DE LOS ARCHIVOS DE NUEVO ACCIÓN: A LA INTEMPERIE. COLOMBIA, UN OBJETIVO DE SIEMPRE DEL CASTRISMO-II

En la foto: Alvaro Uribe

Por Aldo Rosado Tuero

En la columna de la semana pasada, en la primera entrega de esta serie de artículos sobre el interés del comunismo internacional por Colombia, como una pieza fundamental en sus planes de dominar a  la América Latina,  nos asombrábamos por la aparente (el menos en sus declaraciones públicas) ignorancia sobre el tema que demostraba el actual Presidente de esa Nación Álvaro Uribe. Pero resulta que ahora el ex Presidente Andrés Pastrana, también se deshace en elogios públicos ante la “actitud de cooperación de Fidel Castro” para lograr la paz en Colombia.

Resulta asombroso la fascinación que el viejo tirano cubano ejerce sobre los Presidentes colombianos, incluyendo a Belisario Betancourt, César Gaviria y a  Ernesto Samper, quienes evidentemente tienen que conocer todos los intentos tempranos de la dictadura cubana, desde los primeros días de su ascenso al poder  para subvertir a los gobiernos legítimamente electos de esa hermana Nación y sus estrechísimas relaciones con el ELN y con las FARC.

En nuestro anterior artículo mencionamos al primer embajador de la revolución cubana en Colombia, sus intromisiones en los asuntos internos del país y el repudio que recibió no solo de las autoridades colombianas, sino también de los funcionarios electos y de la Cámara de Representantes y el Senado de la República, que condujo a su expulsión del país como “persona non grata”.

No pueden ni el actual presidente, ni los ex presidentes arriba mencionados desconocer que el primero de septiembre de 1960, el en aquel entonces Ministro de Relaciones Exteriores de Colombia José Joaquín Gort, hizo  pública la carta enviada al embajador cubano Rodríguez de la Vega, cuyo texto copiamos para nuestros lectores: “ El señor consejero de esa Embajada me entregó ayer tarde una nota que Vuestra Excelencia formula reparos a las declaraciones  hechas en reciente sesión de la Cámara de Representantes por el señor Ministro de Trabajo.

El Ministro deplora verse en la obligación de devolver a esa Misión dicha nota, por estar concebida en términos inaceptables y por contener apreciaciones lesivas a la dignidad de altos funcionarios del Estado….

Un mes y tres días después, el 3 de octubre Rodríguez  de la Vega abandonaba el país expulsado por el Gobierno colombiano. El Senador Diego Luis Córdoba lo calificó como “el embajador de la literatura desabrochada”.

No hay que ser ningún politólogo para saber a ciencia cierta que ningún embajador cubano, actúa independientemente y que tanto Rodríguez de la Vega, como los subsecuentes embajadores de la tiranía castrista que pasaron por Colombia, todos siguieron la misma política de penetración y captación por órdenes directas de Fidel Castro, dadas a través del Departamento América.

En los archivos de los servicios de Inteligencia de Colombia, están los documentos que hacen constar que con la expulsión del embajador castrista Rodríguez de la Vega, se frustró el plan castrista de “los 21” que aspiraba a repetir en 1960, el “bogotazo” aprovechando  las circunstancias que rodeaban a la celebración en Bogotá de la Conferencia Económica Panamericana. La policía colombiana y los servicios investigativos y anti subversivos entregaron al gobierno colombiano pruebas de la estrecha vinculación del embajador cubano con el agitador colombiano Antonio Larreto, para provocar disturbios en gran escala, en los días en que se celebraba la reunión de los 21.

Como una prueba de que Castro jamás ha estado dispuesto a ayudar a la paz en Colombia, está el hecho que a Rodríguez de la Vega, lo sustituyó como jefe de la misión, en calidad de encargada de negocios, un viejo agente comunista, que había estado infiltrado en el servicio diplomático de Cuba,  desde la época de los gobiernos “auténticos” y que siguió sirviendo a los comunistas dentro del gobierno de Fulgencio Batista. Su nombre: Dr. Antonio Prisco Porto.

Prisco Porto siguió al pie de la letra la política de su antecesor. Mantuvo los contactos con el Partido Comunista y otras organizaciones colaterales  rojas y las células universitarias y sindicales del “Comité Colombiano  de Defensa de la revolución cubana”. Sin siquiera tratar de ocultarse, sin recato alguno,  frecuentaba los centro de divulgación marxista y ayudaba económicamente a las librerías “Gran Colombia”, “Ediciones Suramérica” y “Librería Francesa” y a locales comunistas.

La policía colombiana se hizo de una carta suscrita por los comunistas Antonio Larreta, Álvaro Santofinio y Eduardo Artistazábal, en las que éstos enviaban a Raúl Castro sus carnets como miembros del MOEC y pedían “instrucciones a través de la embajada de Cuba, sobre lo que tenían que hacer”.

Días después era expulsado de Colombia el agente fidelista Rigoberto Díaz de Armas, sorprendido dentro de la Ciudad Universitaria en actividades subversivas.

Eran tal las actividades subversivas subvencionadas y dirigidas por los cubanos que a finales de 1960, el presidente Lleras Carmargo ordenó el regreso del embajador de Colombia  en Cuba, Dr. Florencio Lequerica. Antonio Prisco también fue llamado a la Habana. Su misión terminó como la de su antecesor. Persona no grata. (En la columna de la semana próxima continuaremos demostrando que los presidentes y ex presidentes colombianos conocen perfectamente todas las intromisiones castristas en los asuntos internos de Colombia)

(Publicado en la edición del viernes 1 de febrero del 2008)

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