DE LOS ARCHIVOS DE NUEVO ACCIÓN: LA OTRA CARA DE LOS POLÍTICOS

MANUELALVARESCASADOMANOLIN 001Por: Manuel A. Álvarez Casado

Vivíamos en una convulsionada Habana de 1955. La República, si así se le podía llamar a aquello, estaba sufriendo los dolores causados por el golpe de estado del General Fulgencio Batista y Zaldívar. Había grupos en la isla que creían que todavía podía existir una salida democrática al proceso y se creó un movimiento de comunicación con el pueblo, tanto de la oposición como del gobierno.  Por supuesto, eran ilusos los de entonces, como los son los de hoy, y Batista, al igual que Fidel, quería una solución pero que lo incluyera a él al frente del gobierno.

En el Canal 2 de Telemundo había varios programas del régimen: “Paso a la Juventud”, dirigido por Luis Manuel Martínez, un  asalariado de quien pague-al salir de Cuba se fue a Nicaragua a servir a Somoza, y a la caída de este, se fue a Panamá para ser vocero de Noriega “cara de piña”-; José Suárez Núñez, un simpático personaje, director de la revista “Gente”, que se pegaba como “el macao” en donde hubiera billetes; Salustio Toso Betancourt, un furibundo batistiano, y el otro programa, “La mujer dice”, dirigido por el caballeroso intelectual español Pizzi de Porras.

Este programa era ligero, de comentarios, música y amenidades, pero defensor del régimen (Pizzi era secretario de Batista). La directora del programa era  Ofelia Párraga Infante, persona inexistente, ya que sus iniciales (OPI) identificaban las siglas de la Oficina de Publicidad e Información. Como dato curioso, apuntaremos, que después  de la caída de Batista, varias veces llegó la policía revolucionaria buscando a Ofelia Párraga Infante, lo que provocaba carcajadas en todos los que conocíamos el asunto.

JOSEPARDOLLADAUna de las organizaciones que estaban de debate, era el partido Ortodoxo cuyos líderes José Pardo Llada (en la foto)y Mario Rivadulla fueron invitados a un panel de televisión para discutir la  problemática cubana con los personeros del régimen  Luis Manuel Martínez y José Suárez Núñez.

Escogieron el Estudio 5 de Telemundo, que era el estudio más pequeño de la televisora de 23 y P. Los técnicos, organizados bajo  el Colegio Nacional de Operadores de Radio y Televisión, nos habíamos quejado muchas veces de que los guardaespaldas del régimen entraban a los estudios armados. Lucían más como matarifes y bandoleros que guardaespaldas. Nos habíamos quejado varias veces. Las quejas tenían resultado, pero un par de días después los guardaespaldas volvían a las andadas.

Sucedió que aquel día había más guardaespaldas que nunca. Las cámaras que se estaban utilizando eran Circa 1950, que poseían torretas para cambiar los lentes. Cuando comenzó el debate, cada vez que estos “héroes” sentían el ruido del cambio de lente,  desenfundaban sus armas. Aquello se puso muy feo, los ataques entre ambos bandos, tenían a los camarógrafos- que estaban unidos  a la cámara por sus auriculares, por donde recibían las instrucciones del director- con una mano en el conector, listos a desconectarlo y salir corriendo si se formaba la balacera. El programa llegó a su fin, después que ambas partes se insultaron todo lo que le dio la gana. Los camarógrafos  pidieron al productor del programa que mantuviera la puerta  limpia para salir corriendo tan pronto como estuvieran fuera del aire, porque se creía que aquello terminaría a puro balazo o a puro silletazo.

Pues nada, terminó el programa. A la cuenta de “fuera del aire” los camarógrafos y el coordinador de estudio salieron disparados atravesando la puerta en un shazam. Yo, que estaba operando el sonido en la cabina de control, dejé los micrófonos abiertos y a través del cristal vi cuando Luis Manuel Martínez  se paró, caminó hacia Pardo Llada y Rivadulla y los abrazó diciéndole “estuviste muy viril, Pardo, muy viril”. Y empezaron los abrazos y las sonrisas. Para los televidentes, los de pro y los de contra, alejados de la realidad de lo que estaba pasando, pensarían que las ambulancias cargarían los restos mortales de alguien, sin saber que en aquel estudio de televisión se había originado otras de esas pantomimas propias de los políticos. Mientras, los idiotas guardaespaldas, pistola en mano, protegían el derecho a la libre expresión.

(Del libro: Anécdotas y Reflexiones,  del autor)

Publicado en la edición del martes 22 de agosto del 2006

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