¿DÓNDE ESTÁ DIOS? SU NOMBRE DESAPARECIÓ DE NUESTRO ENTORNO

Por Dr. Santiago Cárdenas- especial y en primicia para Nuevo Acción

Ya no se escucha el nombre Dios. Ha sido totalmente expurgado de la cotidianeidad. De la Academia (por supuesto),  de la media, de las conversaciones diarias y tal vez de nuestros más  íntimos pensamientos. Esto habla de la eficacia que ha tenido  la subversión y la infiltración cultural del seculo-laicismo desde el siglo XIX en nuestras estructuras sociales.También de la mojonatería y la comemierduría de los “buenos”. En cierto modo la  descristianización  no marxista de la sociedad  ha sido más inteligente, sutil y demoníaca que la del leninismo. Ha logrado más,  sin tener que  enfrentarse directa o “científicamente” a Dios como hicieron los bolcheviques. Simplemente el modernismo ha ignorado y/o subvertido, por las buenas, el santo nombre de Dios. Lo ha tirado a mierda. Algo así como un deicidio pero con  vaselina.

El pueblo elegido  tenía muy presente al YO SOY, desde el Génesis, tanto, que por reverencia los israelitas ni mencionar su nombre  podían. San Pablo  lo difuminó como Jesús  devenido en el Cristo, el Alfa y el Omega. En el 325 el Concilio de Nicea lo definió  genialmente, como: “Uno, Padre, Todopoderoso, Creador de cielos y tierra, por los siglos de los siglos: amén”. Así lo  proclaman al menos tres mil millones de personas en los servicios religiosos catoprotevangélicos  cada domingo alrededor del orbe.

Pero esto es a intramuros y confesionalmente. En la arena pública  Dios murió oficialmente.  ¿Recuerdan el vaticinio del nihilista Nietzche? “Dios ha muerto; nosotros lo matamos”. Parece que no  estaba equivocado.

Para  creyentes conservadores tradicionales, como yo, los atributos medievales del Angélico Tomás de Aquino—que fue lo que me enseñaron en el catecismo—siguen  siendo válidos. Un solo Dios: eterno, omnipresente, omnipotente y omnisciente.  También  para  los escasos sobrevivientes de la  Acción Católica y los   antiguos alumnos maristas, lasallistas, escolapios o belemistas. Estos atributos  son  algo que a la gente común, la de ahora,  el ciudadano de Wal Mart, no le importa, no lo entiende, ni le interesa.

Actualmente la progresía liberal izquierdista  injertada  en el corpus eclesiam—con su teología de la liberación vivita y coleando, la  que resucitó al tercer decenio–ha tomado el asunto en sus manos y  muy en serio. Nos ha enviado una  simplificación  del  asunto con  tufillo franciscano. Para Dios,  solamente  dos atributos bastan: creador y liberador. Claro, no podía faltar lo de ” liberador” que es precisamente en lo que insisten. El meollo de su prédica. Su razón de  existir.

La última línea de defensa ante el avance del  a-deísmo , en la guerra cultural a la que asistimos, quedará  como siempre sucede en la  gente común, la del Mc. Donald y los food stamps. Ese es el “Pueblo de Dios” como lo definió el concilio Vaticano II.

“Si Dios quiere; en el nombre de  Dios;  Dios lo permita”; son  algunas de las frases comunes  en las conversaciones privadas  que la gran prensa  nunca va a considerar, por primitivas e incómodas. Estas expresiones populares no tienen solamente un valor anecdótico sino sagrado y con grande riqueza espiritual.

El “concepto” de Dios  continuará siendo algo personal. Para  Kant, Dios  es un nuómeno;  no es un fenómeno que  alguien pueda  explicar. El nominalismo: Señor, Jeovha, Yhavé, Dios, Soy el que Soy, I’am, etc. importa poco. Ese “concepto” seguirá grabado en nuestras mentes y corazones a priori, suceda lo que suceda.

Sea valiente; sea coherente con su fe por infusa que sea. No tema y mande al carajo a la dictadura relativista; la que   logró sacar el nombre  de Dios de los aerópagos  de la civilización moderna.

WordPress theme: Kippis 1.15