DESTRUYENDO MITOS: LA MASACRE DEL BOSQUE DE KATYN. CRIMEN SIN JUICIO NI SENTENCIA

Por, Joseph Mackiewicz 

En 1943 el Ejército alemán se encontró con un horrible descubrimiento: unas fosas comunes repletas de cadáveres de unos 15.000 oficiales y suboficiales polacos, todos ellos ejecutados por el sistema del tiro en la nuca, clásico de la policía soviética, en 1940. Como acostumbraba, para evitar las campañas difamatorias a las que constantemente se encontraba expuesto, convocó a la Cruz Roja y a una comisión internacional para que actúen de veedores y puedan comprobar la autoría soviética de la matanza. A pesar de que tanto polacos como ingleses y soviéticos conocían a sus autores, todos prefirieron culpar a los alemanes por razones políticas. Incluso terminada la contienda, en el Tribunal de Nuremberg, se siguió escuchando esta acusación a pesar de lo evidente de las pruebas. Recuérdese que las potencias aliadas habían declarado la guerra supuestamente para defender a Polonia de Alemania, a pesar de que también Rusia atacó a Polonia dos semanas después y no sólo no le declararon de la misma manera la guerra, sino que se aliaron a Rusia, prometiéndole -y concediéndole- infinitamente más territorios y prebendas que los que Stalin pidió a Hitler y éste le negó. Aceptar públicamente que la Unión Soviética había actuado peor que Alemania les era imposible.

Józef Mackiewicz, reconocido escritor polaco, con el consentimiento del gobierno polaco en exilio, participó de la Comisión Internacional que estuvo presente en las primeras excavaciones de las fosas comunes en Katyn y pudo comprobar fehacientemente lo que allí realmente había sucedido. Tras seguir investigando el hecho por 5 años, recopilando documentación, se decide en 1948 a escribir el libro que aquí presentamos, con un relato pormenorizado de la matanza de los oficiales polacos por la policía secreta soviética. Su primera edición fue destruida por el editor en Londres pero pronto el trabajo conocería numerosas ediciones en diversos idiomas.

Aun así, de 1945 a 1990, mientras duró la República comunista polaca, su trabajo permaneció censurado en su propio país, ninguna publicación le fue permitida ni siquiera en ámbitos académicos o periodísticos, debido a este intento por exponer los crímenes del comunismo.
Hoy sabemos que las víctimas polacas de aquel crimen soviético fueron cerca de 22.000 ejecutados tanto en el bosque de Katyn como en las prisiones de las ciudades próximas, e incluían militares, policías y civiles integrantes de la intelectualidad polaca —profesores, artistas, investigadores e historiadores— en un solo intento de “purgar” Polonia para instaurar el comunismo tras su invasión. De todas formas, e increíblemente, aún no se pone en duda que la guerra se debió desatar contra Alemania por su reclamación de los territorios propios que le fueron quitados tras la Primer Guerra Mundial y no a Rusia por este atropello contra el pueblo polaco.

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