DEPLORABLES OBAMA Y SCHUMMER

Schummer de rosado    y Obama de-svergonzado

Por Hugo J. Byrne

Entre las muchas declaraciones ofensivas de Clinton durante la campaña del 2016, la que se gana el cake de acuerdo a este servidor fue la del “cesto de los deplorables”. El término “deplorable” fue usado por la repugnante ex Secretaria de Estado en su diatriba partidista. ¿Soy deplorable? No para todo el mundo, pero para algunos lo soy y estos alegan sus razones. La lista de quienes me pudieran considerar deplorable es larga y diversa. Existen verdaderos deplorables en nuestro ambiente a quienes observo y estudio a diario desde mi atalaya de Pasadena. Aunque el “Estado del Oro” al que llegué en el 63, se ha convertido en “la caca del moro”, aquí me incineran.

¿Una razón? Excepto mi hija mayor, una nietecita y tres sobrinos, la legión de mis hijos, nietos y bisnietos (incluyendo la familia de mi esposa) radica aquí. También la mayoría de mis amigos (los que aún viven), son mis vecinos y testigos de mis truculentas acciones del pasado lejano. De hecho, varios entre  ellos, de una u otra forma, celebraron y hasta me asistieron en la comisión de actos “deplorables”. En California en los años sesenta y setenta di trancazos a tutiplén en cabezas marxistas. ¿Me pesa? No. Aunque nada pueda exhibir por estos desvelos excepto recuerdos desagradables.

Estableciendo a priori que no he dado cuartel encarando al enemigo, voy a hacer una breve descripción de dos a quienes considero deplorables y por qué. Es una lista corta porque de lo contrario sería interminable. Ahora apretemos el cinturón de seguridad y veamos a quienes les queda el sayo a la medida.

El primero y máximo deplorable en mi lista es ex presidente Obama, quien contribuyó adrede a elevar el índice de criminalidad en el país mediante sus políticamente motivados “perdones” de última hora. Obama fue notorio por agasajar familias de desertores y socializar íntimamente con antisociales y enemigos de Estados Unidos. Entre sus perdonados está un hampón puertorriqueño llamado Oscar López Rivera, uno de los capos de las llamadas “Fuerzas Armadas de Liberación Nacional Puertorriqueña”, frente terrorista y subversivo del castrismo.

Este gánster comunista fue arrestado en 1977 y procesado por una corte federal. Hallado culpable de conspiración y sedición en 1981 fue condenado a 55 años de encierro. En 1988 fue de nuevo procesado por conspiración para escapar de la cárcel federal de Leavenworth y sentenciado a quince años adicionales.

Concedo que el perdón de López fue totalmente legal, por si alguno de sus partidarios lo argumenta. Partidarios como el congresista por New York José Serrano, con su cara de chivo viejo y su mostachón color café por haber tenido su nariz clavada en el trasero de “Fifo” Castro hasta que éste se volviera fiambre el 25 de noviembre del año pasado. O como el irremediablemente amanerado Luis Gutiérrez, representante demócrata por Illinois, uno de los Estados más corruptos de la Unión. No todo lo que es legal es objetivamente bueno para la libertad, la paz y la justicia de cualquier sociedad.

La FALNP era una partida subversiva de los años 70, terrorista y marxista-leninista. Tenía el propósito de derrocar al gobierno de Puerto Rico y cambiarlo por una tiranía totalitaria al estilo Castrolandia. Para lograr ello no se alzó en armas, sino robó bancos y aterrorizó a la sociedad con más de cien bombazos en Chicago y New York. Una de sus bombas explotó en un restaurante de Manhattan, matando a cuatro inocentes en 1975. En su declaración a la corte López Rivera se declaró culpable de todas las acusaciones, pero asumió la identidad de “prisionero político”, exigiendo que su caso fuera llevado a un “tribunal internacional”. La corte rechazó semejante desfachatez.

En 1999 el entonces presidente “Babba” Clinton les ofreció clemencia condicional a catorce miembros de ese sindicato criminal, incluyendo al cabecilla López Rivera. Este último rechazó la oferta porque esta implicaba su renuncia a la violencia. Justo antes de terminar su mandato, Obama lo perdonó incondicionalmente. López Rivera regresó a Borinquen, recibiendo el nauseabundo agasajado de sus cómplices. Estoy seguro que el beneficiario de ese aborto presidencial, a pesar de su edad, debe estar de nuevo complotando para hacer daño.

La lista de crímenes de los que fue convicto López Rivera incluyó colocar bombas personalmente, poseer explosivos de alta potencia, detonadores, mecanismos de tiempo, grandes cantidades de armas militares, cientos de municiones para las mismas, silenciadores, escopetas recortadas, documentación robada y alterada, dinero proveniente de asaltos a una Armería de la Guardia Nacional y a las Oficinas Centrales de la campaña para la reelección de Carter-Mondale en Chicago, negocios de comunicaciones electrónicas y posesión de varios automóviles robados. En mi criterio, con su perdón a esta excresencia de Puerto Rico el ex mandatario Obama se ganó con creces un ticket de ida al infierno.

A mi parecer el más deplorable después de Obama es el Senador “vitalicio” por New York Charles (“Chuck”) Schummer. Como la notoria Senadora multimillonaria por California Diane “Frankenstein”, Schummer será legislador hasta que reviente o decida que ya hizo suficiente daño y se retire. Entre los más poderosos establecimientos bancarios que mordieran el polvo como preámbulo a la crisis de crédito que generara la recesión del 2008, el más conocido fue IndyMac. El beneficiario de su colapso fue el notorio inversionista de “hedge founds” y generoso financiador de la subversión antiamericana George Soros, quien lo adquiriera por una bagatela, le cambiara el nombre y lo revendiera en rápida sucesión.

Lo que precipitara el súbito derrumbe de IndyMac, séptima financiadora de ahorros y novena de préstamos hipotecarios en los Estados Unidos hasta su colapso, fue la publicación de una carta previamente enviada por el Senador Schummer a los reguladores, haciendo referencia a su “deterioración financiera”. De acuerdo a Schummer esa deterioración “amenazaba los intereses de los contribuyentes y los deudores de hipotecas por igual”, agregando que la “comunidad regulatoria” carecía de los medios para impedir el colapso inminente de IndyMac. Inmediatamente los depositarios empezaron a liquidar sus cuentas bancarias en un “run” de once días consecutivos hasta el colapso final. No soy experto financiero, pero es de conocimiento universal que el crédito siempre está en razón directa a la confianza general en la solidez de quien lo busca y aún más en la de quien lo extiende.

A diferencia de Obama, quien es un producto bien elaborado de la izquierda irracional, Schummer es un camaleón político, quizás el más cara dura en la historia de los Estados Unidos. Ha tenido posiciones extremas y contradictorias en casi todas las disyuntivas políticas contemporáneas. Ahora está coqueteando con la extrema izquierda, poderosísima en estados como New York y California. Schummer lloró recientemente lágrimas cocodrilianas, lamentando en otros faltas como las suyas.

Ejemplo de ello es el matrimonio entre homosexuales. En 1996 Schummer votó por que el matrimonio era una unión entre un hombre y una mujer, apoyando el “Defense of Marriage Act” (DOMA). Eso cambiaría radicalmente en menos de once años. Este trabajo incluye una foto de Schummer vistiendo un sweat-shirt rosado, en pose equívoca, mientras celebraba el “Gay Pride Parade” del 2007 en New York.

Una causa de la extrema izquierda abrazada más o menos siempre por Schummer es la cruzada por desarmar a los ciudadanos obedientes de la ley. En esto Schummer es un “liberal” extremo y recalcitrante, quien viviría más feliz sin la segunda enmienda de la constitución. En 1994 cuando era congresista por New York, respaldó a la Senadora Frankestein de California en prohibir la venta de rifles semiautomáticos de estilo militar, a los que llamara falsamente “armas de asalto”.

Las armas de asalto son los rifles automáticos, capaces de disparar ráfagas, de uso exclusivo de los cuerpos armados de Estados Unidos por ley federal, desde principios de los años treinta.  Eso lo saben de sobra Schummer y Frankestein y lo admitirían de tener un adarme de vergüenza. Otra causa siempre abrazada por Schummer es el aborto. Cree firmemente que una mujer en gestación no debe tener escrúpulos humanos en impedir el nacimiento de su retoño. En esto también ha sido consistente.

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