DESDE EL ARCHIPIÉLAGO: INSEGURIDAD, ASALTOS, ASESINATOS Y DROGAS EN CAIBARIÉN. LA CIUDAD CASI BAJO LEY MARCIAL. AVISPAS NEGRAS Y BOINAS ROJAS PATRULLAN EL PUEBLO

MALECONDECAIBARIEN

La otrora tranquila y acogedora Villablanca, la Ciudad de Caibarién,  se ha transformado en una peligrosa localidad donde reina el robo a mano armada y las bandas de atracadores, que asaltan en el pedraplén que lleva a los cayos  a muchos turistas y a los empleados de los hoteles y resortes que regresan al pueblo llevando sus ganancias y propinas en dólares y moneda fuerte.

La ciudadanía está atemorizada, pues además de las bandas de atracadores, existen ya redes de distribuidores de drogas.

Con la promesa de dar más detalles y nombres de hechos ocurridos en “la ciudad de los cangrejos” podemos mencionar los siguientes acontecimientos:

Al joven tapicero Roberto Medina, domiciliado en la esquina donde estaba el antigua Bar La Frontera, en la esquina de Jiménez y Cuarta, fue asesinado a martillazos, le robaron su motocicleta y las cadenas de oro, el dinero en divisas que tenía;  y lo más horrible, después de muerto le degollaron y le arrancaron sus dientes de oro. Según cuentan, los vecinos, quisieron linchar a los sospechosos capturados, mientras se realizaba la reconstrucción de los hechos.

La situación es de tal magnitud entre el temor y la indignación por la inseguridad, que el régimen se ha visto en la necesidad de enviar a Caibarién un contingente de sus “Avispas Negras” y “Boinas Rojas” que patrullan el pueblo.

Hace aproximadamente semana y media,  fue asaltado un joven de nombre  Alberto, hermano de la China barbera.  El hecho ocurrió al lado del Gremio Marino, en la calle Alonso, por encapuchados, él logro quitarle la capucha a uno y se dice es uno de los  integrantes de la familia Cabarroca, un mulato joven él.

Anteriormente había ocurrido un asalto en el reparto Van Troy, en la antigua carretera de la West Indies (conocida en el pueblo por “la aguasindia”). La asaltada fue una joven, repatriada después que cometió fraude en los Estados Unidos y que llegó rica y cargada de dólares al pueblo. Forzaron la puerta de su casa, La apalearon y le robaron millares de dólares.

Hace dos domingos un muchacho fue herido en el Malecón, donde se vende bebida y se baila. Trataron de robarle la bicicleta, pero el muchacho se defendió y lo hirieron.

Al hijo del director de GeoCuba, tres malhechores trataron de robarle la bicicleta, pero el muchacho se les enfrentó y aunque no lograron el propósito, si le hirieron el brazo. Herida que necesitó 12 puntos.

En antro llamado Servi Cupet, corre la droga descaradamente, con la anuencia de la policía, que es “tocada” por los distribuidores de la droga. Los parroquianos bailan hasta desnudos en las mesas cuando se drogan.

“El butacón de Juanito” un espacio para gays en La Playa, cada viernes, se ha visto menguado últimamente, porque los travestis sienten temor, ante tanta inseguridad.

Es de destacar que la prensa castrista no hace mención de estos graves hechos, para no ahuyentar a los turistas, que en gran número se pasean por La Villa. Una vez más se demuestra que, contrario a lo que proclaman los “amigos” de la apertura, los turistas y visitantes lejos de incitar al cubano de a pie a luchar por sus derechos, lo que hacen es llevar drogas y el estilo de vida de drogadicción y gansterismo de las grandes ciudades.

4 comentario sobre “DESDE EL ARCHIPIÉLAGO: INSEGURIDAD, ASALTOS, ASESINATOS Y DROGAS EN CAIBARIÉN. LA CIUDAD CASI BAJO LEY MARCIAL. AVISPAS NEGRAS Y BOINAS ROJAS PATRULLAN EL PUEBLO

  1. A proposito de este articulo, permitanme copiar otro de un escritor cubano al que recientemente se le otorgo el premio de Literarura Princesa de Asturias y del cual no soy muy aficionado porque en sus escritos, con mucha buena palabraria, juega con la cadena pero no con el mono.

    Violencia y razones

    MIRADAS CUBANAS |
    Leonardo Padura Fuentes

    Un viejo amigo, cuya cercanía arrastro desde los días
    de los estudios primarios y cuya suerte en la vida ha sido errática, me ha hecho la advertencia: “No salgas más a la calle con esa cadena en el cuello… Por quitártela pueden darte un puntazo”. Un “puntazo”, en el lenguaje habanero de hoy es una cuchillada en un costado del tórax. La cadena en cuestión, aunque de oro, es de eslabones finísimos y fue propiedad de mi madre, que la heredó de su madre, y que quiso regalármela en los ya lejanos días en que comencé mis estudios preuniversitarios y me hice “adulto”. Desde entonces la he llevado siempre conmigo, como mi talismán, como una seña de mi identidad y de conexión material con el cariño de mi progenitora: conmigo ha estado en aquellos cortes
    de caña con los que empecé a practicar mi adultez entonces recién estrenada, durante mis tiempos universitarios, a lo largo del interminable año que pasé en Angola como corresponsal, en los viajes que luego he hecho dentro y fuera de la isla. Siempre conmigo, por más de cuarenta años. Y ahora pienso si debo seguir llevándola o no: si vale la pena arriesgarme a ser agredido, herido, por ser despojado de un objeto cuyo valor es más simbólico y espiritual que material.

    El consejo de mi amigo no ha sido gratuito ni alarmista: su conocimiento de “cómo está la calle” –también así se dice en el lenguaje habanero de estos tiempos- le permite saber por vía empírica pero bien fundamentada que los niveles de violencia social han ido elevándose en estos
    años y que algo que antes se resolvía con un tirón (el robo de una cadena), hoy puede gestionarse por métodos más drásticos.

    Todos sabemos que en Cuba no existe la llamada crónica roja que se encarga de reflejar y hacer públicos los
    actos de violencia más notables que ocurren en una sociedad. También que no resulta fácil acceder a informaciones confiables de los porcientos de actos
    delictivos que se cometen en el país. Sin embargo, una y otra condición no impide que, por vías alternativas o por la información de alguien que sabe “cómo está la calle” tengamos la percepción de que la sociedad cubana de las dos últimas décadas se ha tornado más violenta que la existente antes de la década de 1990.

    Hace solo unas semanas la isla se conmovió con la noticia del asesinato, sin razón y por sadismo, de un joven rockero camagüeyano, Mandy, hijo del escritor y bloguero Pedro Armando Junco, quien por sus medios hizo circular
    la lamentable noticia. Unos días después, supe por vía directa del robo con fuerza que habían cometido en la casa de unos amigos cercanos, a los que les sustrajeron casi todos sus bienes más preciados. Y, por “radio bemba” acabo de saber del asesinato (no puedo certificarlo, debido a la fuente) de una mujer en las cercanías de Batabanó que, por lo conocido, me recordó la violencia
    desmedida de los protagonistas de la más famosa obra de Truman Capote, la novela-sin-ficción A sangre fría.

    ¿Nunca hubo asesinatos, robos con fuerza y al descuido, hurtos y peleas en Cuba? En realidad, nunca dejó de haberlos, como en cualquier sociedad. Solo que, porcentualmente y por experiencia de vida, todos sabíamos que la cubana era una de las sociedades más seguras del mundo… y que a pesar de posibles incrementos de la violencia, aun lo sigue siendo.

    Una de las razones que han mantenido bajos los índices de violencia en Cuba ha sido la inexistencia de narcotráfico (a pesar de que existe venta y consumo de drogas) y de mafias y pandillas organizadas. Pero, al mismo tiempo, las razones de un posible incremento de actos delictivos y criminales han estado y están a la vista de todos: el empobrecimiento de un sector notable de la población por
    la pérdida de valor del dinero (y del trabajo con el que se obtiene u obtenía ese dinero) y el consecuente gasto moral que la pobreza trae consigo y que se potenció con la pérdida o alteración de paradigmas sociales antes establecidos y hoy bastante deteriorados.

    A partir de la crisis que se comenzó a vivir en 1990 la sociedad cubana extravió algunas de sus condiciones antes establecidas y la más dolorosa de todas fue la pérdida de valor real de la moneda nacional con la que se sostenían casi todos los cubanos y con la que intentan sostenerse
    todavía hoy una gran mayoría. Las estrategias de supervivencia que se comenzaron a practicar desde entonces han tenido entre sus modalidades las de “vivir del invento” o la de “resolver como sea”, y manifestaciones concretas en el resurgimiento de la prostitución, el robo de bienes del Estado (el famoso
    “desvío de recursos” que no cesa), el de buscarse la vida en actividades no propiamente laborales y, por supuesto, sin conexión con la esfera oficial, cuyos salarios siguen siendo insuficientes para un costo de la vida que se ha
    multiplicado por varias veces (el refresco que antes costaba 10 centavos hoy vale, cuando menos, 10 pesos!!!).

    En el plano ético también se ha observado un deterioro de valores establecidos y necesarios, que van desde el simple
    “abuso sonoro” a que nos somete un vecino amante del reguetón hasta el lanzamiento de desperdicios desde autos en marcha, para ascender hasta la noción de que se puede vivir sin trabajar, e incluso, vivir mejor que si se trabaja (a menos que el centro laboral provea de recursos desviables al empleado). Súmese a eso –entre otros factores- la crisis de la estructura familiar cubana, acosada por el hacinamiento que provoca la falta de viviendas, la emigración interna y los resultados de un experimento educativo en el que muchos jóvenes lejos de
    formarse se deformaron y hoy son seres mucho más violentos o capaces, cuando menos, de asumir que se puede vivir bajo la ley del menor esfuerzo (y no son
    nada casuales, por ejemplo, los escándalos de fraudes académicos destapados en los últimos años, los cuales bien podrían ser solo la punta de un iceberg en cuya masa sumergida se practica la venta de notas a los estudiantes, entre otros males).

    La sociedad cubana de los últimos años ha iniciado una batalla por la búsqueda de una mejoría económica de la nación, pero el propio gobierno reconoce que los resultados han sido más que discretos (la famosa asignatura pendiente del país). Pero tantos años de carencias económicas y de desgastes morales provocan erupciones diversas y una de las más explosivas puede ser el increment de la violencia entre las personas, con resultados tan trágicos como los antes reseñados. Y, como en otras ocasiones he dicho, la solución para tal encrucijada no es la represión ni los viejos lemas de la vigilancia… porque ni una ni otra mejoran las condiciones de vida de las personas que optan por resolver sus
    problemas económicos personales y familiares por la vía drástica de la violencia.
    Nota mia:
    Si tuvieron la paciencia de terminar de leer el articulo, coincidiran conmigo en la reincidencia de este escritor en lo que coloquialmente desribi como “jugar con la cadena y no con el mono” al no mencionar que el principal causante de este estado de cosas ha sido la politica y Sistema economico que han impuesto en el pais a la fuerza y con mucha repression a quienes se han rebelado contra ello.

  2. Porque tanta mentira,yo hace poco que sali de caibarien como en toda mundo hay personas que pelean en la calle como usted en el area de malecon hay tres centro que realizan actividades uno es de la gastromia y otro es palmares que pertenece al ministerio de turismo donde la poblacion en general no solo los jovenes van ha su difrute, sobre el cupet y la droga creo que esta poniendo la habana en miami, cuidado que no se combierta en pinocho

  3. Sr. Marín Cancio, fiel representante del hombre nuevo del castrismo, que abandona la patria, para disfrutar de los goces de la “sociedad de consumo” pero cuya corazón sigue estando al lado de los que han destruido la nación. Los hechos están ahí y ni Ud. ni nadie los puede negar. Caibarién no pasa de 35,000 habitantes, por lo tanto el crimen percápita es altísimo. ¿Se atreve Ud. a negar el decapitamiento del joven descrito en Nuevo Acción? ¿También se atrever↓a a decir que las ruinas del teatro Cervantes, es un truco fotográfico preparado por nosotros y que en ese cine se pasan películas todas las noches?
    La droga y las pastillas son notorias en el Cupet, aunque Ud. tocayo del Che Guevara, en honor de quien seguramente le fue puesto a Ud. ese nombre, mienta descaradamente como lo hacía él.

    Ya ve como hasta la permitimos hacerle propaganda a los establecimientos propiedad del régimen, al revés de la prensa amordazada de cuba, en la que jamás le permitirían a Ud.hacer una aclaración a una información ofrecida por ellos.

    Si yo pensara como Ud. y creyera en lo que Ud. afirma, siendo consecuente con lo que predica, nunca hubiera abandonado mi pueblo. Si es Ud. sincero, regrese a vivir en el paraíso del castrismo y huya espantado de los pueblos y antros llenos de drogas de los países capitalistas.

  4. Lástima, a Cuba le está entrando lo peor del capitalismo.

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