DE LOS ARCHIVOS DE NUEVO ACCIÓN: LA HISTORIA EN LA MEMORIA

Foto de Aldo Rosado-Tuero (con sombrero tipo australiano) del viaje del que habla en este artículo

UN TREMENDO TRIUNFO DE LA RESISTENCIA ANTICASTRISTA

Por Aldo Rosado-Tuero

Desde el principio de la llegada de Fidel Castro al poder, cuando se comienza a ver brotar el enorme rechazo al totalitarismo comunista entre los que habíamos sido opositores a la dictablanda de Batista, principalmente los provenientes del Movimiento 26 de Julio, el incipiente totalitarismo, comenzó la táctica de tratar de infiltrar a los grupos que nos le oponíamos; pero, ya sea, bien porque sus aparatos de inteligencia aún no se habían perfeccionado o por el hecho que la mayoría de los que ya conspirábamos en contra de la implantación de una tiranía comunista, proveníamos del Movimiento 26 de Julio, nos permitió a nosotros también lograr un cierto grado de infiltración entre los que trataban de infiltrarnos a nosotros.

Hoy voy a relatar lo que constituyó una victoria de nuestra infiltración y como se eliminó a un peligroso grupo de infiltrados castristas que—al igual que lo hiciera después La Red Avispa—ya desde fines del 1960 y principios de enero del 1961, tenían la misión de marchar a los Estados Unidos, para espiar a favor del castrismo.

Desde temprano en el 1959, comenzamos nuestra tarea de preparar condiciones para oponernos por las armas a la instauración de lo que veíamos venir, como una tiranía totalitaria de signo comunista, junto a un buen grupo de ex combatientes tanto de las sierras como del llano, que no estábamos dispuestos a observar en silencio como nos aherrojaban la patria.

En la esquina de las calles Luz Caballero e Industria, en la ciudad de Caibarién, existía una enorme arboleda de mangos en la que funcionaba la gallería de mi tío Ramón “Mongo” Rosado. Allí, con la anuencia del propietario, se estableció el cuartel general de los que ya preparábamos alzamientos, ayudábamos a los alzados del Escambray y del frente Norte de Las Villas, repartíamos propaganda, realizábamos sabotajes y conseguíamos armas, municiones y medicinas. Por la gran cantidad de personas que visitaban diariamente la gallería donde funcionaba una valla y los muchos gallos de distintos propietarios que mi tío cuidaba, el lugar era perfecto para reunirnos sin levantar grandes sospechas.

Pero parece ser que el G-2 comenzó a sospechar y se empezaron a aparecer por la gallería una serie de personas de las que los anticomunistas sospechábamos que se dedicaban a la chivatería. Entre ellos estaba un primo hermano mío—cuyo hermano mayor más adelante dirigió el piquete de milicianos que nos detuvo, entre muchos otros cangrejeros, a mi tío Mongo y a mí—que me conocía de mis correrías en el clandestinaje contra Batista, al que muy inteligentemente me le acerqué un día y le dije- “Oye me parece que andamos en lo mismo y no hemos coordinado”. Su respuesta fue franca—tal vez producto de sus pocos años y su inexperiencia como chivato—“Coño y yo que creía que tú estabas con los enemigos”. Mi primo tragó el anzuelo y todos los días  yo le sacaba las informaciones que él conseguía.

Desde antes de la conversación con mi primo chivatón, a la gallería acudía, con dos o tres subordinados, soldados del Ejército Rebelde, el capitán Tomasito Pena, hermano del difunto Comandante Felix Pena, ¿suicidado?, después que como Presidente del tribunal revolucionario de Santiago de Cuba, absolviera a los pilotos de la Fuerza Aérea de la República. Tomasito había llevado varios ejemplares de gallos finos para que mi tío se los cuidara y era visita seguida de la gallería.

El capitán Pena, unos días después de mi conversación con mi primo en que le hice creer que yo estaba en lo mismo que él, comenzó a tratarme con mucha deferiencia y a tratar de hacerse amigo mío y de algunos de los patriotas anticomunistas que me acompañaban.

Por los últimos días del 1960, no sé si por una indiscreción de mi primo o de Tomás Pena, o de otro de los infiltrados castristas, que habían sido infiltrados por los anticastristas, el movimiento subterráneo se  enteró que se preparaba una importante misión, por parte del G-2, mediante la cual introducirían en los EE.UU. a un grupo de espías, entre los que se encontraba un ex Comandante de la sierra, que se estaba haciendo pasar como enemigo de la revolución. En los primeros días de enero, ya la resistencia anticastrista tenía más detalles de la “operación”. Los planes de los falsos anticastristas eran  llevarse el magnífico velero “El Pensativo”, de Arcadio Oliva fondeado en Caibarién y con el que marcharían hacia los Estados Unidos, en su importante misión, ya que la tiranía esperaba la inminente invasión de los cubanos que se entrenaban en Guatemala y la isla Vieques.

De inmediato la alta dirigencia de la resistencia, avisó a Miami. Un importante dirigente nos notificó que ya se había avisado y que  Antoñico “El Isleño” se encargaría de eso.

Antoñico “El Isleño”, Antonio Pérez Quesada, era el hombre que mejor se conocía los cayos y los canalizos de la Costa Norte de Las provincias centrales de Cuba y además, sabía perfectamente las rutas de escape de Caibarién a La Florida. Por ese lado, se podría dormir tranquilo. El “él se encargará” era más que una frase, una seguridad para los que conocíamos del coraje y del patriotismo de “Antoñico”.

La resistencia, muy cuidadosamente montó una guardia en el muelle donde atracaba “El Pensativo”; y así se pudo avisar de inmediato a Miami, la noche en que los castristas zarparon. Era el 9 de enero del 1961.

Yo al menos no supe nada más sobre el asunto, hasta unos días después de llegar a Miami, el 11 de julio de 1961. Aquí me enteré que “El Pensativo” fue interceptado en aguas cerca de Cayo Sal por una lancha artillada procedente de Miami y que fue hundido, pereciendo todos los que en él viajaban. Unos años después, en una clara mañana con un mar en calma total, Antoñico me llevó al lugar del hundimiento y pude ver en el fondo los restos del que había sido unos de los veleros más hermosos y famosos del Puerto de Caibarién.(Arriba, al principio del artículo, una foto del autor, precisamente en ese viaje en que comprobó por sus propios ojos, la derrota inflingida al castrato que narra en este artículo)

Pasaron muchos años antes de que la tiranía hablara del incidente y de esta importante derrota inflingida a ellos por los anti castristas.

La tiranía ha reconocido que el  Comandante que dirigía la misión era el comandante del Directorio Revolucionario, Antonio “Tony” Santiago (foto), que había actuado en las montañas del Escambray, durante la lucha contra Batista y que siguiendo instrucciones de la Seguridad castrista se había infiltrado en alguno de los grupos contrarrevolucionarios siendo en realidad “El agente Oliverio”, del G2 y que venía a Miami, con una importante misión, tal vez si más importante, que la que llevaron a cabo años después, los integrantes de la Red Avispa.

Según la tiranía, allí murieron, además de Tony Santiago, Juan Bautista Hernández, Lisandro Sánchez Nieto y Francisco Pequeño Saéz.

Pero si la memoria no me engaña yo tenía la seguridad de que en ese velero venían además un  gran grupo de soldados rebeldes, comandados por el capitán Tomás Pena.

Ahora la tiranía no habla de esos, tal vez para minimizar la derrota, pero lo cierto es que yo no ví más nunca a Tomasito Pena en la gallería y abandoné el país sin saber nunca más de él.

Lo cierto es que fue un gran triunfo de la resistencia interna y de los bravos que desde aquí arriesgaban a diario la vida, llevando pertrechos, realizando ataques armados, infiltrando y ex filtrando combatientes anti castristas.

NOTA:  Este es mi humilde homenaje a un hombre, acusado de “pirata” por la tiranía, a un pescador que siempre estuvo dispuesto a llevar lo que fuera a los costas cubanas, cuyo nombre (Antonio Pérez Quesada) habrá de aparecer algún día en la Historia patria y al que un día, “después del viento y del fuego” habrá que levantarle un monumento en mi querido Caibarién, muy cerca del mar al que él tanto amó y en el que  vivió dos tercios de su vida.

Mi tío Mongo fue condenado a varios años de cárcel y murió poco después de ser liberado, de un cáncer, que se comenzó a manifestar en las mazmorras castristas y que nunca le trataron mientras permaneció en prisión. Mi primito chivato, aún está en Cuba y no sé si ya se arrepintió, como su hermano mayor, que anda por estos lares. Razón por la que no doy su nombre.

(Publicado en la edición del 27 de enero del 2011)

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