DE LOS ARCHIVOS DE NUEVO ACCIÓN: LAS PARADOJAS DEL PAÍS DE LA SIGUARAYA

cubavabien

Por Aldo Rosado-Tuero

Cuba se ha caracterizado por las enormes paradojas que siempre se han dado a través de su historia. Desde niño siempre oí la frase de que “Cuba es el país de la Siguaraya”. Yo recuerdo una de las paradojas que más me asombró de toda mi vida: Mi abuelo materno era un mambí, fundador del Partido liberal. Machadista de corazón y hombre de un solo partido. Adversario acérrimo de los estudiantes que habían derribado a “su General Gerardo Machado”, y por ende de el Dr. Grau y Carlos Prío, fundador y activo líder del Directorio Revolucionario Estudiantil, que tanto habían combatido a Gerardo Machado. Siendo yo aún “un vejigo”—como me llamaba él—nuestras discusiones eran de ampanga, yo atacando a Machado y defendiendo a los que lo habían derribado y él llamando a Machado el “mejor presidente que había tenido la República” y execrando  a los auténticos.

Pero sucedió que por una de esas extrañas paradojas que se daban en nuestro Archipiélago,  a mediados del Gobierno del Dr. Carlos Prío Socarrás, los dirigentes del partido liberal, olvidando todo su pasado pactaron con el Gobierno auténtico y mi abuelo, con tal de no romper su promesa de no cambiar jamás de partido, se vio sin quererlo, al lado de los  detestables “revolucionarios auténticos” y siguió siendo liberal aunque se acordaba  todos los días de la progenitora de los  Suárez Rivas, dirigentes liberales de nuestra provincia que habían propociado el pacto liberal-auténtico.

Por esas y otras cosas inverosímiles a Cuba se le conocía como “el país de la siguaraya”.

Con la llegada de la roboilusión de  los Hnos.  Castro, se acentuaron aún más las enormes paradojas a las que me refiero. De ser el país más amigo de Los Estados Unidos en toda Iberoamérica, Cuba pasó, por obra y gracia del fidelismo, a convertirse en el peor enemigo de el poderoso vecino del Norte. Pero al mismo tiempo, la tiranía fracasaba estrepitosamente pues una “revolución comunista” que alentaba el sentido comunitario entre sus ciudadanos, logró hacer al cubano, el más individualista y anti solidario ente que  se haya conocido desde el descubrimiento nuestra tierra.

También el “hombre nuevo” producto de más de 40 años de adoctrinamiento “socialista anti imperialismo yanqui” se ha convertido en el ser más pro yanqui de todo nuestra América y el sueño de la juventud  criada en el “comunismo anti yanqui” es vivir en el “monstruo y en el imperialismo yanqui”, a los que eufemísticamente llaman “Yuma” disfrutando de todas las “inmundicias que se pueden obtener en el consumismo capitalista”.

Pero la paradoja más incomprensible que se ha conocido en el país de la Siguaraya, es la que está dándose en estos momentos entre la actitud de los pro gubernamentales y algunos—bastante—de los opositores o disidentes, en relación con Raúl Castro.

Resulta que mientras los pro gubernamentales le exigen a Raúl, cambios verdaderos,  y no cosméticos, cambios estructurales y reestructuración del sistema política urgentemente, ya y ahora; líderes de la “oposición” tanto dentro de  Cuba como en el exterior, se han empeñado en una bien orquestada y parece ser que bien pagada, campaña para darle a Raúl Castro el beneficio de la duda y dejarle gobernar un tiempo para que pueda cumplir los cambios que él desee hacer.

Como si Raúl Castro fuera un gobernante nuevo o un candidato recién electo que llega por primera vez al poder, cuando la realidad es que Raúl ha sido copartícipe de todos los desmanes cometidos por su hermano y ha apoyado todas– y muchas veces las ha propuesta—las medidas que han destruido a Cuba y han condenado a la esclavitud por casi medio siglo a nuestro pueblo.

Hay que tener bemoles para llamarse “disidente” u “opositor” al castrato y salir ahora con que “Raúl ha prometido cambios y hay que darle un  tiempo para que los haga”. ¿Desde cuando, los comunistas respetan sus promesas y la palabra empeñada?

¿Qué carajo pretenden los propugnadores del “dejar tranquilo y darle tiempo a Raúl para que realice sus  cambios”? Simplemente mantener el status quo y esperar a ver si una victoria del partido demócrata lleva a la Casa Blanca a un candidato que se arregle  con la tiranía, levante el embargo, le otorgue créditos ilimitados y millares de turistas norteamericanos vayan a Cuba a gastarse millones de dólares que apuntalarían a la dictadura y prolongarían la esclavitud  de nuestro pueblo por muchos años más. Y que Raúl, a cambio de su traición a la lucha por la libertad total y verdadera de Cuba, los incluya en el gobierno o les de unas migajas de poder dentro de una “leal oposición”, que les permitiría pegarse al jamón y satisfacer sus ansias de ser alguien en Cuba.

Ojo con los promotores de extenderle una carta blanca al “heredero”, porque esos, esos no responden a los intereses de nuestro pueblo ni a sus ansias de libertad. (Publicado en la edición del 1 de noviembre del 2007)

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