¡DEJEMOS A LOS NIÑOS SER NIÑOS!

NINOSFELICES

ESTEBITAFDEZNINOPor, Esteban Fernández

Durante los últimos días he visto por la televisión repetidamente a mujeres inculcándoles (“con los ojos nublados por la lágrimas” de madres e hijas) a sus niñas “el gran orgullo que deben sentir porque una mujer ha llegado por primera vez a ser candidata a la presidencia de este país y que de esta forma está rompiendo un hipotético glass ceiling”. Esa es la cosa más absurda que he escuchado y visto después del “Debemos ser como el Che”…

No es necesario que repita hoy mi desdén por esta cacatúa. Este escrito no es para echarle con el rayo a esta bandida que ya bastante lo he hecho y lo voy a hacer. Por lo tanto vamos a enfocar este tema de forma diferente y análoga partiendo de la base de que NO SE DEBE INVOLUCRAR A LOS MUCHACHITOS EN LA POLÍTICA. Sobre todo en una politiquería tan sucia como la que estamos viendo.

Este es un país dividido y polarizado hasta la médula y ¿qué necesidad tienen las mentes infantiles de tomar partido a tan temprana edad en una contienda que quizás llegue a convertirse en una guerra civil?

Y les habla uno con experiencia, uno que se inmiscuyó en el anticastrismo y la política de mi nación desde que era un imberbe.  Y mi nieto de once años, con el cual ya ustedes saben que comparto mucho, me ve atento a las próximas elecciones y muy interesado me pregunta mis opiniones al respecto.

Me sonrío y simplemente le doy el mejor consejo que tengo a mi alcance: “Disfruta de tú niñez, estudia, aprende, sigue participando en los deportes, y no repitas ni sigas ninguna de mis opiniones políticas, déjale esta bronca a los adultos”… Esa fue la sugerencia que me hicieron a mí y yo ignoré por completo.

Yo pregunto ¿qué será de las mentes infantiles de las muchachitas—si después de haberles inculcado esa emoción a favor de la gran farsante—cuando Hillary pierda las elecciones? Y de lo contrario ¿Qué pasará cuando las madres adoctrinadoras descubran que Hillary como presidenta es malísima y no es lo que ellas esperaban? ¿Cómo les darán marcha atrás a ese absurdo orgullo inoculado a muchachitas inocentes?

Recuerdo perfectamente cuando hace años un político cubano de Florida decidió ponerle a su hijo  “Richard Nixon” y supongo lo mucho que -más tarde- ese joven debe haber condenado ese error garrafal de su padre.

No fue la tiranía castrista la primera en comenzar con el adoctrinamiento a los niños, fueron sus padres. O ¿no es cierto que la nación cubana se llenó de bebés que llevaban los nombres de Fidel, Raúl, Ernesto, Osmany y montones de Camilitos?

Acepto y repito que yo tomé partido en contra del castrismo (de lo cual no me arrepiento aunque considero que esa lucha debí dejarla en las manos de mis mayores porque eso acabó de sopetón con mi niñez) pero del otro lado los niños -mucho antes de llegar a los centros de adoctrinamiento- ya habían visto en las puertas de sus hogares los cartelones de “Fidel esta es tú casa” y aceptaron de buen gusto los gritos de “¡Paredón!” y la cantaleta de “Sí Fidel es comunista que me pongan en la lista”.

Dejemos a los niños ser niños, no pongamos de ejemplo a seguir a un ídolo de barro, ni les inculquemos adoración ni odio al  fetiche de fango que se le opone. Nada más desagradable que ver por la televisión a un montón de niñitos con letreros de “Fuck Trump” y lo mismo diría si viera a una madre peinando a su muchachito como Trump o pidiéndole que aplauda sus barrabasadas o queriendo que las muchachitas se vistan con los ridículos pantsuit de Hillary.

Permitamos que corran, que brinquen, que practiquen deportes, que se enfrasquen en la lectura de libros de matemáticas, de geografía, de historia. Sí, esos mismos libros que yo eché en la basura para incorporarme al M.R.R. mientras otros leían las cartillas de “La F de Fidel” “la R de Raúl” y la “A de Almeida”.

Y que las lágrimas infantiles fluyan solamente ante un dolor o una alegría simple e inocente. Ante la euforia de una victoria deportiva o una lesión deslizándose en segunda base, jamás por la postulación de una politiquera o un fanfarrón.

Y dicho sea de paso ¿a ustedes no les sucede que ven a alguien hablando por la televisión y se desesperan por poder responderle? Me pasó el otro día cuando Oprah Winfrey declaró su apoyo a Hillary Clinton y dijo “¡Ya era hora de tener una mujer presidente en los Estados Unidos!”. Qué bueno hubiera sido poderle contestar: “¡Eso lo pudiste hacer y decir desde hace ocho años pero como eres una racista preferiste a Obama!”. 

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