EDITORIAL

El próximo lunes se comienza a transmitir–por una semana– en vivo desde Cuba, el popular show de la televisión norteamericana “Today Show”. Casi todos los medios del exilio anticastrista se han opuesto a dicha transmisión y han alentado a sus oyentes y lectores a escribir a la televisora que lo transmite para que suspendan dichas emisiones. Nosotros vamos a desentonar una vez más de la mayoría. Pero no lo hacemos por el mero hecho de desentonar y lucir diferentes, sino por razones bien pensadas, que expondremos en este editorial, para que el lector inteligente medite.

No se puede negar que los representantes de la tiranía han jugado muy bien sus cartas. Una gigantesca campaña de promoción a nivel mundial y muy en especial dentro de los Estados Unidos, destinada a los círculos de poder y decisión, la prensa y el empresariado norteamericano, va rindiendo sus frutos. Crece la percepción de que en Cuba no pasa nada y de que la sucesión ha sido aceptada por el pueblo de Cuba, tranquilamente y en paz. Y para reforzar esa idílica imagen de un pueblo de carneros que marchan tranquilos y resignados hacia el matadero sin  ni siquiera balar, es que han llevado a La Habana las cámaras del “Today Show”.

A perpetuar esa falsa imagen–y hay que decirla aunque sea impopular esa verdad–han contribuido la mayoría de los líderes de la disidencia interna, que con muy pocas y honrosas exepciones, han permanecido inactivos y en sus casas, mientras se consolida la sucesión y el heredero del “emperador” afianza su poder.

Por eso, decimos que nuestra posición difiere de la adoptada por la mayoría del exilio. Bienvenido sea el “Today Show” a La Habana, para transmitir en vivo y en directo. Y vamos a explicar por que.

Es la GRAN OPORTUNIDAD que se le presenta a la disidencia interna de dejarse ver y sentir ante los millones de televiidentes que seguirán ese show. Es la hora de que los firmantes del publicitado, pero nada efectivo “documento unitario”, nos demuestren que están unidos para el propósito de combatir a la dictadura y no para tranqulizar a la disidencia mientras la sucesión gana tiempo para consolidarse.

Tienen cinco días para manifestarse frente a los periodistas norteamericanos. Hay que aparecerse al lugar en que se transmitirá el show, todos los días. En conjunto, separados, coordinados o cada grupo por su cuenta, pero tienen que hacer acto de presencia y de protesta pacífica para dejar constancia de que en Cuba hay una oposición activa que quiere el cambio y dice no a la sucesión dinástica. Nunca en los últimos años, se había presentado una ocasión dorada como esta, y dificilmente se presentará otra en el futuro inmediato. Hay que aguarles la fiesta. Que el mundo sepa que el pueblo de Cuba, no está tranquilo y contento con la sucesión.

¿Qué podría pasar si un gran número de las Damas de Blanco, acompañadas de representantes de los otros grupos opositores se personaran ante los productores del Show televisivo ? Lo que ocurra siempre será un triunfo para la oposición y un chasco para la tiranía. Si los reprimen y emprenden a golpes con ellos, delante de los periodistas y posiblemente de las cámaras, habrá una prueba irrefutable ante el mundo de la naturelza salvaje del régimen castrista. Si los detienen y los llevan a la cárcel, quedará ampliamente demostrada la naturaleza del régimen. Y si no les queda más remedio que dejarlos manifestarse, el mundo tendrá la imagen que no todo está tranquilo en Cuba y de que existe una oposición activa que no acepta seguir  viviendo en cadenas.

La oposición visible y pacífica tiene ante sí una oportunidad que no puede despreciar. Hay momentos en la vida, en que hay que echarlo todo por delante. Este es uno de esos momentos. O se consagran como los opositores que el pueblo y el exilio debe seguir y respaldar, o se resignan a quedarse en sus casas, esperando un  imponderable, que se produzca sin que ellos lo precipiten, en la vaga y vanidosa esperanza de que habrá que contar con ellos, sin que se hayan ganado ese privilegio. Y entonces habrá que reevaluar si merecen nuestro respaldo y nuestra ayuda.

Y  vemos un peligro más: La inactividad de la oposición pacífica ante esta coyuntura favorable a manifestarse públicamente ante  el mundo, puede abrir la puerta a una oposición surgente, que se podía convertir en insurgente, que ante la inactividad y el fracaso de la oposición pacífica, podría tomar su lugar y entonces  se correría el riesgo del baño de sangre, que esta actual disidencia tanto ha hecho por evitar.

    

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