EL ATREVIMIENTO

En la foto: Cristina Saralegui y Don Francisco

por Esteban Fernández

El talento y la perseverancia son dos factores muy importantes para llegar a obtener lo que uno desea. Sin embargo, hoy les voy a escribir de otra cosa que no se puede desechar por completo: El atrevimiento.

El atrevido llega o se estrella. Hay gente tan desenvuelta y caradura que nos obligan a hacernos constantemente la pregunta: “Y ¿Cómo fue que llegó a alcanzar fama y fortuna personal? Y no encuentra una respuesta adecuada. ¿Qué sé yo? dice todo el mundo.

Hubo una época en que yo veía el show de Cristina Saralegui y no pasaba un solo programa donde no me dijera: “Esta tipa ni baila, ni canta, ni recita, ni declama, ni está bonita, ni tiene una bella figura, ni es simpática, es más hasta me cae mal”.

Entonces ¿Qué tenía Cristina? Pues lo mismo que su mentor Don Francisco: Cantidades industriales de acometividad, y eso los catapulta a realizar faenas para las cuales no tienen ni un ápice de habilidad ni conocimientos.

Al mismo Fidel Castro siempre le hemos encontrados millones de defectos pero nadie pudo negarle su atrevimiento. Probado está que no fue guapo, y su mal llamada “carisma” siempre yo la he puesto en dudas. ¡Ni presidente de la FEU logró ser electo!

Atacar al Moncada, desembarcar en el Granma, y alzarse en la Sierra todas fueron ideas descabelladas sin la menor posibilidad de triunfo. Fueron simple y llanamente actos osados premiados con otro factor muy importante en la vida: la suerte. Todo eso unido a su falta total de escrúpulos lo llevaron al poder y a esclavizar a un país.

¿El gordo Raúl de Molina es un hombre bien parecido, dotado de conocimientos, locutor y animador profesional, con una dicción perfecta, voz de tenor, bailarín consumado? No, nada de eso, andaba correteando de un lugar para otro tirando fotos, disfrazado de “paparazo”, pero lleno de resolución y un saco enorme de audacia supo colarse en Univision y hacer un programa donde a todas luces no está capacitado para realizarlo, pero suple eso con una osadía que raya en monumental falta de respeto a todo el que se sienta frente al televisor a verlo.

En lo que a mí respecta, de joven era extremadamente penoso y medido, y al pasar los años me he convertido en una persona que piensa cada paso que da, y lo que es peor: que le recomienda a mis nietos precaución. Y me paso la vida tratando de evitarles que corran los menores peligros posibles.

Porque lo cierto es que he puesto ejemplos de gente que su intrepidez los llevó a cumplir el objetivo deseado, pero puedo contarles de cientos de casos donde los osados se han escachado rotundamente en el intento.

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