DE LOS ARCHIVOS DE NUEVO ACCIÓN: MIS MUERTOS QUE ME LLAMAN AL COMBATE

En la foto: Los mártires de la patria Arnoldo Martínez y Norberto Camacho

Por Aldo Rosado Tuero

 “Hay muertos que, aunque muertos, no están en sus entierros; hay muertos que no caben en las tumbas cerradas y las rompen, y salen, con los cuchillos de sus huesos, para seguir guerreando en la batalla!

¡Únicamente entierran los muertos a sus muertos!
¡Pero jamás los entierra la Patria!

La Patria viva, eterna, no entierra nunca a sus propias entrañas!”

Manuel Navarro Luna

A diario, como un ritornello que no se cansan de repetir, es la misma cantaleta. De viejos amigos que han abandonado la lucha, de nuevos amigos que me respetan y me quieren. De familiares–aunque nunca de mi esposa ni de mis hijos que saben que me ofenderían si lo hicieran–conocidos y vecinos: “¿Por qué no descansas ya? Pronto vas a ser bisabuelo, estás retirado y puedes disfrutar la vida sin contratiempos” o “Ya has hecho demasiado. Cumpliste con tu deber. El pueblo de Cuba no merece tu sacrificio. Ellos son los que no hacen nada para buscar su libertad. No te sacrifiques más, no lo merecen”.

Lo que no saben esos “buenos samaritanos” que me tratan de apartar del camino, al final del cual casi siempre espera una cruz, pues “quien se mete a redentor sale crucificado”, es que cada noche muero en silencio antes de conciliar el sueño, pensando en mis muertos, con los que compartí sueños, ideales, ansías de libertad, planes de luchas y acciones. Y a los que jamás podré enterrar, pues como dijo el poeta, ” a los muertos de la patria no se les entierra nunca”.

¿Es que se le ocurre a alguien que me conozca, pensar que podría yo abandonar la lucha que comencé en compañía, por sólo citar tres ejemplos, de Porfirio Ramírez, Norberto Camacho o de Arnoldo Martínez Andrade, y de tantos otros que han caído en el camino, tanto allá en la patria, como en el destierro?

¿Puede un ser humano que se respete, caminar con la frente en alto, sabiendo íntimamente, que abandonó a sus muertos, que se olvidó de las promesas y los sueños compartidos con los que perdieron sus vidas en el empeño que comenzaron juntos? Podrán otros. Francamente, no sé cómo se sentirán esos en su interior, pero yo, yo no puedo ni quiero. Estaré aquí hasta el final. Hasta que expire mi último aliento. Haciendo todo lo que pueda. Cuando no pueda sostener un rifle, podré aportarlo para que otro lo sostenga y pelee con él, o usaré mi intelecto para combatir a los verdugos, para desenmascarar sus mentiras y para recordar el sacrificio de mis muertos inolvidables y venerados, que supieron dar sus vidas jóvenes y llenas de esperanza, para que las nuevas generaciones usaran y se inspiraran en sus ejemplos.

Si las nuevas generaciones han claudicado y han adjurado del sagrado deber que tiene todo cubano bien nacido de pelear por su patria, en su propio pecado llevarán la penitencia, pero nadie podrá alegar que nuestra generación no predicó con el ejemplo y CON SUS VIDAS, para legarles una historia de sacrificios que debían imitar, porque quien no lucha por la libertad, no merece tenerla.

Frente a la inmensa apatía que corroe a los cubanos. Frente a la traición de los que debían ser nuestros amigos. Frente a los enemigos de siempre. Frente a los aprovechados que hacen de la causa cubana un negocio, alzaré solitario la bandera de la rebeldía y de la dignidad, sin pedir ni dar tregua. Que otros, que debían estar a mi lado abandonen la lucha, no me afecta. Nunca me he sentido más fuerte, que las veces en que me he quedado sólo, porque he dependido solo de mí y de mi fuerza interior, y no de otros que tal vez me abandonen en el camino.

Mientras tenga fuerzas seguiré dando la batalla. Cuando no queden fuerzas para más, mientras me quede un hálito de vida, le seguiré dando a las teclas de la computadora. No importará si me leen cien mil o cincuenta. Lo importante es haber sido fiel hasta la muerte, y eso… NO ME QUE LO QUITA NADIE.

(PUBLICADO EN LA EDICIÓN DEL MIÉRCOLES 18 DE MARZO, 2009)

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