EDITORIAL

Desde muy niños nos inculcaron—para que le sacáramos  el mayor jugo a los avatares de la vida—que si solo te dan o tienes limones, lo mejor es hacer limonada, por eso hoy queremos  ofrecer una solución para Cuba, que si se implementa, terminará con la propiedad socialista, el Capitalismo de Estado y la venta programada de la riqueza del pueblo cubano y de la nación a los capitalistas extranjeros que están al acecho para caer como una plaga de langostas sobre nuestro Archipiélago. 

AUTOGESTION¿Es la autogestión una opción viable para la economía cubana? Consideramos que sí, aunque muchos sostienen que no. Presuponen que no, porque a priori la rechazan. Fundamentalmente su opinión es que nunca se ha implantado en ningún lugar en gran escala. Primera equivocación, que entre otras cosas, desconoce la naturaleza eminentemente autogestionaria de la pequeña empresa privada, y falso argumento porque, de mirarse el Siglo XIV con la misma perspectiva, se hubiera desechado la opción mercantilista que ya asomaba por el horizonte. 

No es lícito esgrimir que solo lo posible existe y deberá haber existido siempre. Ese precepto es reserva metafísica. Usarlo fuera de lugar es negar la capacidad de mejoramiento del hombre, su posibilidad de aprendizaje. Y eso no es tener los pies firmemente plantados sobre la tierra, sino mantener la cabeza profundamente enterrada. Tal actitud, asumiendo buena fe, no percibe cambios. 

Estos señores adoptan como modelo a los Estados Unidos y a los 7 países del grupo súpercapitalista. O a los que a su sombre han venido desarrollándose más exitosamente. Prefieren ignorar otros más próximos, más desafortunados, donde la aspiradora capitalista no ha dejado a su paso más que cólera, miseria y atraso. Para nosotros los cubanos prometen una danza de los millones cuyos acordes se iniciar<n en el plazo ridículamente corto de un par de años. No dicen cómo. No explican por qué. Declaran inoperante cualquier alternativa y la descartan de antemano. Son prestidigitadores, forjadores de espejismos, malos blacamenes vendedores de milagros. 

¿Qué propósito persiguen? Mejor harían prestando atención a la luz que nos viene del Este. A esos países que hace ya bastantes años emergieron de la sima del estatismo, aún no han visto la bonanza que también les predijeron. No se ha materializado la masiva irrupción de capitales. Sería como las peras del olmo, esperar tal generosidad de parte del engendro financiero, que solo busca mano de obra barata para esquilmar a los obreros. 

Pero mientras encaran  su nueva y escueta realidad, esos países barajan las mismas  alternativas que Cuba confrontará en su día. Una es la autogestionaria. Deberíamos nosotros apresurarnos a poner todas las cartas sobre la mesa. Antes de apostar, hay que analizar esa ilusión de la Gran Subasta, la gran venta liquidación de las empresas que en el papel son de los que las trabajan.  Si esa opción de venta al capitalismo extranjero se da, consideren quienes serán los dueños de las nuevas vacas gordas y sopesen sus consecuencias. 

Nuestros acreedores serán felices, se enriquecerán algunos promotores e intermediarios. Tal vez, ciertos socios menores harán o acrecentarán su fortuna. Y Cuba ¿qué?  Agotado el patrimonio nacional, vendidas al mejor postor el último residuo de riqueza, no será La Perla de Las Antillas un nuevo miembro del exclusivo club que debate la suerte de los excluidos. Será, como hoy y como antes, una factoría. Una inmensa e infeliz factoría, donde cuidarán los capataces a sueldo de los inversores extranjeros y los herederos de la nomenclaturas castristas, de que el cubano no importune y siga siendo siervo sumiso en su propia casa. Un siervo sin propiedad, dignidad ni esperanza. La autogestión puede impedir eso; por eso desde ahora hay que inculcar en la mente de cada trabajador cubano, de cada productor, que por ley él es dueño y copartícipe de la empresa o negocio en que se desempeña y que tiene que estar listo para comenzar a reclamar ese derecho que la da la ley, para que si hay cambios la empresa le sea entregada a sus productores (obreros técnicos y gerentes) para que la operen autogestionariamente sin entromisión del gobierno, ni de ningún partido político.

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