DESDE EL ARCHIPIÉLAGO: CUBA Y EL NOVEDOSO MÉTODO CASTRISTA DEL “CHANTAJE DIPLOMÁTICO

Por, Héctor Julio Cedeño Negrín-Periodista Libre de Cuba

Los Presidentes norteamericanos adscritos al Partido Demócrata se enfrentan a un permanente conflicto ético y filosófico que revela su gran debilidad ante los asuntos de la política internacional.

Mientras que los demócratas se preocupan constantemente del qué dirán, los republicanos se circunscriben a lo que debe hacerse, sin preocuparse mucho por otras cuestiones menos importantes.

Lo de novedoso en el titular, no es que los ataques acústicos sean algo nuevo, sino que lo nuevo es el tipo de agresión, porque tiene una naturaleza vandálica y terrorista, como no había sido vista nunca antes en las fluctuantes relaciones entre Cuba y los Estados Unidos y clasifica categóricamente como una repugnante técnica de tortura física y sicológica, ejercida impunemente contra funcionarios oficiales norteamericanos.

Los ataques contra de los funcionarios y sus familiares realizados por los gobernantes cubanos, son algo mucho peor que las amenazas pasivas de Kim Jon Un en contra del pueblo norteamericano, que no ha dañado ni a un solo funcionario estadounidense y se circunscribe más a la retórica guerrerista.

Recientemente descubierta, esta agresividad tan rabiosa, no se había experimentado antes, aunque se sabe de antaño, que la inteligencia cubana y la llamada Seguridad del Estado siempre ha hostigado y sigue arremetiendo contra los diplomáticos norteamericanos y a sus familias.

Recuerdo cómo unos años atrás, cortaron totalmente el suministro de electricidad al edificio de la entonces Sección de Intereses, situada en el malecón habanero y los obligaron a utilizar la planta eléctrica instalada en el inmueble, con el consiguiente consumo de combustible y con las molestias de poner en marcha un sistema, que se utilizaba solo para situaciones de emergencia. La agresiva ofensiva castrista se mantuvo durante un mes.

Solo restablecieron el servicio a la legación diplomática cuando los norteamericanos expresaron que comenzarían a quemar los papeles secretos para cerrar la oficina. En esos días apareció en el diario Granma, Órgano Oficial del Partido Comunista de Cuba un editorial que decía; “No hace falta quemar papeles”.

Fidel Castro y su cohorte maloliente, conocieron de las debilidades de los gobernantes demócratas a través del Presidente John F. Kennedy y luego lo verificaron con el comportamiento de todos y cada uno de los Presidentes demócratas, que pasaron por la Casa Blanca, incluido por supuesto el de Barack Obama, quien finalmente le puso la tapa al pomo.

La idea de Obama era la de restablecer vínculos normales e incluso convertirlos en amistosos con la tiranía castrista, para abrumarla de cierta manera llevando a cabo una inteligencia pro-activa; que utilizaría, diplomáticos, hombres de negocios, políticos, turistas y diversos visitantes de la isla con el objetivo de influenciar las instituciones del régimen cubano, incluyendo a la Sociedad Civil controlada por el oficialismo.

La idea no era totalmente descabellada, aunque sí muy teórica y bastante ingenua, pero el momento escogido era completamente inadecuado. Esto provocó un efecto diametralmente contrario.

El Presidente además, para tratar de acallar a los detractores de aquella política, tuvo que expresar públicamente que aquello era simplemente un cambio de estrategia y que su verdadero objetivo era conseguir el mismo fin, pero con otros métodos, lo que alertaba ingenuamente a los desconfiados personeros de la tiranía.

El interés obsesivo de Obama por restablecer las relaciones diplomáticas con la isla, envalentonó a los tiranos que se creyeron verdaderamente importantes para la política exterior de los Estados Unidos, que según ellos los necesitaba para romper con el aislamiento al que se encontraba sometido.

La idea era que la campaña política ejercida por ellos y sus congéneres, contra los norteamericanos había tenido éxito. Conclusión, errada pero plausible debido al contradictorio mensaje que estaba enviando el Presidente y que los hizo llegar a esa conclusión tan descabellada y absurda. Para los tiranos los Estados Unidos necesitaban de Cuba.

Todo esto sumado a la certeza de las encuestadoras norteamericanas e internacionales de que los partidarios demócratas disfrutarían de una fácil victoria con Hilary Clinton y el Partido Demócrata sobre Donald Trump y los republicanos, que según estimaban seria apabullante.

Los cegó por completo el entusiasmo y su obsesión y por ello se implicaron tan absurdamente en esos ataques indiscriminados, contra los más incómodos funcionarios que trabajaban, para desmontar la tiranía y los pretendidamente más peligrosos y capaces de alterar la estabilidad del régimen castrista, sin meditar sobre las peligrosas consecuencias por sus actos.

Con estas acciones pretendían infundir temor a los oficiales norteamericanos y desestimular la política demócrata de penetrar la isla con funcionarios de inteligencia, como renovados y novedosos “Cuerpos de Paz”. Un funcionario de inteligencia no es necesariamente un espía sino un individuo que trabaja para un determinado fin.

Por ejemplo, no sé si ella habrá sido víctima de estos ataques vandálicos pero una joven y bella diplomática nombrada Lidia Barraza (foto de encima de este párrafo); quien era Jefa Adjunta del Departamento de Prensa y Cultura de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en la Habana y que es ahora vocera del Departamento de Estado, era de esas personas que no temían montarse en un “Almendrón” junto a personas comunes.

Como hablaba perfectamente el español, podía intercambiar ideas y opiniones con los pasajeros, simples ciudadanos comunes y estos maravillarse al ver a una diplomática estadounidense de su rango e investidura, conversar con ellos, cómo una persona normal, común y corriente y sin la arrogante prepotencia que los gobernantes cubanos atribuyen a los funcionarios norteamericanos, a los que tildan de “Procónsules”.

A eso precisamente es a lo que le temen los tiranos, porque ya los funcionarios norteamericanos no se reunían prácticamente con los “grupúsculos” de opositores y contra revolucionarios aislados prácticamente de la sociedad y en minoría.

Ahora los yanquis los amenazaban con influir directamente sobre los ciudadanos comunes, inundando el país con decenas de personas, bien preparadas, cordiales, conocedoras de su trabajo y que se comunicaban en perfecto el español.

En esas circunstancias comenzaron los ataques acústicos o sónicos y los ruidos, con altas y bajas frecuencias. Se atrevieron a realizar ataques ensordecedores que dañaban profundamente a las personas. Podrían haber utilizado incluso descargas electromagnéticas o con algunas otras armas muy sofisticadas.

Enviarían si fuera sido preciso, a una banda de zombies contaminados y venenosos, capaces de morder a los diplomáticos, creados especialmente en sus laboratorios secretos de biotecnología, como una nueva versión de Frankestein.

Para los gobernantes cubanos estos diplomáticos norteamericanos, canadienses o de cualquier otra nacionalidad, son tan peligrosos que ellos prefieren correr el riesgo de ser repudiados y condenados públicamente, pero conseguir que los funcionarios peligrosos se larguen del país.

Es sabido que para declararlos “Persona non grata” deben tener alguna justificación real contra ellos, así y todo deben esperar represalias o reciprocidad de parte del gobierno norteamericano.

Todo este panorama estaba preparado, para soportar el escándalo si algo salía mal, como ocurrió y siempre negarlo todo hasta las últimas consecuencias.

El escándalo estaba preparado para enfrentar especialmente una furia moderada, como la de una administración demócrata, con Hilary Clinton a la cabeza, pero no la de un gobernante enérgico e incluso impredecible como es Donald Trump y una administración republicana, deseosa de patearle el trasero a la tiranía castrista y a sus cochinos marranos.

A estas alturas del juego no harán otra cosa que negar y negar y jurar hasta por su bendita madre y de manera vehemente y hasta asegurar que no conocen para nada sobre la situación e incluso exigir pruebas físicas, cuando ya fueron removidos, uno por uno, todos los dispositivos y probablemente destruidos completamente.

En otra época acciones como estas, emprendidas contra diplomáticos de una nación, se saldaban con una “Declaración de guerra” y probablemente con una invasión militar y el castigo por propia mano de todos los culpables y de los instigadores intelectuales.

Las medidas tomadas por el Presidente, sin dudas afectarán directamente a la dictadura y provocarán además el descontento popular, pero los ciudadanos comunes, en su inmensa mayoría, ni siquiera conocen la verdadera razón de las medidas tomadas por Donald Trump, porque en la prensa, la radio y la televisión cubana no se han explicado los verdaderos motivos, ni se ha dicho nada sobre los ataques acústicos.

Los que conocen la verdad, escuchan sobre todo la Radio Martí o ven, en cierta medida la clandestina antera, que también explica muy deficientemente la situación, dando cierto crédito a las mentiras propaladas por la tiranía castrista y creando también confusión.

Pienso que el año fiscal que ha comenzado este uno de octubre, resultará nefasto para la tiranía castrista, porque ha sido cerrada completamente la válvula de escape que descargaba una posible explosión social, al congelar las veinte mil visas que se otorgaban para la salida definitiva de los cubanos, pero también las más de dos mil visas que reciben los cubanos por el sorteo de la diversidad y prácticamente todas las visas que se otorgan para visitas a los Estados Unidos.

Ahora pueden también ser tomadas otras medidas de represalia como respuesta a las malas acciones de la tiranía. Sigo viendo cómo se van sumando, nuevos elementos al plan de la hecatombe definitiva de la tiranía, que se está cumpliendo poco a poco, como parte de la profecía de San Antonio María Claret, para el próximo 2018.

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