 de agosto de 1963 The New York Times informaba de una posible invasión a Cuba procedentes de Bases en América Central y que tropas de la USSR ya ocupaban puntos estratégicos en La Habana. Días después el periodista Tad Szulc no escatimaba pulgadas al describir roces en las Fuerzas Armadas de Cuba y precisamente dentro de los viejos asociados de Castro, quejosos de que éste los utilizaba para su engrandecimiento personal y no para servir al país. Para garantizar a los Kennedy sinceridad total, Almeida aceptó situar su familia fuera del país bajo discreta protección norteamericana. Esta salida temporal tuvo que hacerse permanente por la muerte del Presidente Kennedy.

¿Cómo pueden tales quehaceres formar un pensamiento? Al morir Almeida su hijo Juan Juan Almeida (foto) escribió hermosos y desgarrados conceptos merecedores de un estudio psicológico profundo y de una evaluación de la degeneración de valores que hoy sacude:

Yo soy sólo un ser humano que se crió y se formó entre corruptos, inmodestos y modernos corsarios que jugaron a ser estrictos, sencillos y guardianes del honor, pero olvidaron callar frente a los niños. Porque este niño creció admirando esos vicios heroicos y vandálicos que apologetizaron nuestros líderes haciéndome ver que el asalto a un cuartel, en un país con leyes, puede ser una cosa justa. Haciéndome ver que subvertir países con ideas extranjeras, usando métodos ilegales, era algo necesario. Haciéndome ver que los problemas del estado se solucionan más fácilmente si ahuyentamos a nuestros propios ciudadanos. Haciéndome ver que repudiar, desprestigiar, pisotear, golpear, escupir o encarcelar era una buena opción para aquellos que no piensan como el sistema exige. Haciéndome ver que el pueblo es una masa amorfa y lejana a la que se tiene en cuenta desde un estrado para elogiarla un poco, azuzarla otro tanto y luego regresar al aire acondicionado. Me hicieron ver tantas y tantas cosas que terminé confundido como millones de cubanos que no sabemos la diferencia exacta entre el bien y el mal.” Contribuyó esta tragedia de Juan Juan a la muerte de Juan? Fue una forma de matarlo?

Permítanme confirmar que este no es el drama de Juan Juan sino de un mundo civilizado y democrático capaz de favorecer el regreso al poder de quien hizo trampas, fraudes y violencias para prorrogarse en el mando contra la Constitución de su país, capaz de llamar para ello a la insurrección sangrienta y capaz de prostituir la primera magistratura de su patria poniéndola al servicio de un poder extranjero. Capaz, capaz, capaz de todo lo perverso, este incapaz que esconde en un sombrerón su cabeza vacía y repleta de miércoles.

Yo no dudo de las intenciones y deseos de Almeida, ni de su probado valor personal; es que el desconcierto y el desconsuelo asaltan a quien arriesga el pellejo cada día en busca de una meta a la que cada día le cierran el camino y hasta asesinan al Presidente que la inspira. El signo de interrogación se abre en proporciones gigantes cuando el hermano del presidente asesinado toma las riendas para cumplir el compromiso y no puede rematar porque el nuevo presidente Lyndon B. Johnson decide evitar un conflicto que pueda llevarlo a un enfrentamiento con la Unión Soviética.

Un Memorando de la CIA en el 20 de febrero de 1961, dos meses antes del desembarco de los patriotas en Bahía de cochinos, dice: El Comandante Juan Almeida, que es el Jefe del Ejército, está muy disgustado actualmente con la situación comunista y está listo para desertar.  Esto dijo Almeida  a Manolo Ray que encabeza un movimiento anticomunista dentro de Cuba”.

Otro Memo de la CIA: “El 7 de marzo de l961 la mujer del jefe de la misión diplomática en La Habana llegó a Miami y me advirtió que el Comandante Juan Almeida, Jefe de Staff del Ejército de Cuba, se ha acercado a ciertos embajadores latinoamericanos en La Habana para determinar si sería aceptado”

Como los norteamericanos creían entonces controlarlo todo y lo que terminó en el desastre de Girón estaba en marcha, ignoraron la oferta de Almeida. El colmo es que en la acción de abril del 61, Almeida estaba a cargo del área que incluía el desembarco, aunque Castro, tras prudente espera y muchas cámaras, asumió el mando directamente. Y es en este escenario que el valiente Harry, mal herido por una explosión en el enfrentamiento, se reencuentra con aquel negro siete años menor que él, parqueador del Restaurante Floridita de Ciudad Habana, con quien al principio de los años 50 estableció una relación de afecto robustecida por la propina generosa. Aquel joven sonriente y alardoso había llegado esta vez uniformado, condecorado y ¡en convertible! al escenario del combate. Probablemente el mismo convertible, pienso yo, en el que me llevó a Fernando Albuerne para pedirle que el cantante le grabara Guadalupe. Y ahora éste, Jefe del Ejército Cubano, puede tener el privilegio de conversar en privado con él y reírse del comentario asombrado por el liviano convertible en la pesadez de la guerra.

Y son estos hombres, Enrique Ruiz-Williams “Harry” y Juan Almeida Bosque, los escogidos por Robert Kennedy y el Presidente Kennedy para encabezar el Plan C-Day, señalado para estallar el 1ro de diciembre de 1963.

La justificación de la CIA para desclasificar papeles de Almeida fue que así lo protegía, concepto dudoso y pésimo ejemplo que obstruye el paso a casos semejantes en Cuba o en cualquier otra geografía.

¡Ah! Hasta que el Presidente Johnson canceló planes y Bobby Kennedy renunció a la Fiscalía General, éste, que lloró por el fracaso indigno de Girón y más apasionado que su hermano y más comprometido con el dolor de sus amigos cubanos, consagraba horas y devociones a la causa de la libertad de Cuba. Vive en mi recuerdo cuando el hermano de Pepe, Jefe Militar de la Brigada 2506, Roberto San Román, me visitó para decirme: “Estuviste con Bobby en Washington, él sabe de tu patriotismo y te distingue mucho. Y te ha escogido para que seas la voz de Cuba libre. La cosa es en grande, muy en grande. Viajo a Costa Rica. Se quiere una radioemisora insuperable.”

Yo acepté.

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