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Ilustración: Espartanos en el Paso de las Termópilas

aldorosadotueroparailustrararticuloPor El Director

La consigna parece haberse dado para que desde todos los lugares en que viven agentes de la tiranía de los hermanos Castro y su capitalismo de nomenklatura, comience el ataque coordinado contra el exilio militante, contra el exilio que siempre le ha dado la batalla a los opresores, contra los que nunca se han rendido, ni le dan tregua, contra los que mantienen enhiesta la bandera de la lucha, contra los que son sus verdaderos enemigos históricos, y sobre todo contra el exilio de Miami, donde vive la mayoría de los que han constituido el grueso de los enemigos que siempre le han hecho más daños al tirano y a su sucesor, el tiranuelo.

Que casualidad que el ataque coordinado y conjunto en todos los frentes se da en los momentos en que en Cuba se comienza a conocer a nivel de pueblo, como este exilio vilipendiado, calumniado y ofendido, se ha volcado como un sólo hombre a favor de los damnificados de los huracanes, sin hacer distinciones entre cubanos y sin importar la militancia del cubano necesitado de a pie.

En todos los foros de discusión, los embozados se han lanzado al ruedo, muchos de ellos perdiendo el “cover” de “anticastristas lights” que mantenían para inocular su veneno de vez en cuando.

Vuelven a repetir las mismas mentiras de siempre, lo de la mafia asesina, anticubana, batistiana y llena de odio contra todo lo que  es cubano, cuando la realidad es otra.

Hay más cubanía en esta ciudad que dentro de Cuba, donde los niños quieren ser extranjeros.

Nuestros hijos, nietos y hasta biznietos, nacidos en esta ciudad son “cubanos” y lo proclaman con orgullo.

Claro, y es natural que así ocurra, que en Miami existe de todo, que esto no es una masa monolítica.

El exilio, sobre todo el de Miami, representa el cosmos que es nuestra patria y existen y coexisten en él diversas tendencias y formas de ver la problemática cubana, pero en general es la mejor reserva de la cubanía y el mejor soporte con que contarán los patriotas que en el Archipiélago, se decidan a dar el golpe definitivo a la tiranía.

A los que hemos luchado con las armas en la mano se nos ha calificado en este la más reciente campaña anti exilio, de asesinos y batistianos fracasados.

Nada más lejos de la verdad, el 98 por ciento de los patriotas luchadores, no sólo no tuvimos antecedentes  batistianos, sino que la gran mayoría procedíamos de las canteras revolucionarias y de los partidos contrarios a Batista.

También en el Paso de Las Termópilas, 300 espartanos “fracasaron” y no tiunfaron, pero hoy la historia recuerda y reverencia a los 300 “fracasados” y no a los “vencedores”.  Las montañas y pueblos de la región Central de mi país están cubiertas de tumbas, muchas de ellas anónimas, de “asesinos” que lucharon en las lomas contra la tiranía castrista, que “fracasaron”, pero gracias a ellos y su sacrificio, hoy los cubanos podemos levantar la frente y mostrar que clase de pueblo éramos, antes que las hordas de la destrucción y la inmoralidad nos regalaran al “hombre nuevo”.

El exilio no es el puñado de politiqueros que usan la sagrada causa de la patria para beneficio propio, ni los aprovechados que medran con esas causa, ni un pequeño grupo que sueña con apoderarse de Cuba para satisfacer sus insaciables apetitos de comerciantes sin escrúpulos.

Esos son una minoría ridícula, que será barridos por los que de verdad aman a Cuba y han estado, y están dispuestos a todos los sacriificios para rescatar la patria, “poner la justicia tan alta como las palmas”, buscar la reconciliación y el perdón con la gran masa de nuestro pueblo, pero que también va a exigir, sin odio ni rencores, que la justicia impere y se castigue a los culpables de este medio siglo de ignominia, sangre, asesinato y peculado.

Este es un exilio sin odio donde se recibió–y es un ejemplo–al General Del Pino, que mató patriotas combatientes de la Brigada 2506 y hasta inocentes campesinos en los bombardeos desde su avión al poblado de Girón y nadie lo acusó jamás de asesino.

Porque cuando se lucha con las armas en la mano, se va a matar o que lo maten a uno, pero no puede uno permitir que el odio le corroa el alma, y cuando se termina la batalla, se respeta al enemigo y quien por cincunstancias de la guerra mató, corriendo el riesgo de que lo hubieran matado, no es un asesino.

Malditos los que con el pretexto del pacifismo, el amor al prójimo y el perdón a ultranza e incondicional, aun a los que no se arrepienten, arrastrándose como serpientes venenosas, tratan de inocular disimuladamente el veneno del despretigio y de la calumnia, contra el conglomerado que con sus naturales errores,  representa el más grande valladar contra la barbarie y las aspiraciones de dominación continental de los castristas, los “socialistas del siglo XXI” y sus compañeros de viaje, muchos de ellos escondidos bajo el disfraz de un anti castrismo falso.

(Publicado en la edición del miércoles 1 de octubre del 2008)

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