DE LOS ARCHIVOS DE NUEVO ACCIÓN: MEMORIAS DE LOS DÍAS DEL FUEGO- EL RADARISTA SIN RADAR

ALDOYHENRYCONLOSHIJOSDEALDOEn esta vieja foto, aparecen: a la izquierda nuestro Director, con el “radarista sin radar” del MNC, Henry Agüeros Garcés, con los pequeños hijos de Aldo Rosado-Tuero, minutos antes de salir hacia una manifestación anticastrista (Foto del archivo de Aldo Rosado-Tuero)

Por Aldo Rosado-Tuero

Esta semblanza muestra nuestro grado de pobreza. Aquella sublime pobreza, que suplíamos con inventiva, espíritu de sacrificio y dignidad. Aquella pobreza de los días duros de la lucha, que a veces añoro, pues me sentía más feliz, haciendo lo que hacía, que ahora que disfruto de una cierta holganza económica, producto de mi trabajo de años.

Eran los tiempos en que emborrachados por un ideal, transgredíamos la ley, vivíamos en un mundo de aventuras y nos creíamos sinceramente la imagen rediviva del mambisado cubano y los imitadores de otros revolucionarios cuyas aventuras habíamos conocidos a través de los libros. Como Jan Valtin viajábamos en aviones de carga, nos hospedábamos en casa de camaradas de otros países y disfrutábamos de la hermandad de patriotas de otras latitudes, a los que nos unía un ideal. Gracias a ellos logramos realizar acciones que a otros hubieran costado miles de dólares. A nosotros no, porque logramos establecer a través de muchos países una red de colaboradores y militantes, que nos ayudaban sin  ningún interés monetario. Nos unía la camaradería de un ideal común.

Así, el argentino Jorge Dayli, que murió achicharrado en un accidente con el avión que piloteaba, siendo auxiliar de vuelo de Braniff, nos conseguía a última hora pasajes gratis en algunos vuelos de esa aerolínea, para militantes de aquella cruzada de quijotes en lucha contra un imperio, mientras burlábamos al otro. Y pasaba, amarradas a sus partes íntimas, varias granadas, en el aeropuerto de Ezeisa en Buenos Aires. Granadas utilizadas un 20 de noviembre para atacar la embajada soviética en Argentina.

Algún día contaré más de como logramos unir a tantos pequeños movimientos de jóvenes militantes nacionalistas a través de Iberoamérica, en la denominada Alianza Nacionalista Iberoamericana  “Joven América”, con la que conseguimos un apoyo invaluable para la causa anticomunista cubana.

Hoy quiero referirme a un patriota con mayúscula, íntegro  e idealista, que llegó a nuestro movimiento exhibiendo sus conocimientos como operador de radar adquiridos en el US Navy. Me refiero a Henry Agüeros Garcés. Henry, hijo de padre cubano  y madre boricua, había participado como radarista de un destroyer norteamericano en el desplazamiento que la Marina de los EE.UU. hizo frente a Playa Girón y la Península de Zapata, cuando el desembarco de la Brigada 2506, el 17 de abril de 1961. Allí sufrió la decepción de su vida, al esperar en vano por la orden para entrar en combate ayudando a sus compatriotas que morían en las candentes arenas cubanas. Su barco ayudó a recoger a varios sobrevivientes que habían logrado escapar de Playa Girón y lograron alcanzar el destroyer después de haber visto morir de hambre y sed a varios de sus compañeros. Aquello marcó a Henry para siempre y en cuanto se licenció del Navy, comenzó la búsqueda de un movimiento en el cual pudiera satisfacer sus ansias de lucha y sus inquietudes ideológicas. Y escogió a nuestro grupo.

Un día llegó a nosotros. Su idealismo, su misticismo y su dedicación total a la lucha nos ganó a todos. Pero lo que más nos entusiasmó fue que era un técnico de radar. Al fin, tenía nuestra “marina de guerra” (esto no es más que un  eufemismo) un experto de radar. Pero lo tragicómico de esta historia es que nuestro radarista, jamás tuvo un radar para trabajar. En nuestra pobreza, no logramos nunca adquirir un radar para nuestra embarcación. “El Nacri”, jamás tuvo un radar. Siempre había un rublo que requería con más urgencia los escasos fondos reunidos. Por eso Henry hizo de todo, menos escudriñar una pantalla de radar para descubrir a las patrulleras enemigas, o las “amigas”, que  se dedicaban a proteger a las enemigas.

Hasta que surgió la tesis de “la guerra por los caminos del mundo” y nuestro grupo lanzó “La Operación Castigo”, destinada a golpear al enemigo y a sus aliados y cómplices en cualquier lugar del planeta. Aquella guerra irregular, muy barata, sobre todo para nosotros que contábamos con células afines en varios países de nuestra América, puso muy en alto el nombre de los cubanos que luchaban por la libertad de su patria y consiguió una publicidad asombrosa para nuestra causa. Cada golpe colocaba la causa de los luchadores  cubanos por la libertad en las primeras planas de todos los periódicos del mundo. La dedicación y “el corazón y lo otro” elevaron a Henry a Jefe de los Comandos de la “Operación Castigo”. México, Argentina, Uruguay, Panamá,  Rio de Janeiro, Costa Rica, Venezuela, sintieron nuestra metralla; y nuestro “radarista sin radar”, dejó su impronta grabada en los anales de nuestra gesta. (Publicado en la edición del miércoles 15 de agosto  del 2007)

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