DE LOS ARCHIVOS DE NUEVO ACCIÓN: LA HISTORIA EN LA MEMORIA. BATISTA Y EL INTENTO GOLPE DE ESTADO DE PEDRAZA

Por el ex general Roberto Fernández Miranda 

Desde 1933 a 1944, los Estados Unidos depositaron su confianza y dieron su apoyo a Batista, cosa esencial para  que un gobernante, en Cuba, pudiera trabajar sin dificultades. Pero a partir de ese punto era sólo la capacidad del gobernante para hacer frente a los agobiantes problemas de la política, lo que determinaba su éxito o fracaso.

La posición oficial del antiguo sargento taquígrafo, hasta 1940, fue la de Jefe del Estado Mayor del Ejército, pero en realidad, era el jefe único e indiscutible de la República. Los presidentes que se sucedieron, caballeros probos y capacitados lo fueron, sin la menor duda, por la voluntad de Batista. Ninguno envió mensajes al Congreso ni sancionó una ley sin consulta previa con el Jefe del Estado Mayor. Hubo un presidente, Miguel Mariano Gómez, que no tuvo en cuenta esta realidad y el Congreso lo depuso en 24 horas. Y que cada cual piense lo que quiera, pero en mi criterio, Cuba no estaba preparada para ser gobernada de otra manera.

El Coronel de la Guerra de Independencia, Federico Laredo Brú, había sido elegido Vicepresidente junto con el depuesto Miguel Mariano y al quedar vacante la silla presidencial le tocó a él ocuparla. Y lo hizo con habilidad y prudencia.

En 1940 Batista aspiró a la Presidencia. Poco tiempo antes se había promulgado una nueva Constitución que impedía la reelección, de modo que, como es lógico, muchos políticos pensaron que, dando al Coronel Batista la oportunidad de ser Presidente Constitucional del país, llegaría éste a la ordenada máxima de su trayectoria política, pero que también, Al final de los cuatro años quedaría fuera del gobierno. Posiblemente, la Embajada de los Estados Unidos le hizo también al Coronel alguna sugerencia en ese sentido. Sea como fuere el Coronel se postuló y fue elegido.

Los compañeros del sargento Batista del 4 de septiembre reconocieron siempre el liderazgo de éste, y aunque entre ellos los hubo algunos más capaces que otros en general, y a través de los años todos lo secundaron a maravilla. Empero, al asumir su jefe la Presidencia, hubo quien pensó que Batista era ahora civil, y que no debía ostentar por más tiempo el mando de las Fuerzas Armadas. Así, el que pasó a ser Jefe del Estado Mayor del Ejército, Coronel Eleuterio Pedraza, junto al Jefe de la Marina Coronel González y al de la Policía Coronel Bernardo García, tramaron dar al nuevo presidente un golpe de estado.

Sabedor Batista de lo que se tramaba, se apareció en Columbia a media noche, mandó a tocar llamada general y allí, en el polígono, llamó a los soldados en su auxilio. La respuesta fue unánime y cargada de emoción. Los tres jefes fueron aprehendidos y el ahora Presidente Batista, recordando sin duda los años de amistad y camaradería, simplemente los envió a un  cómodo exilio.

Me encontraba yo durmiendo en mi Compañía de Armas Auxiliares cuando a media noche me despertaron las cornetas requintando afanosamente su llamado de urgencia. Y me parece que la llamada cambió de “general” a “a las armas”, porque nos ordenaron tomarlas. Los dos otros servidores las ametralladoras aparecieron junto a mí, y entre los tres cargamos con la máquina y dos cajuelas de municiones para el polígono. Inmediatamente se me ordenó tomar posiciones frente al Club de Oficiales, y allí emplazamos la calibre 30, apuntando hacia la puerta principal. Y recuerdo ver salir a un alto oficial arrestado, y a poco al Presidente Batista también salió para ocupar una tribuna. Desde allí explicó la situación a los soldados y les dio las gracias por su apoyo. Y aparte de la fecha: 4 de febrero de 1941, algo más recuerdo de aquella madrugada, y es que hacía un frío tremendo. (De su libro; “Mis Relaciones con el General Batista”)

(Publicado en la edición del domingo 7 de enero del 2007)

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