DOS PROPINAS: (LA QUE DI Y LA QUE NO DI)

ESTEBITAESTAESLABUENAHORAPor, Esteban Fernández

Estamos en Las Vegas, Nevada, 1970. Entramos a ver un show con Tony Bennett. Escuchar un bolero de este cantante es extremadamente agradable al oído, pero -por lo menos para mí- cuando usted tiene que dispararse 25 canciones consecutivas  con el mismo  tono suave, romántico y melancólico de este afamado crooner  es súper tedioso y aburrido.

Lo que hizo más llevadera la situación fue el “busboy” que nos atendía porque era simpático y conversador, y al disparar tres “coños” uno detrás del otro me di cuenta que era cubano. Parece que él también notó que éramos sus compatriotas porque en cada ocasión que tenía un chance se nos acercaba y lanzaba algún dicharacho de nuestra tierra.

No habían pasado ni 15 minutos cuando le hice la pregunta nuestra de rigor: “Oye ¿de qué parte de Cuba  eres tú?”. Rápidamente me respondió: “Yo soy del interior de la República pero me crié en La Habana ¿y usted?”. Le dije: “Me llamo Esteban y soy de Güines ¿cómo te llamas?”. Y me respondió: “Yo soy Alberto, en Cuba era Contador Público, hasta que llegó el tipo ese y se cogió a nuestro país, entonces vine para acá y aquí la estoy puliendo desde el año 63”

Y ahora viene la parte que me hace siempre recordar al busboy Alberto.  Sin pensarlo dos veces le dije: “Mira, mi socio, yo sé que la propina se la debo dar al camarero y que él después te da algo, PERO POR SER CUBANO IGUAL QUE YO coge estos 10 dólares por adelantado”.

Me miró alegre y sorprendido, se sonrió, me estrechó la mano y me dijo algo que SOLAMENTE A UN CUBANO SE LE OCURRE DECIR: “Muchas gracias señor Esteban, le voy a decir algo ¡Si me da 50 dólares me subo al escenario, le quito el micrófono a Tony Bennett y le canto el himno nacional cubano!” Y todos en la mesa nos orinamos de la risa.

Años más tarde estoy en Miami Beach. Estoy cogiendo sol en la parte trasera del Hotel Eden Roc donde me estaba quedando. A cada rato se me acercaba un joven a traerme toallas limpias y preguntándome si deseo tomar algo. Enseguida por el acento me parece que es cubano y aunque eso no se usa mucho en Florida le hago la pregunta a la cual yo estoy acostumbrado en California: “Oye, compatriota ¿de qué parte de Cuba eres tú?” Y sin mucho entusiasmo me dice” “Oh, yo soy de Güines”.

Si ustedes me conocen saben que decirme alguien que “es de Güines” es mejor que decirme “soy el rey de Roma”. Ipso facto me levanto, le doy un abrazo al joven y le digo: “¡Muchacho que alegría me estás dando, yo también soy de allí!”.

Y el güinerito me dice: “Me gusta que usted se sienta contento con eso pero quisiera saber ¿Qué importancia tiene el ser de Güines?” Sorprendido y con tono áspero le dije: “¿Qué tú dices…?”

Como parece que notó mi incomodidad me trató de explicar: “Señor, lo que pasa es que el único hospital de maternidad que hay en una amplia zona -que incluye a muchos pueblos de la provincia Mayabeque- está en Güines, entonces todos nacemos ahí, por lo tanto nadie le da mucha importancia al lugar donde viene al mundo”

Esa respuesta me dejó atónito y fue una de las pocas veces en mi vida en que no sabía que responder, sólo atiné a sentarme y decirle: “¡Se te jodió la propina!

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