DE LOS ARCHIVOS DE NUEVO ACCIÓN: LOS CARPETBAGGERS DEL SIGLO XXI

Por Aldo Rosado-Tuero

Al terminar la Guerra de Secesión o Guerra Civil que desgarró a Norteamérica, un nutrido grupo de comerciantes inescrupulosos, verdaderos buitres carroñeros, mercaderes del dolor, a los que no les importaba nada la destrucción y la sangre vertida durante la guerra que dividió a este país, cayeron como enjambre sobre el depauperado y vencido Sur. Venían a sacar ventaja de las miserias de los vencidos sureños. Sobre sus cabalgaduras, abultadas alforjas hechas de alfombras–de ahí el nombre que les diera el vulgo: carpetbaggers–traían el dinero necesario para comprar a precios irrisorios, casi de robo, los negocios y las plantaciones arruinadas por la guerra, y para conseguir mano de obra casi regalada contratando a los recien liberados esclavos.

Banqueros, hombres de negocios del Norte, ex soldados de la Unión, atraidos por los reportes de prensa de “las fabulosas sumas de dinero que se harían en el sur cosechando algodón”, estos buitres escondían su avaricia, y sus bastardas ambiciones, bajo el manto de una falsa piedad por el Sur,  de “espitiru reformista” y “reconciliación”; pero lo cierto que su meta, era comprar a un centavo lo que valía mil dólares y llenar sus arcas a costa del hambre, y la desgracia de un pueblo derrotado.

Hoy, en pleno Siglo XXI, la historia se repite. Hay modernos carpetbaggers que se aprestan a depradar a un pueblo más al sur y caerle en pandilla para adueñarse de sus riquezas.

Finalizando la  semana pasada, se reunieron en el Hotel Intercontinental de Miami, un grupo de modernos “Carpetbaggers del Siglo XXI”, que aspiran a repetir en Cuba, las  infames “hazañas” de los carpetbaggers de la post guerra civil de Norteamérica. Y como sus modelos de la era Post Bellum, también ocultan sus bastardas ambiciones bajo rimbombantes palabras y falsas promesas, que esconden sus verdaderas intenciones.

El principal vocero de este grupo lo es el banquero Carlos Saladrigas, quien hipócritamente aduce intenciones humanitarias para negociar con la tiranía. Pero claro que no estaba solo Saladrigas en este cónclave. Junto a él: los eternos “voceros” del levantamiento del embargo, al que se refieren como bloqueo, los defensores a ultranza del castrismo, los propugnadores de arreglos y cambalaches con los verdugos de nuestro pueblo, los conocidos y no muy conocidos quintacolumnistas que infectan el exilio, los supuestos “moderados”, y los que nos quieren vender–y no pierden un chance o un foro en que proclamarlo–el “pragmatismo” y “las buenas cosas” de Raúl”. Allí, para solo citar a unos cuantos, Tony Zamora, a cuyo lado se pudo ver–¡que coincidencia–a Lissette Bustamante, junto a funcionarios del régimen fidelo-raulista. En fin, toda una ralea de mercachifles, de hienas apestosas, que hurgan en la carroña que queda del asesinato de un pueblo, que por medio siglo ha sido llevado a la degradación y a la ruina económica, por un grupo de ladrones que se han enriquecido a su costa; y con cuyos representantes  aspiran estos carpetbaggers del siglo XXI, a hacer negocios a cualquier precio.

Dentro de este lúgubre y tétrico panorama para los que buscamos la libertad de Cuba, libre de compromisos bastardos, ni ataduras a gobiernos extranjeros o a oligarquías financieras, vislumbramos una cosa buena: Nuestros enemigos se creen tan cerca de la victoria y tan seguros, que van perdiendo el pudor y el miedo y se van quitando voluntariamente  las caretas con que han escondido por años sus verdaderas intenciones,  en las que no hay la menor de querer ayudar a nuestro pueblo, sino la de asociarse con la mafia gobernante para enriquecerse a costa de la sangre, el sudor, los sufrimientos, las lágrimas y la libertad de los cubanos.

La historia está recogiendo sus nombres y sus actuaciones. Aunque no lo crean, ni lo parezca ahora, la hora de rendir cuentas ha de llegar y los nombres de estos aprovechados mercaderes quedarán marcados para siempre junto a los de los infames comerciantes españoles que formaban “El Cuerpo de Voluntarios de La Habana”. Porque pésele a quien le pese, y duélale a quien le duela, CUBA, LA CUBA ETERNA,  NO PERECERÁ.

(Publicado en la edición del lunes 23 de marzo del 2009)

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