DE LOS ARCHIVOS DE NUEVO ACCIÓN: MEMORIAS DE LOS DÍAS DEL FUEGO-II

UN CAÑÓN DE 20 MM  PARA CAZAR VENADOS EN LOS EVERGLADES

Por, Aldo Rosado-Tuero

Nuestro pequeño yate Crish Craft, necesitaba con urgencia ser artillado. Su débil estructura no resistiría una ametralladora calibre 50, ni tampoco la teníamos. Y mucho menos disponíamos del dinero necesario para adquirirla. Ojeando una revista de cazadores en la Farmacia Robert de Flagler y la 7 Avenida, descubro un anuncio de la Hunter Lodge,  de Arlington, Virginia, donde ofrecían un cañón  anti tanque Lahti finlandés, por la increible suma de $99.99.  Arranco la hoja y me la meto en el bolsillo. No había para hacer el gasto de comprar la revista entera. Se me mete en la cabeza    que esa es la solución para nuestro problema y decido que hay que comprarlo. Hay reunión urgente de camaradas de lucha y de mi familia, que decide una vez más sacrificar la economía familiar en aras de mis ideales. Mi esposa  Lidia aporta $50.00, su cheque completo de la semana de su trabajo en El East Coast Fisheries. Su hermano, mi cuñado Roberto , que pesca en las Bahamas y muchas veces nos ha llevado recados y cartas a pescadores cubanos amigos, que se ven con él en los lugares de pesca entre Cuba y Las Bahamas, nos regala los otros $ 50, aduciendo que eso él se lo gasta en una juerga con sus compañeros de pesca. Pablo Castellón ofrece su automovil y paga la gasolina en el viaje de Miami a Arlington. Yo pagaré, los sandwiches y los refrescos que consumamos él y yo en el viaje de ida y regreso y aporto 45 dólares para comprar 40 balas de 20mm(a 0.99 cada una).

Pablito y yo nos vamos para Virginia con la misión de comprar el Lahti. Cuando llegamos a la Hunter Lodge descubrimos que más que un cañón es un viejo rifle anti tanque de 20 mm, sobrante de la guerra ruso finlandesa. El rifle tiene unos pequeños esquies, como para arrastarlo en la nieve.

En esta foto de la época que narramos, aparecen en mi casa: de izquierda a derecha, los miembros fundadores del Movimiento Nacionalista Cristiano, Pablo Castellón Hernández, Orlando Lorenzo y Raúl Hernández, estos dos últimos mencionados en la anterior semblanza  de esta serie (FOTO ARCHIVO DEL AUTOR)

Cuando estamos llenando los papeles para la compra se produce un momento embarazoso.  Mi inglés en esa época se limitaba a lo poco aprendido en las clases del Colegio presbiteriano que me había impartido Miss Ann  Horton y unas clases particulares recibidas en mi casa en Cuba, con el libro de Sorzano Jarrín, con la jamaicana Hilda (Tom is a boy, Mary is a girl, and the Smith Family). Cuando me preguntan el propósito para el que quiero el cañón, no hallé que decir. Pensé para mi, “se jodió la cosa“, pero Pablo,  veterano del batallón de paracaidistas de la Brigada 2506, que había cursado estudios en los Estados Unidos,  y hablaba perfecto inglés, salió en mi ayuda y les dijo muy campante, “para cazar venados en los Everglades, en la Florida“. Yo quedé paralizado. Le susurré a Pablo en español;- “tú estás loco, de esta salimos presos“. Pablito me calló con un gesto. Para mi asombro, el dependiente se limitó a apuntar el propósito en la factura  y a cobrar el importe y a entregarnos la enorme caja, pues al cañoncito hubo que desbaratarlo, para que cupiera en el carro de Pablo.

Llegados a Miami, nos fuimos a los Everglades a probar el arma. Tres disparos bastaron para saber de su eficaia. Nos quedaban 37 proyectiles. Había que  ahorrarlos. Aceptando una idea de Jorge Dorticós, le quitamos los esquies al enorme “rifle” y le atornillamos las patas en unos huecos que horadamos en el fiber glass de la cubierta.

El cañoncito nos salvó la vida, en 1964. Salíamos de dejar un pequeño cargamento de pertrechos y de infiltrar un par de camaradas de armas, por el norte de Las Villas, entre Caibarén y Sagua, cuando nos descubrió una Lancha R 60, tripulada por varios milicianos. Nos alcanzaron y hubo que responder a sus disparos, cuando no nos detuvimos, al darnos el alto. Seguramente pensaron que eran civiles que abandonaban la isla y esa fue su perdición. Cuando los tuvimos cerca disparamos con todo lo que llevábamos abordo. Los rifle personales, garand, carabinas M1 y un M3. Con el Lahti se dispararon 4 proyectiles. Al cuarto, que aparentemente le pegó al depósito de combustible de la lancha de los milicianos, ésta estalló en llamas y voló por los aires.

Nunca habíamos calculado el recoil o “culateo” del cañón, ni lo habíamos probado disparando ya montado en la proa y atornillado al enconfrado. Aquello fue el acabose, cada vez que se disparaba un proyectil, el “culateo” del 20mm, estremecía todo el yatecito y casi lo detenía y lo hacía ladearse. Yo creo que si se hubiera seguido disparando con el Lahti, hubieramos destrozado la cubierta.

 (Publicado en la edición del lunes 23 de julio del 2007)

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