DESDE EL FONDO DE MI CUEVA

“Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército.” ― José Martí

Por Aldo Rosado-Tuero

La historia evidentemente es una espiral que en muchas ocasiones se repite y ahora con la presidencia de Donald Trump yo me he encontrado en una situación casi idéntica a cuando el presidente era Ronald Reagan.

Yo viví en South California en el último período de Reagan como gobernador de ese Estado y por lo tanto conocía más o menos la actuación y la postura política del ex actor, devenido en presidente.

Cuando Reagan llegó a la Casa Blanca—tal y como ha ocurrido ahora con Trump—a muchos cubano exiliados anticastristas les dio por pensar y anunciar a bombo y platillo que Reagan sería el verdugo de Fidel Castro.

Yo, que por entonces escribía una columna semanal en el “20 de Mayo” de Los Ángeles, me atreví a afirmar, que yo creía que Ronald Reagan sería uno de los mejores presidentes en la historia de los Estado Unidos, pero que no iba a sacarnos las castañas del fuego a los que luchábamos a brazo partido por la libertad de Cuba.

Armando Pérez-Roura, que a la sazón comenzaba a ganar popularidad en el Miami anticastrista hizo unos de sus editoriales comentando mi columna, afirmando que quién dijera lo que yo escribí era un aliado de los castristas.

Como era de esperar, inmediatamente le contesté a Pérez Roura, en duros términos, recordándole que mi historia de lucha anti castrista era diez veces superior a la suya, pues yo ya combatía activamente a la tiranía, mientras él era miliciano y ayudaba a intervenir el Circuito CMQ.

Sin saber—en ese entonces—que alguien le había puesto el mote de “Sesohueco”, también afirmé: “Es un tremendo error querer convertir en comentarista o analista político a un excelente locutor, pues es un hecho científicamente comprobado que las cuerdas vocales no tienen nada que ver con el cerebro”.  Ese exabrupto me costó la ojeriza eterna de Armando, pero la cruda realidad demostró que yo tenía razón.

Ahora me está pasando algo similar. Estimo que Trump ha de ser un buen presidente—sobre todo en el campo económico—pero, como todos sus predecesores, no hará nada decisivo para que logremos la libertad de nuestra patria.

Y ahora-como Pérez-Roura en aquella época–hay un grupo de fanáticos cubanos, incondicionales de Trump que salen a comerse y a insultar a todo el que se atreva, como lo he hecho yo, a decir que Trump, no ha hecho y es casi seguro que no hará nada para barrer con el castrismo.

Me he cansado de proclamarlo. Mientras los cubanos no entendamos que el protagonismo y la responsabilidad  de conseguir la libertad es asunto nuestro y que no importa de qué partido sea el presidente norteamericano que esté en el poder, solo nos respaldará cuando nuestro pueblo deje de ser un rebaño de carneros sumisos y se creen las condiciones de rebelión y protestas populares que demuestren que estamos dispuestos a pelear y morir por nuestra libertad.

¡No pongamos sobre hombros ajenos la enorme y gloriosa tarea de hacer brillar en los cielos de nuestra patria el Sol de la Libertad!

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