EDICIÓN DEDICADA A LA MEMORIA DE PEDRO LUIS BOITEL

PEDROLUISBOITELHoy, al cumplirse un nuevo aniversario de la muerte en presidio del líder estudiantil Pedro Luis Boitel, Nuevo Acción le rinde tributo de recordación y respeto a su imperecedera memoria, haciendo votos porque un día reine en nuestra patria la justicia y la libertad por las que aquel flaco con coraje para regalar, soñó y dedicara su vida.

Un crímen del castrismo que no quedará impune. Su sacrificio y su ejemplo son acicate para no claudicar en la lucha y para clavar en la picota pública a los traidores y a los mercaderes que quieren pactar con la tiranía pasando por encima de los charcos de sangre de nuestros hermanos muertos.

PEDRO LUIS BOITEL 1931-1972

Por Martha Pardiño

El 25 de Mayo de 1972, después de 53 días en huelga de hambre, entrega su alma al Creador, Pedro Luis Boitel.  Aquel jóven lleno de ideales, católico, aferrado a sus valores de cubano que honraba a su patria, que dejó de existir mientras estaba preso en las cárceles del tirano que asfixia nuestra patria.

Su inseparable compañero, Cautivo, que lo cuidó a través de toda su agonía y que estuvo junto a él hasta el último momento, escribió un diario en el que relata todo lo acontecido en esos tristes 53 días, desde el comienzo de la huelga de hambre el día 2 de Abril, hasta el 25 de Mayo cuando muere Boitel.

Estremece este diario que relata los días de rezos, sufrimientos y conversaciones con su amigo.  Cuenta que un día al ver a Pedro Luis tan flaco y depauperado que casi no podía hablar, Cautivo, preso de un ataque de desesperación, le dijo: “¡No sigas con esta huelga!; ¿no te das cuenta que quieren matarte?”, a lo que Pedro Luis sacando fuerzas de su alma y casi sin aliento, le contestó: “¡Podrán matar mi cuerpo, pero no mi espíritu!”.

Por eso en este día en que se cumple un año más de su muerte, quiero decirle en nombre de todos los cubanos dignos que aman a Cuba, que nunca te olvidaremos Pedro Luis; no olvidaremos tu lucha de hombre recto y lleno de ideales; que nunca olvidaremos tu jóven vida inmolada en aras de la libertad de tu patria. Jóven mártir que la patria llora.

Como tampoco olvidaremos a tu madre, esa mujer de cabellos blancos que con los ojos arrasados de lágrimas, al verse frente a frente a los culpables de la muerte de su hijo les gritó asesinos.

En paz descanse Pedro Luis Boitel que ya tiene un lugar junto al Padre en la patria celestial.

Fragmentos del diario de un compañero de presidio del mártir Pedro Luis Boitel

DIA 51

Lunes, Mayo 22, 1972 – Se pasó toda la mañana durmiendo o mejor dicho en estado semiinconsciente. Como a las 10 de la mañana varias moscas persistían en posarse en sus labios y boca abierta. Me dí a la tarea de matarlas. Llevaba un total de 17. Le seguí echando fresco por un largo rato. Después me sustituyeron Miguel y Jorgito. Son las 11:25 A.M. Los compañeros están algo agitados con lo que está pasando. Unos piensan que debemos llamar, otros que será peor, otros que él no quiere. Nadie da una solución, porque verdaderamente no la hay, y si la hay no sé cuál es.

4:10 P.M. Se despertó moviendose lentamente. Abría la boca como para hablar, acerqué mi oido a sus labios, no decía nada. Su respiración era lenta. Le puse el jarrito en la boca y le empujé un poco de agua. Se enjuagó la boca porque la botó. No tomó ayer ni orinó en todo el día. Hoy tampoco lo ha hecho. Lo viró, agarró la lata, levanto la sábana y lo pongo a orinar, pero nada. Se le cayó el parche del ojo izquierdo. Me miró con ojos extraviados, hasta que al fin me clavó su mirada. Era una súplica. Su ojo enfermo, al parecer, ya no estaba irritado. Interpreté su súplica como un cigarro. Le encendí y se lo puse en la boca. Aspiró el humo levemente. Dio tres o cuatro bocanadas y luego lo rechazó con un gesto. Lo apagué.

Volvió a quedarse dormido pero antes, le volví a poner otro parche.

10:25 P.M. Hemos turnado Jorgito, Miguel y yo para echarle fresco. Traté de darle agua, no le vi tragar, pero es posible que algo le haya entrado. No puede retener el agua en la boca y la vomita. Su respiración es muy lenta. Creo que de un momento a otro se acaba todo. ¡Dios mío!, esto tiene que ser una pesadilla. No puede ser verdad. ¡Como es posible que un ser humano, pueda vivir tanto tiempo sin alimento!

Hoy cumplió 51 días en huelga. Mañana inicia el 52; lo veo muy mal.

DIA 52

Martes, Mayo 23, 1972 – 5:30 A. M. No dormí pensando que surgiera alguna idea salvadora. No se me ocurre nada. La situación es difícil y penosa. Se está muriendo y hay que hacer algo por él. Tomo una decisión. Los comunistas no piensan venir, lo van a dejar morir aquí en nuestras manos. Y ellos son los assesinos de Pedro. Están dejando morir a un compañero que reclama sus derechos. No le quieren dar asistencia médica para que se muera. Así matan a Pedro Luis. Un luchador que les estorba, que les hace sombra. Ellos pueden muy bien darle asistencia médica, aunque no le resuelvan sus peticiones; pero sí pueden darle asistencia para que no se muera. Pueden alimentarlo por sonda, pueden pasarle los alimentos por la manguera, como lo han hecho otras veces. Pero ahora no lo quieren hacer porque saben que Pedro Luis es un hombre que no conoce la retirada y porque lo saben precisamente, es que quieren matarlo. ¡Asesinos!

10:20 A.M. Acabo de hablar con el compañero que está al frente de la galera como responsable de la misma. Le expliqué que comunicara a Valdés, a pesar de que Pedro no quería. Bajo mi responsabilidad, que aquí hay un compañero en estado comatoso y que es una obligación de ellos asistirlo. Que lo que ocurriera era de total y absoluta responsabilidad de Valdés y de los dirigentes del Ministerio. Sergio del Valle, O’Farrill y demás. Lo consulté con Jorgito y Miguel, ellos estuvieron de acuerdo con mi decisión. Estos dos compañeros fueron designados junto conmigo por Pedro para que le ayudáremos en sus necesidades). El jefe de la galera reunió inmediatamente a los compañeros de la galera y expuso lo dicho por nosotros. Al terminar la reunión se llamó enseguida al Sargento que estaba de poste y se le comunicó que era de extrema urgencia que Valdés se personara lo más rápido posible. A los pocos minutos anunció el posta que venía dentro de una hora. Cuando el Sargento entró a abrir la reja del patio alas 11:55 A. M. se llegó hasta la cama de Pedro. Cuando vio aquello, abrió los ojos asustado y dio unpaso hacia atrás. Rápidamente se dirigió a la salida. Pedro tiene la cabeza echada hacia atrás y la boca abierta. Además, es un esqueleto y no un cuerpo lo que hay en su cama… No ha despertado aún, en la madrugada o hizo dos veces pero se durmió enseguida. Como a las dos empezó a quejarse. No era un quejido de dolor o sufriemiento. Era como un quejido de un niño. Más bien pretendía hablar. No lo hacía. Era espaciado y no continuado.

12:10 P.M. Acaba de entrar un Sargento, segundo de Valdés, se acercó a la cama de Pedro, lo miró, lo vio respirar. Le preguntó al Jefe de la galera; ¿ por qué tiene Boitel en el ojo tapado? El Jefe de la galera le dijo que no sabía. Le preguntó, ¿para qué lo habían mandado a buscar? Se lo dijo que se necesitaba hablar con Valdés lo más rápido posible. Se fue. Pedro sigue muy mal.

12:40 P.M. Vino Valdés y el Sargento. Le preguntaron al Jefe de galera. Este le dijo delante de Miguel, Jorgito, otros compañeros y de mí, las condiciones en que estaba Pedro, que se estaba muriendo y que cualquier cosa que le ocurriese a Boitel la responsabilidad era de ellos. Yo le dije que no le quedaban 48 horas de vida. Valdés se acercó a la cama de Boitel, lo vió. A petición de él, le alcé la sábana, cuando vio aquello se le abrieron los ojos e hizo mohín con la boca. Lo llamó, Pedro… Pedro… Pero Pedro no contestaba. Su rostro estaba sereno y su ojo cerrado, aunque sus manos tenían movimientos. Le alcé de nuevo la sábana y me dijo” “Basta, basta, ya lo ví.”Se retiró del lado de la cama y junto a la puerta de salida dijo: “Efectivamente, está muy grave. Ya lo ví. Yo informaré que está muy mal. Que está grave, se puede ver a simple vista. Ahora bien, ya nosotros estamos cansados de Pedo Luis Boitel y de sus huelgas… Lo que él pide no se lo vamos a dar. Si fuera por mí, se moría ahí mismo. Pero como yo no decido en este asunto y éste es un caso de “arriba”, yo informaré al Ministro y les explicaré en las condiciones en que está y que él decida. Pero llévate la impresión de que se vá a joder… Le dijo Valdés al Jefe de la galera. Dicho esto se fue.

Al parecer ya está firmada la sentencia de muerte de Pedro. Su suerte hace rato había sido decidida por el “Ministerio.”

4:25 P.M. Hay un silecio profundo en la galera. Llegó nuestra comida. No tengo ánimo de comer, no lo hago prácticamente hace 4 ó 5 días. No me pasa. Se le sigue echando fresco. El sigue sin moverse, la respiración es lenta. Las moscas insisten de nuevo. Se ha limpiado dos veces alrededor de su cama.

4:45 P.M. Pedro se está quejando. Lo llamé, no me contestaba. Lo volví a llamar. Le grité, al fin abrió el ojo. Me mira. Le digo: ¿No me conoces?… soy Cautivo… Mueve la cabeza de un lado para otro. Insisto. “Pedro… Boitel… escúchame, tienes que tomar agua y orinar…, me oyes? Hace un supremo esfuerzo para hablar, lo único que consigue es que salga un sonido gutural. No se le entiende nada. La respiración se hace rápida, abre el ojo y lo vuelve a cerrar. Lo pongo para que orine. No expulsa nada. Hace dos días que no toma auga ni orina. Le siguen echando fresco Miguel y Jorgito.

5:10 P.M. Se quedó dormido de nuevo. Ya está en el sueño de coma. Le cubró con la sábana sus piernas, y le acomodé su cabeza en la almohada.

11:20 P.M. Lleva diez minutos que está quejándose. No sé explicar cómo es el quejido, más bien es un suspiro, sí eso es; un suspiro en voz alta. No ha perdido el conocimiento y aunque él no puede hablar, sí es posible que oiga todo lo que hablamos. Lo que yo le indico trata de hacerlo. Esta gente no ha contestado nada. ¡Que esperan, malditos!… La noticia de su muerte. Es de madrugada, sigue a cada rato con quejidos. Finalizó el día 52 de huelga.

DIA 53

Miércoles, Mayo 24, 1972 – 6:10 A.M. No he dormido en toda la madrugada; así como otros compañeros.

Se quejó en su inconsciencia durante toda la noche. Tiene un aguante inmenso; nunca pensé que durara tanto tiempo un ser humano sin alimentarse. Pedro es el más flaco de todos y con padecimientos estomacales que le quedan de sus huelgas anteriores. Lo que lo mantiene es su espíritu de siempre, aún en sus últimos momentos, está dando una pelea tremenda. Sus armas: La moral, la razón y la justicia. Nos está enseñando el máximo comportamiento de un idealista ante la muerte. Indudablemente que es un gigante.

8:25 A.M. Su quejido ha ido apagándose poco a poco. Es ya imperceptible, pero sigue moviéndose. Se acaba de despertar. Hoy es el tercer día sin tomar agua ni orinar. Esto es el fin.

9:10 A.M. En la galera hay un respetuoso silencio. Estamos viendo morir a un compañero. Quizás la muerte más triste “de hambre”, una muerte lenta, de horas, días y meses con plena conciencia de lo que sucede a su alrededor. Llamé a Edgar para que le eche fresco, mientras le paso un algodón mojado en agua por sus labios secos. Al sentir la humedad era comi si la vida le volvía. Se tranquilizó. Al minuto llevó sus dedos con trabajo a la boca. Quería de nuevo que le pasara por sus labios el algodón húmedo. Se lo hago. En su rostro refleja algo que no puedo explicar.

Ahora se lleva su mano derecha al muslo. Hace esta operación varias veces. Quiere decirme algo con eso, pero no sé lo que es. Hace otras señas pero no las comprendo. Quiero hablar o decir algo por gestos. Llamo a Alonso para ver si él puede entender algo de los movimientos de su mano derecha, tampoco. Lo pongo a orinar. Nada Es desesperante. Hay dos compañeros abanicándole. Lo miré bien. Prácticamente es un cadáver lo que hay acostado en la cama, es un bulto pequeño lleno de huesos.

Hablando con dos compañeros, le mostré lo que quedaba de Pedro, levanté la sábana y se quedaron asombrados. Uno comentó: “Está liquidado”, su cuerpo consumido totalmente. Apenas tiene movimiento. Pesa unas 78 libras más o menos.

10:03 A.M. Se volvió a despertar. Movió su mano derecha pero ya no tiene coordinación. Se lleva la mano derecha hacia su ojo y se le iba para encima de la cabeza, en un segundo intento se toca la frente y de ahí palpando con las hemas de sus dedos llega al fin a su ojo, lo abrió. Miró y lo cerró. Al parecer quiso ver con ansiedad todo lo que a su alrededor sucedía como periéndolo ver lo más posible en su última mirada. Tenía la boca abierta y empinada hacia arriba como queriendo atrapar el aire que se negaba a entrar en sus pulmones. Su respiración era lenta, anhelosa y ronca como la de los moribundos. Está agonizando con absoluta conciencia de su cruel situación y profunda resignación de su muerte. Sufría callado. Esperaba pacientemente…

No pude aguantar más. Le pedí al Jefe de la galera que llamara con urgencia a Valdés, que lo estaban asesinando! Inmediatamente se le pidió al Sargento que está de posta que viniera Valdés, que Pedro está muriéndose.

1:15 P.M. Llegó Valdés. Se le explicó que Pedro se moría y que tenían que llevárselo. Se le exigió. Valdés, sin mirar a Pedro, dijo que ya tenía la orden de sacarlo.

¡Al fin! Ensequida, dentro de media hora vendrían los camilleros a buscarlo. Y se retiró… ¡Hay esperanzas, hay esperanzas! Dijimos algunos.

4:40 P.M. Acaban de sacar a Pedro. Vinieron tres Sargentos con una camilla. Entre Miguel y yo cargamos a Pedro y lo colocamos suavemente, con colchón y colcha en la camilla. Alonso, momentos antes, le había colocado debajo de su almohada una medalla del Sagrado Corazón.

Tenía su ojo cerrado, pero vivo aún. Respiraba. Mientras hay vida hay esperanzas. Además, ahora no se puede morir. Los compañeros se colocaron a los lados en el pasillo, querían verlo, decirle adiso a su manera. Yo le puse mi mano sobre su cabeza como un estímulo o una esperanza.

Sentí un vacío inmenso cuando salió, con él se fue algo mío. Le dijo al Sargento que me había pedido —fue en días anteriores— le pusiera los zapatos, el reloj, los espejuelos y el bastón. El reloj lo lleva puesto en la muñeca izquierda, los zapatos, espejuelos y el bastón van en la camilla. El Sargento me pidió los zapatos y espejuelos para llevarlo él. En su cuello enflaquecido colgaba su cadena de oro con sus medallas, una de la Virgen, otra de San Lázaro y una espadita. Era la 1:40 de la tarde del día 24 de Mayo. Completó su día 53 de huelga de hambre. Lo sacaron por la salida que da a la calle o a la entrada para la Sala Pity del Hospital de aquí del Príncipe. Pienso que va para el Hospital Militar, donde estuvo casi tres años la otra vez.

Ya todo terminó. Siento un gran vació dentro de mí. Con él se fue algo mío. Estoy cansado a más no poder. La fatiga invade mi cuerpo y lo que quiero es dascansar. Cerrar los ojos y que cuando los abra sabré que Pedro está bien. Creo que no hay más nada que poner. Lo demás lo dirá el tiempo.

9:25 P.M. Pensé que ya esto había acabado. Estuve esperando para ver si escribía o no. Después he meditado; vuelvo a escribir por estar relacionado con Pedro. Como a la hora de que lo sacaron, vino un Sargento y pidió el plato de él. Le dije que lo había guardado porque no hacía falta. Entonces me dijo que le diera otra o una vasija para llevarle la comida. Eso indica una sola cosa. Está en la sala Pity del Hospital de aquí o en otro lugar del Príncipe. ¿Con qué fin? Le irán a dar asistencia o lo dejarán morir. Solo queda esperar y rezar por su vida.

Aquí la firma del prisionero que estuvo junto Pedro Luis Boitel hasta que lo sacaron de la celda.

RELATO DE UNOS PRESOS QUE PRESENCIARON LA MUERTE DE PEDRO LUIS BOITEL, EN LA SALA “PITY FAJARDO”

A Pedro lo entraron incosciente a la 1:40 del 24 de Mayo, estaba casi frío y baía sido golpeado, no le prestaron asistencia Médica y estuvo toda la noche en los estertores de la agonía. Cada cierto tiempo se le acercaba un militar; sobre las 3:00 de la madrugada se le acerrcó un guardia y dijo.. ¡Ya! Así lo tuvieron hasta las 7:00 de la mañana que penetró el capitán Lemus y dio la orden de sacarlo.

Había otros presos en la enfermería que son testigos de esta barbarie y dijeron… ¡Mataron al intocable!, la reacción de todos los Presidios se hará sentir. Qué podemos esperar nosotros de ninguna manera y bajo ninguna circunstancia permitiremos que el enemigo nos intimide, por cada uno que caiga deben levantarse 10 heredando su espíritu, la muerte en nuestros casos no asusta, nos enfrentamos a diario con ella, para morir por esto que llamamos Patria cualquier lugar es bueno.

“Pedro Luis Bitel, murió golpeado en Huelga de Hambre a los 53 días”. Para titular de una noticia periodística no tiene precio, para nosotros, que lo vimos apagándose poco a poco, como la candela de un cigarro, nos parece una pesadilla, tuvo quizás la muerte más cruel y tormentosa que puede existir, ¡No le dieron Asistencia Médica!

Los cubanos dignos responsabilizamos a: Fidel Castro, Raúl Castro, Sergio del Valle, Ministro del Interior; Medardo Lemus, Jefe de Cárceles y Prisiones; Raúl O’Farrill, Jefe de Reeducación nacional; Valdés, Jefe de Seguridad del Principe y Sanabria, Responsable de la Sección 6 del Principe, de ser los ASESINOS de Pedro Luis Boitel.

Han matado su cuerpo su vida que nos era tan preciosa, pero su espíritu es inmortal, ese no se doblega nunca, durante los 12 años de cautiverio y torturas, y sigue vivo enarbolando la bandera de la libertad y la dignidad Cubana.

El día 25 los carros de seguridad rodean la casa de Clara Abraham, la madre angustiada es detenida y llevada al trágico G-2, y allí, brutalmente, el Tt. Abad le dice: “Pedro Luis Boitel está muerto y enterrado, y no grites, no estás en tu casa, estás detenida en Seguridad”. Por tres veces la golpea, arrojándola contra un sofá. Durante todo el día permanece secuestrada allí, y se le dice que no podrá volver a su casa.

Cuando llega la noche es trasladada al lugar donde vive, y éste rodeado por fuerzas de Seguridad del Estado. Le cortan la corriente al teléfono y la incomunican totalmente. Miembros del Comité de Defensa (delatores del barrio) llegan a ella para decirle que no puede gritar; ¡hasta llorar a su hijo se le niega!

Pero ya la noticia ha comenzado a filtrarse, y con el nuevo día comienzan a llegar a su casa familiares y amigos que se niegan a creer todavía la horrible verdad: “Pedro Luis Boitel ha muerto.”

A las 4 de la tarde, aproximadamente, del día 26 se presentan nuevamente en su casa los militares para informarle dónde se encuentra enterrado, pues… hasta eso le había sido negado a su madre, saber dónde reposaba! Se le autoriza a ir a la tumba a ella, a su madre, y cuando días después, el 30 de mayo, un grupo de amigas y familiares la acompañan a llevarle flores, son perseguidas, y rodeadas en el cementerio por una turba de mujeres y hombres dispuestos a llegar a la agresión física, impidiéndoseles rezar una oración.

 

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